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Charlie Kirk: el asesinato que ha revelado la realidad del mundo en que vivimos

Ha pasado ya casi una semana desde que el asesinato de Charlie Kirk conmocionó al mundo entero y su figura, lejos de sumirse en el olvido, no deja de crecer con cada día que pasa.

Charlie Kirk en Nevada

Charlie Kirk en NevadaAFP.

Kirk había conseguido llevar su mensaje, sus argumentaciones, a muchos, especialmente jóvenes. Su trágica muerte ha hecho que sean muchos más quienes están estos días visionando los numerosos vídeos que recogen sus discusiones con todo tipo de personas… y lo que están viendo no les está dejando indiferentes. Están descubriendo que aquel que muchos tachan de peligroso fascista, aquejado de no sé cuántas fobias, era en realidad un tipo educado, respetuoso siempre, dispuesto a dialogar con cualquiera, capaz de argumentar sin levantar la voz y del que siempre se podía aprender. Los vídeos nos muestran a una persona modélica, la encarnación precisamente de lo que muchos progres presentan como el ideal democrático… con el problema de que Charlie Kirk no repetía los mantras woke sino que se atrevía a pensar y a señalar todas sus aporías. Por ello lo asesinaron.

La empresa a la que Charlie Kirk dedicó su vida es digna de admiración. Movido por un intenso amor a la Verdad, a Dios, a su país, a sus compatriotas, se le ocurrió la locura de plantarse en los tóxicos campus estadounidenses a debatir con quienquiera que se plantara ante él. Amó a los que rechazaban la verdad, a los que habían sido engañados por las mentiras de nuestra cultura y habían quedado atrapados en las redes de su corrupción moral. Aunque sólo estuvo un semestre en la universidad, Charlie derrotó a todos aquellos con quien debatió. ¿Cuál era su secreto? Estaba más enamorado de la Verdad que ellos, que se limitaban a repetir eslóganes políticamente correctos. Y si creen que exagero, dediquen una hora de su vida a ver sus vídeos y verán que es imposible no admirarlo o, como mínimo, respetarlo. Además, cuando parecía que todo estaba inventado, Kirk lanzó un nuevo modo de llegar sobre todo a los jóvenes, y no sólo eso, sino que fundó Turning Point USA, una nueva organización conservadora que no ha dejado de crecer. Como escribía Antonio O’Mullony en La Iberia, la de Charlie fue “una historia de coraje basada en decir la verdad allá donde casi todos mienten para seguir la corriente. En algo tan sencillo en apariencia como llegar a un campus, sentarse y rebatir las ideas repetidas por la mayoría”.

Y es que si algo ha quedado claro con el asesinato de Kirk es lo peligrosas y destructivas que son las ideologías que en las últimas décadas han sido hegemónicas y omnipresentes en el mundo académico.

Resulta muy significativo detenerse en las reacciones al asesinato de Kirk. Quienes más se llenan la boca alertando de la polarización y defendiendo el diálogo han expresado en muchos casos su alivio, cuando no alegría, por la muerte de quien no se cansaba nunca de dialogar (¡entre ellos el presidente de la Oxford Union, el club de debate más importante del mundo!). Porque en realidad cuando dicen “diálogo” quieren decir sumisión a la ideología woke, y Kirk les dejaba, día tras día, en evidencia.

Las reacciones de odio de quienes se alegran de la muerte de quien consideran (probablemente con razón) un peligroso adversario ha puesto de manifiesto la corrupción moral de una izquierda que ya no disimula su carácter de religión política y que deshumaniza a todo aquel infiel a la misma. Son los mismos que incendiaron las calles durante meses tras la muerte de George Floyd, en revelador contraste con la reacción que quienes compartíamos con Kirk una misma cosmovisión: en vez de arrasar con el mobiliario urbano, lo que se han organizado son vigilias de oración por Kirk y su familia a lo largo y ancho de los Estados Unidos. Una diferencia que explica muchas cosas.

Y es que si algo ha quedado claro con el asesinato de Kirk es lo peligrosas y destructivas que son las ideologías que en las últimas décadas han sido hegemónicas y omnipresentes en el mundo académico. Esto resulta evidente no sólo por las motivaciones “antifa” del asesino, sino por las reacciones tibias o de aprobación de un inquietante número de personas de la izquierda del espectro político.

Son muchos quienes, como J.D. Vance, movidos por este terrible asesinato, han expresado su decisión de hacer un esfuerzo por honrar a Charlie Kirk con sus vidas, por ser un poco más como él, mejores padres de familia, mejores ciudadanos, más valientes y comprometidos.

También ha sido bonito descubrir los numerosos testimonios de personas que explicaban cómo había impactado en sus vidas el haber podido conversar con Charlie Kirk. Algunos no habían cambiado de opinión pero explicaban el bien que les había hecho Kirk, otros, los más, reconocían que les había dado argumentos para cambiar de opinión, y han sido muchos quienes han dado testimonio de que Kirk fue clave para acercarse a Dios. Como escribía Esperanza Ruiz en La Gaceta, “del crimen vil de un hombre religioso, corajudo e inteligente han salido disparados en todas direcciones miles de sencillos testimonios de fe”.

Porque Charlie Kirk era un hombre de fe, un cristiano para el que Dios era el centro de su vida. Algo que no escondía ni disimulaba. Algo que había dado forma a su vida, que estaba también en el centro de su familia y que para nada limitaba su capacidad de raciocinio, bien al contrario. Una fe de la que ha dado un testimonio conmovedor Erika, su esposa, quien tras compartir su certeza de que Charlie está ya cara a cara con Jesús, su salvador, ha declarado también que lo que está en juego no es sólo una guerra política, sino una guerra espiritual, pues es en ese terreno donde nos jugamos nuestro futuro.

Son muchos quienes, como J.D. Vance, movidos por este terrible asesinato, han expresado su decisión de hacer un esfuerzo por honrar a Charlie Kirk con sus vidas, por ser un poco más como él, mejores padres de familia, mejores ciudadanos, más valientes y comprometidos. Enrique García-Máiquez escribía que “sus argumentos no han sido ni siquiera rozados por la bala”. Tiene toda la razón y su ejemplo nos emplaza a todos a salir de nuestra vida cómoda y dar la cara, a proclamar sin miedo la verdad, con respeto pero sin disimulo. Y sin embargo, ¡qué pérdida tan grande! Sí, sabemos que estamos de paso y que nadie es imprescindible, pero cuánto echaremos de menos a Charlie Kirk, sus argumentos, su valentía, su forma calmada de desarmar gigantes… Dios sabe más, pero Charlie deja un vacío que no será fácil llenar.

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