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El problema del extremismo musulmán en España: Sánchez y su extrema izquierda

La reacción del Gobierno español a la operación estadounidense-israelí revela hasta qué punto la sombra de los ayatolás -y de sus aliados bolivarianos- se ha extendido hasta el corazón de la alianza occidental.

Manifestantes en Barcelona sostienen imágenes de Sánchez y Alí Jamenei

Manifestantes en Barcelona sostienen imágenes de Sánchez y Alí JameneiZUMAPRESS.com/Cordon Press.

El mapa geopolítico de Oriente Próximo cambió en cuestión de horas cuando Estados Unidos e Israel lanzaron su operación conjunta contra el régimen iraní este mes. Los dirigentes iraníes, objetivos estratégicos, centros de mando del Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica, lanzaderas de misiles balísticos e instalaciones nucleares han sido blanco de ataques coordinados destinados a desmantelar la maquinaria terrorista de Teherán.

Sin embargo, ha habido obstáculos inesperados, no en Teherán, sino en Madrid. El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, se negó rotundamente a autorizar el uso del espacio aéreo español o las bases conjuntas de Rota y Morón a las fuerzas estadounidenses. Durante décadas, estas instalaciones han sido centros logísticos vitales para las operaciones militares de EEUU en el Mediterráneo y Oriente Próximo. Esta vez, Madrid ha dicho que no.

El presidente Donald Trump reaccionó con furia, advirtiendo de graves consecuencias económicas para el aliado de la OTAN que decidiera obstruir una operación crítica contra uno de los regímenes más peligrosos del mundo. El mensaje de la Casa Blanca fue contundente: cuando Estados Unidos se enfrenta a un régimen abiertamente dedicado a la destrucción de Estados Unidos y responsable de décadas de terrorismo, la neutralidad no es neutralidad: es una elección política que ayuda al enemigo.

La negativa de España no fue un incidente aislado. Fue el clímax lógico de una larga trayectoria ideológica que ha convertido al Gobierno de Sánchez en uno de los más hostiles a Israel en Europa.

La creciente hostilidad de Madrid hacia Israel

Bajo el mandato de Sánchez, España ha acusado repetidamente a Israel de dar una respuesta "desproporcionada" e incluso "genocida" a Hamás mientras guardaba un notable silencio sobre el papel central de Irán en el armamento y la dirección de este grupo terrorista. España también ha defendido iniciativas diplomáticas para aislar a Israel internacionalmente, ha tolerado y a veces se ha hecho eco de la retórica del BDS (boicot, desinversión y sanciones), y ha difuminado la línea entre la crítica política y la hostilidad abierta hacia el Estado judío. Funcionarios israelíes han advertido en repetidas ocasiones de que el lenguaje de Madrid refleja ahora narrativas promovidas no por socios democráticos, sino por regímenes que piden abiertamente la eliminación de Israel.

La hostilidad alcanzó un nuevo mínimo en septiembre de 2025, cuando Sánchez anunció un embargo total de armas contra Israel -prohibiendo todas las exportaciones e importaciones de material de defensa y tecnología de doble uso- y prohibió que los barcos o aviones que transporten combustible o material militar con destino a Israel utilicen los puertos o el espacio aéreo españoles. En el mismo discurso, lamentó abiertamente las limitaciones militares de su país: "España, como saben, no tiene bombas nucleares... Nosotros solos no podemos detener la ofensiva israelí". Algunos críticos interpretaron, con razón, el comentario como una escalofriante admisión de que si España tuviera bombas nucleares, las habría utilizado contra Israel. Que un jefe de Gobierno europeo profiera semejante amenaza contra la única democracia de Oriente Próximo dice mucho de la podredumbre moral en el corazón de su Administración.

"En partes de la izquierda radical europea, Israel ya no es simplemente criticado: es retratado como una entidad ilegítima, colonial y genocida".

La coalición que mantiene a Sánchez en el poder

La postura del mandatario español no es casual, sino que deriva directamente de la frágil coalición que apuntala a su gobernante Partido Socialista. Para mantenerse en el cargo, depende del aún más izquierdista Podemos, un partido nacido del activismo radical cuyos fundadores llevan tiempo enredados en problemáticas redes financieras vinculadas a regímenes hostiles a Occidente, en particular la Venezuela de Hugo Chávez y Nicolás Maduro.

