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No se dejen engañar por la falsa moderación de AOC y Mamdani

La 'gran carpa' de los demócratas incluye antisemitas, algunos de los cuales planean ser sus líderes. A diferencia de los que odian a Israel del GOP, tienen una oportunidad realista de lograr sus ambiciones.

La representante Alexandria Ocasio-Cortez

La representante Alexandria Ocasio-CortezAFP

Para los verdaderos creyentes entre los radicales odiadores de Israel y antisemitas que ahora dominan la izquierda estadounidense, fue una traición. El voto de la representante Alexandria Ocasio-Cortez (D-NY.) en contra de una enmienda al proyecto de ley anual de gastos de defensa de Estados Unidos que habría recortado una asignación de 500 millones de dólares para el sistema israelí de defensa antimisiles Cúpula de Hierro fue duramente criticado por sus amigos de los Socialistas Demócratas de Estados Unidos (DSA, por sus siglas en inglés) Para ellos, incluso un voto a favor de proteger a los civiles israelíes contra el lanzamiento de cohetes terroristas equivale a apoyar el genocidio que el grupo cree que está perpetrando un estado que no tiene derecho a existir.

Para AOC, fue otro indicio más de que tiene la vista puesta en ser algo más que la líder de The Squad izquierdista del Congreso.

De un modo similar al candidato del Partido Demócrata a la alcaldía de Nueva York, Zohran Mamdani, de 33 años, la congresista quiere jugar a dos bandas contra el centro cuando se trata de Israel y el antisemitismo. Junto con otros 204 demócratas, Ocasio-Cortez votó en contra de todo el proyecto de ley de gastos que proporcionaba alguna ayuda a Israel, así como la financiación de todos los créditos de defensa de la nación. Pero decidió no unirse a cuatro compañeros de The Squad -los dlegisladores Rashida Tlaib (D-Mich.), Ilhan Omar (D-Minn.), Summer Lee (D-Pa.) y Al Green (D-Texas)- y dos republicanos, la promotora de la medida, la representante Marjorie Taylor Greene (R-Ga.), y el representante Thomas Massie (R-Ky.), en su intento de poner fin al apoyo a la Cúpula de Hierro.

La votación de la enmienda parecía señalar la creación de un nuevo grupo multipartidista de los más duros enemigos de Israel. Pero nadie debería dejarse engañar por la decisión de la AOC de adoptar un tono más moderado, aunque fuera inaceptable para los antisemitas de la DSA.

Los 'progresistas' e Israel

Si ella y el resto del Caucus Progresista Demócrata, cuyos 95 miembros suponen el 45% de los 212 miembros demócratas en la Cámara de Representantes, se salieran con la suya, Estados Unidos no sólo cortaría la ayuda militar a Israel, sino que también sería condenado por defenderse de Hamás y aislado en la escena internacional. La base demócrata no es sólo pro-Palestina, sino que está cada vez más abierta a la demonización de los judíos e Israel por parte de la izquierda interseccional, que se ha normalizado en el mundo académico, las artes y el periodismo dominante. Como resultado, toda la energía de un Partido Demócrata dividido que todavía se está recuperando de su asombrosa derrota de 2024 a manos del presidente Donald Trump y el GOP está ahora en la izquierda.

Y como muestran las primeras encuestas sobre la carrera presidencial de 2028, el gobernador de Pensilvania Josh Shapiro -el único moderado líder de los demócratas visto como posible candidato a la Casa Blanca- se queda muy por detrás de la exvicepresidenta Kamala Harris y de otros, incluida AOC. Aunque una encuesta realizada con tres años de antelación puede descartarse por carecer de sentido, las cifras son alentadoras para quienes piensan que las bases de su partido serán en última instancia reacias a reciclar a alguien que fue derrotado estrepitosamente por Trump, como Harris, o a nominar a figuras inauténticas como el gobernador de California Gavin Newsom o el ex secretario de Transporte bajo la Administración de Biden Pete Buttigieg.

AOC cuenta con el respaldo del senador Bernie Sanders (I-Vt.), que estuvo a punto de llevar al ala izquierda de los demócratas a la victoria en 2016 y 2020, solo para que el establishment del partido le negara la nominación. Eso convierte a esta política de 35 años en una política con futuro, ya sea una carrera hacia la presidencia o un desafío al líder de la minoría en el Senado, Chuck Schumer, si intenta mantener su escaño en 2028.

