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Duro revés para Milei: la derrota en la provincia de Buenos Aires, un llamado a reflexionar

Esta derrota en las elecciones legislativas de una provincia clave revela fallas estructurales en el proyecto de Milei que, si no se corrigen, podrían dilapidar lo que muchos ven como la última oportunidad para que Argentina escape de décadas de declive populista.

El presidente argentino Javier Milei

El presidente argentino Javier MileiArgentinian Presidency / AFP

En las elecciones legislativas celebradas el 7 de septiembre de 2025 en la provincia de Buenos Aires, Argentina, los votantes renovaron 46 bancas de diputados provinciales, 23 de senadores y concejales en 135 municipios. Resulta difícil no nacionalizar estos comicios, ya que esta provincia, que representa el 37% del padrón electoral nacional con más de 13 millones de habilitados para votar, es el distrito más poblado y económicamente influyente del país, un bastión histórico del peronismo —el movimiento político fundado por Juan Domingo Perón en la década de 1940, caracterizado por su énfasis en el intervencionismo estatal, el populismo y una fuerte red de clientelismo—. 

Estas elecciones eran cruciales porque funcionaban como un plebiscito sobre la gestión del presidente Javier Milei, un economista libertario que con La Libertad Avanza (LLA) -su partido político- asumió en diciembre de 2023 prometiendo desmantelar la "casta política" corrupta y aplicar lo que calificó como “motosierra”, un importante ajuste para combatir la inflación crónica y el estancamiento económico de Argentina. 

Un mal resultado aquí podría erosionar su gobernabilidad de cara a las elecciones nacionales de medio término en octubre de 2025, donde se renovará parte del Congreso federal. Milei, quien en las presidenciales de 2023 sorprendió al ganar en esta misma provincia con el 52,54% de los votos en el balotaje contra el peronista Sergio Massa (47,46%), se alió esta vez con el PRO, el partido del expresidente Mauricio Macri, para intentar repetir el éxito. Pero no funcionó.

Los resultados fueron un revés contundente: con el 98,96% de las mesas escrutadas, la alianza peronista Fuerza Patria —liderada por el gobernador socialista Axel Kicillof— obtuvo el 47,28% de los votos, mientras que La Libertad Avanza (LLA) de Milei se quedó con el 33,71%, una pérdida de casi 19 puntos porcentuales respecto a su desempeño presidencial en la provincia. Milei reconoció la clara derrota y prometió redoblar esfuerzos, pero el golpe resuena en los mercados y en su base de apoyo. Fuentes como La Nación e Infobae de Argentina confirman estos números, destacando cómo el peronismo ganó en 99 de 135 distritos y en seis de ocho secciones electorales.

Los errores de LLA

Más allá de los números, esta derrota revela fallas estructurales en el proyecto de Milei que, si no se corrigen, podrían dilapidar lo que muchos ven como la última oportunidad para que Argentina escape de décadas de declive populista y se convierta en un país normal, con instituciones estables y crecimiento sostenido. Desarmar la bomba económica y social dejada por la corriente kirchnerista del peronismo —el ala más izquierdista y clientelista, liderada por la expresidenta Cristina Fernández de Kirchner— es una tarea titánica, y Milei lo advirtió desde el principio: el camino sería complejo y doloroso, con impactos en jubilaciones, salarios y subsidios, porque implica sincerar una economía distorsionada donde lo gratis se pagaba con pobreza, hambre e inflación galopante

Y hay que reconocerle a Milei logros significativos: detuvo una hiperinflación inminente, logrando la tasa más baja en cinco años (2,4% en febrero de 2025), eliminó los cortes de calles habituales orquestados por gerentes de la pobreza disfrazados de organizaciones sociales, y empezó a desmantelar los negocios de sindicalistas mafiosos que durante décadas saquearon el país. Es un presidente valiente que sabe lo que hace en términos económicos y se posiciona del lado correcto a nivel geopolítico con sus estrechas alianzas con Estados Unidos e Israel, pero eso no quita los errores que debe corregir urgentemente.

Hubo un exceso de confianza por los logros del Gobierno, pero la comunicación falló en casos sensibles.Leandro Fleischer

El primer error fue permitir que La Libertad Avanza se llenara de legisladores y figuras que no comulgan con sus ideas libertarias, muchos de ellos peronistas o políticos de la vieja casta que Milei tanto critica. Esto comenzó desde arriba, con la vicepresidenta Victoria Villarruel, quien ha sido criticada desde el mileísmo por su cercanía a símbolos peronistas, como la foto que publicó en octubre de 2024 con Isabel Martínez de Perón (última esposa del tirano argentino) en el Día de la Lealtad Peronista durante una reunión en Madrid, España, su rol como presidenta del Senado en la polémica suba de sueldos de los senadores en pleno ajuste, e incluso criticar públicamente algunos recortes, etc. Su único punto en común parece ser el anticomunismo, pero las tensiones entre ambos eran predecibles y han derivado en peleas públicas que desgastan al Gobierno.