La conexión con Venezuela: CEPS, los millones de Chávez y el proyecto bolivariano en Europa

El epicentro de los vínculos entre Podemos y Venezuela es el Centro de Estudios Políticos y Sociales (CEPS), organización en la que fundadores de Podemos -Pablo Iglesias (responsable de análisis estratégico), Juan Carlos Monedero, Íñigo Errejón y otros- trabajaron durante años. El CEPS asesoró abiertamente a Gobiernos latinoamericanos de izquierda, incluida la Venezuela chavista.

Según registros oficiales del Ministerio de Cultura español (Registro de fundaciones), el CEPS recibió al menos 3,7 millones de euros del Ejecutivo venezolano entre 2002 y 2012; en determinados años, más del 80% de sus ingresos anuales. Informes de investigación y documentos filtrados (incluido uno firmado por el ministro venezolano de Finanzas, Rafael Isea, en 2008) elevan el total a 7,16 millones de euros entre 2003 y 2011, destinados a "servicios de asesoramiento", análisis de políticas y -fundamentalmente- a la promoción del movimiento bolivariano en España y Europa.

Un ex alto cargo venezolano que coopera con la DEA estadounidense ha confirmado que Caracas y Teherán coordinaron esfuerzos para financiar fuerzas emergentes de la izquierda radical en Europa, con Podemos como objetivo principal. El propósito: debilitar las alianzas occidentales desde dentro alimentando voces antiestadounidenses y antiisraelíes.

También se han denunciado pagos directos a particulares. Las investigaciones de la UDEF revelaron 272.325 dólares supuestamente pagados a Pablo Iglesias en 2014 a través de una cuenta en un paraíso fiscal en las Granadinas vinculada al régimen venezolano (aunque estas reclamaciones dieron lugar a una sentencia del Tribunal Supremo de 2025 contra OkDiario por difamación, los patrones financieros subyacentes a través de CEPS siguen siendo indiscutible). Otros fundadores como Carolina Bescansa, Jorge Lago y Ariel Jerez habrían recibido 142.000 dólares a través de subcontratos vinculados a la empresa estatal venezolana de petróleo y gas.

CEPS cesó discretamente sus operaciones en 2016 en medio de un creciente escrutinio. Podemos ha negado sistemáticamente cualquier financiación ilícita, enmarcando los pagos como honorarios legítimos de consultoría para trabajos académicos y de asesoramiento. Sin embargo, la escala, el momento (alcanzando su punto álgido justo antes del lanzamiento de Podemos en 2014) y los beneficiarios plantean preguntas inevitables: ¿fue esto un mero intercambio intelectual o capital inicial para un proyecto político diseñado para hacerse eco de la retórica antiimperialista venezolana en el corazón de la Unión Europea?

El vínculo venezolano no se encontraba aislado: se cruzó directamente con la red iraní, formando un eje Caracas-Teherán que canalizó recursos hacia el mismo ecosistema.

La profunda penetración iraní: HispanTV, millones en efectivo y una maquinaria de propaganda

La conexión iraní es estructural y está documentada por múltiples investigaciones policiales. El vector central fue HispanTV, el canal de propaganda en español creado y financiado íntegramente por el régimen de Irán para difundir su narrativa por España y Latinoamérica. El empresario iraní a cargo de sus operaciones en España, Mahmud Alizadeh Azimi, también controlaba la productora 360 Global Media (posteriormente rebautizada como Ziba Talents).

Según los informes de la UDEF y el Sepblac (2013-2020), solo entre 2012 y 2015 9,3 millones de euros en moneda iraní fueron inyectados a 360 Global Media a través de 16 empresas pantalla sospechosas de blanqueo de capitales. Los fondos llegaron a través de 67 transferencias sospechosas, en su mayoría enrutadas a través de Emirates NBD en Dubai y otras jurisdicciones opacas para eludir las sanciones. Fuentes policiales estimaron que el 25% de ese efectivo iraní -2,4 millones de euros, es decir, entre 600.000 y 700.000 euros anuales- se desvió a la "red de comunicación audiovisual" de Podemos: pagos directos a Pablo Iglesias, sus colaboradores más cercanos y las productoras que controlaban (Producciones CMI, La Barraca Producciones, etc.).

El propio Iglesias presentaba y dirigía el programa estrella de HispanTV, Fort Apache. Cifras oficiales de la policía revelan que 93.000 euros netos le fueron pagados personalmente entre 2013 y 2015 a través de 23 transferencias distintas desde la empresa vinculada a Irán. Más condenatorio aún: en febrero de 2025, nuevos documentos judiciales revelaron que el fundador de Podemos siguió facturando al mismo productor iraní en 2016 -12.600 euros en seis pagos entre febrero y julio- cuando ya era diputado en el Congreso de los Diputados. El mecanismo era tan sencillo como eficaz: facturas infladas por "servicios de producción" que permitían a Teherán canalizar dinero discretamente hacia sus aliados políticos europeos.