La facción interseccional y virulentamente antiisraelí de los demócratas tal vez aún no controle el partido, pero como lo demuestran los comentarios del presidente del DNC y la negativa de los líderes del partido a repudiar a un abierto enemigo de Israel y a un socialista declarado de línea dura como Mamdani, es evidente que les tienen miedo.Jonathan S- Tobin

Tanto ella como Mamdani parecen entender que, si quieren llegar a ocupar un alto cargo, tienen que situarse ligeramente a la derecha de sus partidarios de izquierda. De este modo, esperan evitar alienar por completo a los progresistas y moderados, incluidos los votantes y donantes judíos que pueden no estar de acuerdo con sus posturas radicales en política económica y contra Israel, pero de los que en general se puede confiar en que siempre votarán a los demócratas en esta era de polarización partidista. Visto así, su voto a favor de la Cúpula de Hierro y el posterior vandalismo antisemita en su oficina le hacen mucho bien.

Es la misma estrategia que está siguiendo Mamdani para defenderse de los desafíos de Andrew Cuomo, exgobernador de Nueva York, y del actual alcalde Eric Adams, ambos independientes, además del candidato republicano Curtis Sliwa.

Mamdani ha intentado fingir que se opone al odio a los judíos. Últimamente, incluso está dispuesto a decir que disuadirá a sus partidarios de corear Globalizar la intifada -una demanda de terrorismo internacional contra los judíos de todo el mundo- que se ha resistido a censurar. Aún así, al igual que AOC, ha respaldado sistemáticamente la retórica más extrema demonizando no solo los esfuerzos de Israel por erradicar a los terroristas de Hamás que dirigieron la invasión y masacre en el sur de Israel el 7 de octubre de 2023 como genocidio, sino que también ha dejado clara su oposición a la existencia continuada del único Estado judío del planeta.

Cree que todo lo que tiene que hacer para evitar ser etiquetado como extremista es defender abiertamente la oposición a la oleada de antisemitismo que ha llevado tanto a la violencia contra los judíos como a la persecución de estudiantes judíos en los campus universitarios por parte de los antisionistas de Mamdani. De hecho, hace solo unos años, Mamdani era uno de ellos como presidente de la sección antijudía y antiisraelí de Estudiantes por la Justicia en Palestina en el Bowdoin College de Maine.

Visto así, no tiene sentido que desaconseje el uso de uno de los múltiples eslóganes antisemitas que se corean en los campus universitarios. La mayoría de los demócratas han apoyado su candidatura para no desentonar con las bases de su partido. Algunos le han presionado para que desautorice solo una de la serie de consignas empleadas por quienes no sólo se oponen a las políticas israelíes, sino que consideran inmoral la existencia del único Estado judío del planeta. La cuestión no es su postura sobre el uso de un único eslogan; es su antisionismo efectivo, algo inextricablemente ligado al antisemitismo. Aun así, es alarmante que la dirección del partido haya optado por no adoptar una postura que deje claro que piensa que esa posición es descalificadora.

Un partido de "gran carpa"

El hecho de que la mayoría de los demócratas parezcan estar de acuerdo es un preocupante signo de los tiempos.

Eso quedó claro a principios de este mes cuando el presidente del Comité Nacional Demócrata (DNC, por sus siglas en inglés), Ken Martin, dijo en el programa NewsHour de la PBS que su concepción del partido como una "gran carpa" incluía a quienes abogan por globalizar la Intifada, aunque él personalmente no estuviera de acuerdo.

Por terrible que resulte, es comprensible dada la atmósfera actual dentro de su partido.

Las posiciones de los principales grupos demócratas, como los Jóvenes Demócratas de América, que recientemente aprobaron una plataforma que acusa falsamente a Israel de "genocidio", y el llamamiento del Partido Demócrata de Carolina del Norte a un embargo de armas a Israel, han atado las manos de Martin y de la dirección del partido en el Congreso a la hora de condenar al ostracismo a los que odian a Israel. De hecho, saben que estas declaraciones simbólicas, que no tienen ningún impacto en las políticas pro-Israel de la Administración Trump o en los hechos sobre el terreno en Oriente Medio, representan la opinión normativa entre los demócratas en estos días, como han demostrado repetidamente las encuestas.

