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Cómo Estados Unidos puede ayudar a Ecuador a derrotar el narcoterrorismo

Las pandillas que atacan a Ecuador trabajan en conjunto con los cárteles mexicanos y colombianos, los cuales envían tanto drogas como a criminales a través de nuestra frontera sur.

Un policía durante una redada en un barrio de Guayaquil, este 8 de mayo. (Foto por Gerardo MENOSCAL / AFP)

Un policía durante una redada en un barrio de Guayaquil, el 8 de mayo (Gerardo Menoscal / AFP)

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La semana pasada, un taxi y dos motos llegaron a un bar en la ciudad de Chanduy, Ecuador. Los clientes del bar estaban celebrando un cumpleaños; las personas que llegaron en los motorizados, estaban ahí por otra razón muy diferente. Cuando se marcharon del bar, cinco hombres y tres mujeres habían sido asesinados a tiros inescrupulosamente.

Esta tragedia es sólo un ejemplo más de la grave ola de violencia por parte de pandillas que afronta actualmente Ecuador. El año pasado, esa ola resultó en que el país alcanzara de aproximadamente 4.400 homicidios a 7.600. A principios de este año, el mundo vio con horror cómo un grupo de pandilleros se tomaron una estación de televisión en Ecuador en plena transmisión en vivo. Desde entonces, en Ecuador han ocurrido alrededor de 2.000 homicidios más.

El Gobierno ecuatoriano está haciendo todo lo que está a su alcance para detener el caos actual. El presidente Daniel Noboa ha declarado dos estados de emergencia desde enero y un reciente referéndum electoral en abril le otorgó poderes adicionales para desplegar tropas militares para enfrentar a las pandillas. Sin embargo, Noboa no tiene por qué enfrentar esto solo. EE.UU. y la comunidad internacional pueden y deben ofrecer su apoyo a Ecuador.

La razón es simple: la ubicación central y el tamaño de Ecuador hacen que tanto su seguridad como su estabilidad sean críticas para nuestro hemisferio. Si la situación de Ecuador se deteriora, todos en nuestra región sufriremos las consecuencias. El impacto se sentiría incluso en EE.UU., porque las pandillas que atacan a Ecuador trabajan en conjunto con los cárteles mexicanos y colombianos los cuales envían tanto drogas como a criminales a través de nuestra frontera sur. Cuanto más poderosos se vuelvan, más daños podrán causarle a los norteamericanos.

Gracias al trabajo bipartidista, el senado de EE.UU. presentó una legislación para ampliar la cooperación con Ecuador en temas de interés mutuo, incluyendo la lucha contra el crimen. También debemos seguir los tres siguientes pasos; actualizar el tratado de extradición de EE.UU. con Ecuador, asignar más fondos a la Oficina para Asuntos Internacionales de Narcóticos y Aplicación de la Ley (INL, por sus siglas en inglés) para ayudar a Ecuador, y exigir que el Departamento de Defensa de EE.UU. ayude a reconstruir el ejército ecuatoriano, el cual se ha deteriorado tras años de recortes realizados por la izquierda. Estoy presentando nuevos proyectos legislativos para lograr estos tres objetivos.

Mientras tanto, insto al Departamento de Estado a trabajar con la OEA bajo la potestad de la Carta Democrática Interamericana para forjar una respuesta internacional y regional para poder afrontar la situación de Ecuador. La violencia que representan tanto las pandillas como el narcoterrorismo, en cualquier país, es una amenaza para la democracia y el estado de derecho en toda nuestra región. Todos tenemos interés en desarticular las redes criminales que circulan en nuestro hemisferio.

Finalmente, la Administración Biden debe tratar con más firmeza aquellos gobiernos que empoderan a las pandillas ecuatorianas, ya sea directa o indirectamente. Esto significa dejar de apaciguar al narcorégimen ilegítimo de Venezuela, el cual le brinda refugio a grupos terroristas que ahora se expanden a Ecuador. También significa presionar al presidente colombiano Gustavo Petro, cuyo fallido plan de “Paz Total”, ha empoderado a terroristas y traficantes de cocaína en áreas cercanas a la frontera norte de Ecuador.

Todo estos pasos son sencillos al final de cuenta. Tenemos mucho que perder si Ecuador está dividido por asesinos y narcotraficantes. Y tenemos mucho que ganar si Ecuador sigue siendo seguro, estable y libre de corrupción y narcotráfico. Hacer lo que podamos para asegurar y respaldar a Ecuador, es parte de una diplomacia de sentido común.

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