Un ex alto cargo chavista, que ahora coopera con la DEA, confirmó el esquema: Irán y Venezuela acordaron explícitamente utilizar HispanTV para financiar a las fuerzas emergentes de la izquierda radical en Europa, con Podemos como principal beneficiario. El objetivo era claramente desestabilizar las alianzas occidentales desde dentro.

El partido español siempre ha negado cualquier irregularidad, calificando las revelaciones de "difamaciones políticamente motivadas" por parte de la derecha. Sin embargo, ningún tribunal ha exculpado nunca a la formación de estos flujos financieros masivos. El patrón se mantiene: millones de euros del régimen iraní -y flujos paralelos del venezolano- aterrizaron precisamente en los bolsillos y las productoras de los hombres que fundaron Podemos y que luego se convirtieron en los señores del Gobierno de Sánchez.

De la ideología a la política exterior

Cuando Sánchez formó su coalición, las posiciones antioccidentales y antiisraelíes habían pasado de los márgenes al corazón de la política gubernamental. España ahora enmarca su postura como multilateralismo de principios al tiempo que muestra una indignación selectiva: furibunda condena a la autodefensa de Israel, llamativa indulgencia hacia el régimen iraní del que recibe fondos y silencio sobre la derruida dictadura venezolana. La negativa a permitir que las fuerzas estadounidenses utilicen bases españolas durante la operación contra Irán no fue, por tanto, una sorpresa repentina. Fue el resultado predecible de años de captura ideológica y financiera.

Cuando el antisionismo se convierte en otra cosa

En algunos sectores de la izquierda radical europea ya no sólo se critica a Israel, sino que se le presenta como una entidad ilegítima, colonial y genocida. Dentro de esta visión del mundo, los llamamientos explícitos de Teherán a la destrucción de Israel fueron minimizados como mera retórica. El comentario nuclear de Sánchez ilustra perfectamente cómo el antisionismo puede deslizarse hacia algo mucho más oscuro: la fantasía abierta de poseer armas de destrucción masiva para coaccionar al Estado judío. Cuando un primer ministro de la OTAN lamenta públicamente no tener bombas atómicas para "detener la ofensiva israelí", se le cae la máscara. Lo que queda no es diplomacia, sino un peligroso alineamiento con el campo eliminacionista.

Una cuestión estratégica para la alianza occidental

Nada de esto prueba la corrupción directa dentro del círculo íntimo de Sánchez, pero es imposible de ignorar la convergencia de simpatías ideológicas, millones que fluyen de Teherán y Caracas hacia sus socios de coalición, y decisiones políticas concretas que socavan a Occidente. Un Gobierno europeo que bloquea una operación vital contra Irán mientras mantiene alianzas con movimientos históricamente ligados a las redes de influencia iraníes y venezolanas se ha situado fuera del consenso democrático.

Para el presidente Trump, esto es inaceptable. Para Israel, es alarmante. Para Europa, plantea una cuestión existencial: ¿hasta qué punto han penetrado los tentáculos ideológicos y financieros de Teherán y Caracas en la clase política del continente?

La decisión de España es más que una disputa diplomática: revela en qué medida la sombra de los ayatolás -y de sus aliados bolivarianos- se extiende ahora hasta el corazón de la alianza occidental.

Cuando un miembro de la OTAN obstruye una medida contra un régimen que ha jurado la destrucción de Israel, la cuestión ya no es si existe dicha influencia. La cuestión es hasta dónde llega, cuánto daño ha hecho ya y cuánto está planeando hacer.

Por último, asustado ante la perspectiva de las represalias prometidas por el presidente Trump, en particular en lo que se refiere a la amenaza arancelaria, el Gobierno de Sánchez ha abandonado temporalmente la postura ideológica en favor de una forma provisional de racionalidad: el espacio aéreo español vuelve a estar abierto a las fuerzas estadounidenses -aunque tarde y, para tomar prestadas las palabras del presidente Trump al primer ministro Starmer, "después de que ya hayamos ganado"-.

Pierre Rehov, nacido en Argel en 1952, es un reportero, novelista y documentalista franco-israelí.

© Gatestone Institute

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