Yemen al borde de una nueva guerra civil: los hutíes matan a más de 30 soldados del Gobierno yemení con misiles y drones
Se trata del ataque más letal contra las fuerzas gubernamentales desde que se selló la tregua de facto que había frenado los combates a gran escala entre ambos bandos.

Terroristas hutíes en Yemen en una imagen de archivo
El frágil equilibrio que sostenía a Yemen desde 2022 se resquebrajó este jueves, después de que los rebeldes terroristas hutíes, respaldados por el régimen de Irán, lanzaron una ofensiva con misiles balísticos y drones contra campamentos militares del Gobierno reconocido internacionalmente en las provincias de Marib y Hadramaut, dejando un saldo de más de 30 soldados muertos y decenas de heridos, según funcionarios yemeníes citados por la agencia AP.
Se trata del ataque más letal contra las fuerzas gubernamentales desde que se selló la tregua de facto que había frenado los combates a gran escala entre ambos bandos.
El Ministerio de Defensa yemení confirmó, en un comunicado difundido en redes sociales, que los hutíes golpearon "varios campamentos y unidades de las Fuerzas Armadas" en esas dos provincias, ambas ricas en petróleo y bajo control del Ejecutivo. El propio Ejército reconoció públicamente que hubo bajas entre sus tropas, aunque evitó precisar una cifra oficial.
Horas después del ataque, el vocero militar hutí, el brigadier general Yahya Saree, reivindicó la operación y explicó que su grupo lanzó un "gran número de drones y misiles balísticos" tras "monitorear una gran movilización militar saudí" que, según su versión, buscaba "escalar en su contra". Saree aseguró además que la ofensiva dejó "cientos de mercenarios enemigos saudíes" muertos o heridos, y que destruyó depósitos, vehículos militares y armamento, una cifra que ninguna autoridad yemení ni saudí confirmó por su cuenta.
El Gobierno yemení, a través del Ministerio de Defensa, afirmó que sus fuerzas "responderán a estos ataques con misiles y drones en el lugar y el momento apropiados", mientras que la coalición militar liderada por Arabia Saudita prometió que activará "todos los mecanismos de disuasión" frente a lo que calificó de "agresiones terroristas". Del otro lado, Saree llamó a "todo nuestro pueblo a permanecer vigilante y a atacar las concentraciones de tropas saudíes dondequiera que se encuentren", un mensaje que anticipa una escalada mayor en las próximas semanas.
La violencia se extendió más allá de las fronteras yemeníes. Durante la jornada, la coalición saudí denunció un ataque hutí con proyectiles contra la región fronteriza de Najran, ya en territorio de Arabia Saudita, que dejó al menos 11 civiles heridos. Los hutíes no se pronunciaron de inmediato sobre ese episodio.
El estallido de esta semana se suma a una escalada que ya venía en aumento desde hace algunas semanas en el mar Rojo, donde los hutíes declararon el mes pasado un bloqueo contra los buques petroleros saudíes y abrieron fuego contra embarcaciones comerciales. Desde entonces, ambos bandos se acusan mutuamente de nuevos golpes: la coalición saudí bombardeó por primera vez en años territorio bajo control hutí, mientras el grupo rebelde sostiene haber atacado rutas de transporte de crudo que conectan los yacimientos del este saudí con el puerto de Yanbu.
El riesgo de fondo es que este nuevo ciclo de violencia termine sepultando la tregua de 2022, el acuerdo que había logrado reducir los combates a gran escala entre el Gobierno yemení y los hutíes sin llegar nunca a resolver las causas profundas del conflicto. Yemen quedó sumido en la guerra civil desde 2014, cuando los hutíes tomaron la capital, Saná, y forzaron al exilio en Arabia Saudita al Gobierno reconocido internacionalmente. La intervención militar saudí, iniciada un año después para restituir a ese Ejecutivo, se transformó con el tiempo en un conflicto de desgaste sin ganador claro, que ya dejó cientos de miles de muertos, la mayoría por hambre y enfermedades derivadas de la guerra antes que por la violencia directa.
Marib, una de las provincias atacadas, es hoy uno de los últimos bastiones del Gobierno yemení en el norte del país y concentra a la mayor población de desplazados internos que dejó el conflicto; la semana pasada, sus propias autoridades habían declarado allí un estado de emergencia por un brote de sarampión. Hadramaut, la otra provincia golpeada, alberga buena parte de las reservas petroleras que sostienen financieramente al asediado Gobierno yemení, lo que convierte a ambas zonas en objetivos de alto valor estratégico para los hutíes de cara a lo que viene.