Chris Martin y el antisemitismo ‘involuntario’ de ‘buenas intenciones’
El cantante de Coldplay protagonizó un vergonzoso episodio cuando invitó a dos jóvenes israelíes al escenario. Su repugnante actitud, disfrazada de ‘amor y paz’, refleja la peor cara de la hipocresía y cobardía progresista.

Chris Martin, cantante de Coldplay
Chris Martin, el cantante de Coldplay, ha demostrado que su talento para cantar no se traduce en lucidez intelectual. En un reciente concierto en el estadio de Wembley, Londres —la capital de un Reino Unido cada vez más cooptado por islamistas y progresistas radicales—, Martin protagonizó un episodio que dejó en evidencia su ignorancia, su cobardía y un antisemitismo involuntario que, aunque él lo vista de buenas intenciones, resulta repugnante.
Todo comenzó cuando invitó a dos jóvenes al escenario. Las chicas revelaron que eran de Israel. Y ahí, en ese momento, Martin se desmoronó. Frente a los abucheos de una parte del público, el cantante de pocas luces (prefiere dejarlas en el escenario) empezó a balbucear, tartamudear y tropezar con sus propias palabras, como si la simple mención de Israel lo hubiera puesto al borde de un colapso nervioso. ¿Qué tenía de complicado? Eran dos jóvenes, seres humanos, probablemente sin ninguna conexión directa con las políticas de un gobierno. Pero para Martin, la nacionalidad de estas chicas era un campo minado.
La deshumanización de los judíos
En un intento patético de desenredarse de un nudo que él se hizo solo, Martin soltó una perla que resume su combinación de ignorancia y condescendencia: "Estoy muy agradecido de que estén aquí como seres humanos (¿?). Las tratamos como iguales en la Tierra (¿?), sin importar de dónde vienen. Gracias por estar aquí, estamos agradecidos. Y gracias por ser cariñosas y amables". ¡Qué generosidad la de Martin! Qué nobleza la suya al reconocer que estas israelíes —¡oh, sorpresa!— son humanas y no bestias salvajes listas para atacarlo en el escenario. Qué alivio, ¿no?
Aparentemente sin darse cuenta (no se le puede pedir demasiado) insinuó que hay que agradecerles a estas jóvenes por no sacar las garras y comportarse como seres civilizados. Un verdadero caballero del progresismo.
¿Con quién busca congraciarse Martin?
No contento con eso, Martin decidió doblar la apuesta con una declaración aún más torpe: "Aunque quizá sea polémico, quiero dar la bienvenida también a las personas de Palestina que están en el público, porque creo que todos somos igualmente humanos". ¡Menos mal que lo aclaró! Porque, al parecer, sin su intervención, uno podría pensar que los israelíes no son tan humanos como los demás. Y cuando habla de "personas de Palestina", ¿a quiénes se refiere exactamente? ¿A aquellos que apoyan el genocidio de judíos, que celebran las atrocidades del 7 de Octubre, con sus violaciones, decapitaciones y familias masacradas solo por ser judías o estar en el Estado judío? ¿A esa secta de muerte que oprime a las mujeres, asesina a homosexuales y persigue a los infieles? Espero que no, pero con Martin nunca se sabe. Su compromiso progre parece más interesado en ganar aplausos que en entender la realidad.
Martin es una basura hipócrita que alimenta el odio y perpetúa la guerra, no la paz. Con su ignorancia y su cobardía, no es parte de la solución; es parte del problema.
Las jóvenes israelíes, según comentó una de ellas tras el concierto, sintieron miedo de revelar su origen. Y con razón: enfrentaron abucheos y la incomodidad de un cantante que, en lugar de callarse o simplemente desear la paz, prefirió ceder a la presión de los idiotas del público. Martin podría haberse limitado a un mensaje neutral, algo como "esperemos que haya paz para todos". Pero no. Optó por una diatriba que, en su afán de quedar bien con todos, terminó deshumanizando a las israelíes y buscando una revancha con su público palestino y propalestino. Este no es un gesto de paz; es una actitud violenta, que perpetúa el conflicto al validar a los extremistas.
Pensemos en los jóvenes asesinados en el festival Nova el 7 de Octubre. Eran amantes de la música, pacifistas, convencidos de que extender la mano a los miembros de esa secta de muerte era un gesto de humanidad. Pero esa secta no ve ese gesto como una oportunidad, sino como una debilidad. A Martin mismo lo habrían masacrado sin dudarlo. Sin embargo, eso no parece importarle. Lo que importa es la imagen y el aplauso fácil de los imbéciles.
Opinión
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Leandro Fleischer
¿Abanderado del amor y la paz?
Martin juega a ser apolítico, un abanderado del amor y la paz, pero su postura es profundamente política. Y ya sabemos de qué lado está. Su hipocresía es tan evidente como su cobardía. Esto no habría pasado con ninguna otra nacionalidad. ¿Se habría puesto a dudar de la humanidad de alguien de Francia, Brasil o Japón? Lo dudo. ¿Y si las chicas hubieran sido palestinas? Probablemente Martin habría organizado una fiesta en el escenario, sin mencionar a los israelíes ni cuestionar la humanidad de los palestinos. Pero con Israel, siempre hay un doble estándar.
Los israelíes y los judíos no quieren esconderse. Quieren ser tratados como seres humanos normales, sin que un cantante con ínfulas de mesías los deshumanice para quedar bien con un público de extremistas descerebrados. Este antisemitismo, sea involuntario o no, nunca puede ser bienintencionado. Martin es una basura hipócrita que alimenta el odio y perpetúa la guerra, no la paz. Con su ignorancia y su cobardía, no es parte de la solución; es parte del problema. Y, lamentablemente, no es el único.
Was a disgraceful moment from Chris Martin which just summarises the warped minds of those that are fed by the media and elites.
— Rikki Doolan (@realrikkidoolan) September 2, 2025
He dehumanised and alienated two fans in front of thousands because of their Israeli nationality.
Blind Anti-Semitism.
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