Restar importancia a esto, argumentando que lo importante es Milei y su plan económico, fue un grave error: estos oportunistas usan el partido para acceder al poder y luego traicionan las ideas fundacionales, votando por políticas populistas que perpetúan el despilfarro y oponiéndose a medidas dolorosas pero necesarias propuestas por el presidente.

Las consecuencias de admitir a estos infiltrados a las apuradas —solo por su popularidad o para sumar votos— se manifestaron en una lucha interna descarnada. Legisladores formaron bloques propios, y el sistema político argentino, con su complejidad y necesidad de alianzas, exacerbó el descontrol. Sí, el argumento de que el sistema es una porquería que obliga a hacer pactos con demasiados diablos es válido, pero el resultado de hacerlo a las apuradas son peleas infantiles y circenses que cansan a los votantes y diluyen el mensaje anticasta.

En el armado de las listas de candidatos para estas elecciones, la hermana del presidente, Karina Milei —secretaria general de la Presidencia—, junto con Sebastián Pareja, presidente de LLA en la provincia, priorizaron nombres de la vieja guardia política, dejando afuera a jóvenes influencers y activistas digitales que habían apoyado la campaña desde sus principios, respaldados por Santiago Caputo, un estratega cercano a Milei. Esto generó más fricciones internas.

Peor aún, Karina Milei ha acumulado tanto poder que decisiones como la expulsión de Ramiro Marra —una figura popular y carismática de LLA— por desacuerdos personales con ella, mientras tiene como mano derecha a una ¿ex?kirchnerista como Pilar Ramírez, han debilitado al movimiento. Marra era visto como un pilar, pero su salida resaltó cómo el éxito inicial de Milei se debía más a su carisma y propuestas disruptivas, tras el desastroso Gobierno de Alberto Fernández y Cristina Fernández de Kirchner, que al armado político de su hermana. Confiar ciegamente en familiares puede ser humano y es importante, pero en política es necesario tener más cosas en cuenta.

Exceso de confianza

Incluso la alianza con el PRO no bastó para contrarrestar estos problemas. Hubo un exceso de confianza por los logros del Gobierno, pero la comunicación falló en casos sensibles. Las acusaciones de corrupción contra Karina por supuestos sobornos en compras de medicamentos para discapacitados, junto con quejas por recortes en fondos para discapacidad y el hospital infantil Garrahan, fueron amplificadas por una campaña mediática opositora que apeló a la sensibilidad emocional. Aunque estos escándalos podrían ser operaciones políticas —y los recortes buscan eliminar despilfarro populista—, no se explicaron bien al público. En una provincia con altos índices de pobreza, las necesarias medidas económicas golpearon duro, y la falta de un mensaje claro amplificó el descontento.

Otro golpe a la imagen de Milei fue el caso $LIBRA, donde torpemente promovió en febrero de 2025 una criptomoneda que resultó ser una estafa masiva, generando investigaciones judiciales en Argentina y Estados Unidos por posible asociación ilícita. Este fue el comienzo del desgaste de su imagen. 

También se ha criticado que Milei se peleó con muchos de sus aliados, otras fuerzas políticas que apoyaban algunas de sus medidas, quizá por un exceso de confianza. Esto podría ser cierto en algún caso, pero lo cierto es que uno no sabe que hay detrás de las negociaciones, y seguramente muchos de esos miembros de la casta política imponían condiciones que iban en gran medida contra el plan del Gobierno para enderezar el país.

No hay que subestimar al peronismo

Finalmente, no se debe subestimar el aparato peronista en la provincia de Buenos Aires: está bien aceitado por décadas de populismo cortoplacista que entrega beneficios inmediatos hasta que se acaba el dinero, momento en que quizá pierden el poder transitoriamente y luego ponen palos en la rueda para regresar.

Son astutos y organizados; la mafia peronista no está dispuesta a ceder, ni siquiera con la expresidenta Cristina Fernández de Kirchner cumpliendo una sentencia de seis años por corrupción en prisión domiciliaria desde junio de 2025. Por eso, el manejo de la comunicación es clave, y en eso se está fallando: en lugar de explicar con empatía los sacrificios necesarios y brindar las aclaraciones necesarias sobre los escándalos, el Gobierno deja que la oposición dicte la narrativa. 

Peor aún, están convirtiendo a Milei en una figura al estilo de Perón —un líder carismático idolatrado—, lo que hay que evitar a toda costa si el objetivo es un país normal, no un culto personalista. En La Libertad Avanza ya se forman varias corrientes que actúan en nombre de Milei sin entender ni interesarse en las políticas liberales, similar a cómo el peronismo se ramificó en facciones que invocan al difunto tirano solo para mantener el poder. Esto es peligroso: podría transformar LLA en un nuevo peronismo, perpetuando el ciclo de populismo en lugar de romperlo.

El Gobierno de Milei es, efectivamente, la última oportunidad para que Argentina tenga un país normal. Con Milei solo no alcanza; hay que depurar el partido, elegir aliados con cuidado, comunicar mejor las reformas y evitar el culto a la personalidad sin dejar de valorar y admirar su figura. Si no, el peronismo volverá, y con él, el ciclo vicioso de crisis. Es imprescindible que Milei no deje pasar esta oportunidad: es la última.

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