Michigan, tenemos un problema
Michigan se ha visto sacudida por sectores de apoyo abierto al antisemitismo que sueñan con la aniquilación de Israel.

Judíos en el mundo
En los últimos días hemos presenciado cómo una sinagoga en Michigan, que albergaba una guardería, estuvo a punto de ser escenario de una masacre; y cómo fueron atacadas sinagogas en Canadá, Bélgica, Noruega y Róterdam. Esto se suma a la masacre de judíos que celebraban Janucá en Bondi Beach y al atentado terrorista contra una sinagoga en Manchester durante Yom Kipur. Anteriormente, dos empleados de la embajada israelí fueron asesinados en Washington, D.C. Doce personas resultaron heridas por un cóctel molotov lanzado durante una manifestación para la liberación de rehenes en Boulder.
Estos ataques, y cientos de intentos en todo el mundo, son expresiones de algo muy difícil de asimilar: el crecimiento explosivo del antisemitismo como parte de la cultura política y cívica actual. Según un estudio reciente del Manhattan Institute, casi la mitad de los votantes republicanos menores de 50 años creen que el Holocausto no ocurrió. Una cuarta parte tiene opiniones antisemitas. Una encuesta realizada por la Universidad de Yale entre jóvenes estadounidenses reveló que los votantes jóvenes tenían el doble de probabilidades de afirmar que los judíos tenían un efecto negativo en Estados Unidos. Más del 40% de los jóvenes coincidieron con al menos una de las afirmaciones antisemitas que les leyeron los encuestadores. Los judíos están siendo de nuevo el chivo expiatorio de una ideología forjada por el antiamericanismo hace más de 50 años.
Volviendo al atentado en Michigan, el atacante, Ayman Mohamad Ghazali, estrelló su coche contra el Templo Israel armado y, según los informes, llevaba una gran cantidad de explosivos para masacrar judíos. Afortunadamente, su atrocidad fue interceptada por los guardias de seguridad. Nacido en Líbano, se nacionalizó estadounidense en 2016, aún cuando tenía fuertes lazos con una organización terrorista. Aunque intentó asesinar a un grupo de niños en una guardería, los medios e incluso el alcalde lo “justificaron” porque se dijo que miembros de su familia murieron en un ataque aéreo israelí. Intentaron disfrazar su ataque culpando a la víctima. La narrativa tuvo poco recorrido sólo porque rápidamente se supo que el hermano fallecido de Ghazali, Ibrahim Muhammad Ghazali, era un comandante de Hezbolá que dirigía operaciones de armamento desde las que se lanzaron cientos de cohetes contra civiles israelíes.
No obstante, el New York Times describió al terrorista de Michigan como un "tranquilo trabajador de un restaurante". Pero eso no es todo, a Emir Balat, uno de los terroristas que lanzaron bombas a una manifestación contra la islamización en la ciudad de Nueva York también recibió la indulgencia del medio, que lo describía así: “A los 13 años vendía zapatillas deportivas. A los 18, se enfrenta a cargos de terrorismo”. Los medios están humanizando al terrorismo islámico como antes lo hicieron con el terrorismo Antifa al romantizar al asesino de un director ejecutivo de una empresa de salud.
Michigan se ha visto sacudida por sectores de apoyo abierto al antisemitismo que sueñan con la aniquilación de Israel. Pero denunciar la cultura yihadista es arriesgado. Cuando en febrero de 2024, Steven Stalinsky escribía en The Wall Street Journal “Bienvenidos a Dearborn, la capital estadounidense de la yihad”, el artículo fue acusado de islamofobia, señalamiento que sirve para sofocar el debate público sobre el islamismo. Vale la pena rescatar algunos párrafos de aquella pieza con denuncias que, para ese entonces, ya eran un llamado de atención:
Miles de personas marchan en apoyo de Hamás, Hezbolá e Irán. Los manifestantes, muchos con kufiyas que les cubren el rostro, gritan «¡Intifada, intifada!», «Desde el río hasta el mar, Palestina será libre» y «Estados Unidos es un estado terrorista». Imanes locales pronuncian sermones antisemitas incendiarios. Esto no es Oriente Medio. Es Dearborn, un suburbio de Detroit, Michigan.
Casi inmediatamente después del 7 de octubre, y mucho antes de que Israel iniciara su ofensiva terrestre en Gaza, la gente celebraba los horribles sucesos de ese día en manifestaciones y marchas a favor de Hamás en todo Dearborn.
(...)
El imán Imran Salha, del Centro Islámico de Detroit en Dearborn, dijo a la multitud que las acciones pasadas de Israel habían encendido «un fuego en nuestros corazones que quemará a ese Estado» —Israel— «hasta su desaparición». En mayo de 2023, el Sr. Salha había instado a su congregación a decir «amén» en concordancia con su oración para que Alá «erradicara de la existencia» al «regímene sionista enfermo y repugnante». En octubre de 2022, según el Washington Free Beacon, su organización recibió 150.000 dólares en fondos del programa de subvenciones de seguridad sin fines de lucro del Departamento de Seguridad Nacional.
(...)
En otra manifestación, celebrada el 14 de octubre frente a la Biblioteca del Centenario Henry Ford, el imán Usama Abdulghani tampoco ocultó su apoyo a las acciones terroristas de Hamás. El erudito islámico chiíta, nacido en Estados Unidos y educado en Irán, calificó el 7 de octubre como «uno de los días de Dios» y un «milagro hecho realidad». Describió a los atacantes como «honorables» y afirmó que eran «leones» que defendían «a toda la nación del profeta Mahoma».
(...)
El apoyo al terrorismo en el sur de Michigan ha sido motivo de preocupación para los funcionarios antiterroristas estadounidenses desde hace tiempo. Un informe de la Policía Estatal de Michigan de 2001, presentado al Departamento de Justicia tras los atentados del 11 de septiembre, calificó a Dearborn como un importante centro de financiación y una zona de reclutamiento y posible base de apoyo para grupos terroristas internacionales, incluyendo posibles células durmientes. El informe señalaba que la mayoría de los 28 grupos terroristas identificados por el Departamento de Estado tenían presencia en Michigan. Muchos residentes actuales o antiguos de Dearborn han sido condenados por delitos relacionados con el terrorismo en los últimos años.
(...)
Ahmad Musa Jibril es quizás el jeque yihadista angloparlante más influyente. Desde su casa en Dearborn, promueve la guerra santa entre sus decenas de miles de seguidores en Twitter y Telegram. El 7 de octubre, día en que Hamás masacró a 1200 israelíes y tomó a casi 200 como rehenes, una cuenta de Twitter con su nombre retuiteó una publicación que decía: «Los corazones no se habían rebosado de alegría así en mucho tiempo».
Lo ocurrido en Michigan es el ejemplo más claro de la cultura cobarde que ha imperado en Occidente tras el 7 de octubre. La yihad en Estados Unidos se ha convertido en algo cotidiano. La propaganda antisemita (de la izquierda y la derecha woke) no siempre implica acciones terroristas, pero siempre es un caldo de cultivo para el terrorismo.
Lo que está ocurriendo es un asunto de seguridad nacional. Los últimos atentados deben funcionar como el canario en la mina. Si los ciudadanos norteamericanos no quieren vivir regidos por la ley y la moral yihadista, deberían empezar por reconocerlo. Hay demasiado en juego.