Así que, aunque es una concesión comprensible a los sentimientos de lo que empieza a parecer una pluralidad, si no una mayoría, de votantes demócratas, también demuestra cómo se ha movido en los últimos años la Ventana de Overton sobre el discurso aceptable acerca de los judíos e Israel.

Al igual que las posturas de las administraciones de muchas instituciones académicas que han tolerado e incluso fomentado el antisemitismo en sus campus, la declaración de Martin es a la vez chocante y un ejemplo de la hipocresía de los demócratas. No hace falta aclarar que él no declararía que los racistas que llamaban a la violencia contra los afroamericanos o los hispanos pertenecían a la carpa. Además, tanto él como otros miembros de su partido siempre han insistido en la necesidad de que sus oponentes republicanos repudien y condenen a cualquiera de sus miembros que sea extremista y/o intolerante.

Un problema del GOP

Sin embargo, es justo preguntarse si -dada la postura de Taylor Greene sobre la financiación de la Cúpula de Hierro y la constante agitación antisemita de los presentadores de podcasts de derecha como Tucker Carlson y Candace Owens- los republicanos tienen ahora su propio problema de odio a los judíos.

El discurso de la congresista de Georgia en la Cámara de Representantes exigiendo el fin de la financiación del sistema de defensa antimisiles que ha salvado innumerables vidas israelíes abrió los ojos a quienes pensaban que el odio al Estado judío se limitaba a los compañeros de The Squad de AOC. Al igual que la postura de su compañero republicano Massie, la posición de MTG puede descartarse como puro aislacionismo: Estados Unidos Solo en contraposición al Estados Unidos Primero de Trump. La malevolencia hacia Israel que ella demostró fue un recordatorio de que el antisemitismo es el lugar donde la extrema izquierda y la extrema derecha se unen.

Dada su bien conocida ignorancia de la mayoría de los temas y su propensión a decir cosas extravagantes -como hablar de "láseres espaciales" judíos, que sólo puede calificarse de estupidez-, la mayoría de los republicanos le tienen poco aprecio. Pero, al igual que Carlson, a menudo ha sido incluida en el círculo de amigos y partidarios de Trump en los últimos años. Eso es algo que debería preocupar a la gran mayoría de conservadores y republicanos que siguen siendo firmes partidarios de Israel, así como de la dura respuesta del presidente a la oleada de odio judío posterior al 7 de Octubre, a la que se opone la mayoría de los demócratas.

Dicho esto, la pregunta que hay que hacerse sobre la disposición de republicanos como Tayler Greene y Massie a hacer causa común con notorios antisemitas demócratas como Tlaib y Omar es si su facción del GOP es lo suficientemente significativa como para darle alguna esperanza de liderarlo en un futuro previsible. Y ahí es donde se encuentra el verdadero contraste entre las facciones antiisraelíes de ambos partidos.

Puede que la facción interseccional y virulentamente antiisraelí de los demócratas aún no controle el partido, pero como demuestran los comentarios del presidente del DNC y la negativa de los líderes del partido a desautorizar a un abierto aborrecedor de Israel y a un socialista declarado y duro como Mamdani, es evidente que les temen. Aunque no se pueden ignorar las posturas de Taylor Greene y los comentarios de Carlson, Owens y otros de la extrema derecha, hay poco peligro de que alguien que comparta sus puntos de vista esté al mando de un Partido Republicano que sigue siendo, salvo unos pocos excepcionales, un partido pro-Israel.

Esto deja a los partidarios de Israel con la desafortunada realidad de una situación en la que la nación judía se ha convertido en una cuestión partidista y no en un asunto de consenso bipartidista. Se trata de una evolución preocupante para una comunidad proisraelí que siempre ha tratado de conseguir apoyo a ambos lados del pasillo. Pero ese ideal simplemente ya no es posible en un universo político en el que personas como AOC y Mamdani tienen -a diferencia de Taylor Greene- posibilidades nada desdeñables de ascender a altos cargos bajo la bandera de los demócratas.

© JNS

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