¿Qué ocurre cuando los yihadistas perciben debilidad?
La debilidad, la vacilación y las divisiones públicas envían precisamente el mensaje equivocado a Hamás, Hezbolá e Irán. Cada muestra de indecisión no hace más que alentar una mayor agresión y convencer a los líderes terroristas de que la persistencia acabará trayendo la victoria.

Terroristas de Hamás. Archivo
Casi tres años después de la masacre perpetrada el 7 de octubre de 2023 por Hamás en Israel, Irán sigue tan desafiante como siempre. Lejos de mostrar ninguna voluntad de desarmarse, abandonar el terrorismo o ceder el control de la Franja de Gaza, los líderes de Hamás vuelven a lanzar amenazas, glorificando la yihad (guerra santa) y prometiendo más violencia.
Sus declaraciones deberían servir como llamada de atención no solo para Israel, sino también para Washington y el resto de Occidente.
El mensaje que emana de Hamás —y de Irán— es inequívoco: Hamás e Irán creen que están ganando.
Irán ha estado dictando a Washington cuándo y con quién negociará. Al parecer, Washington nunca insistió en negociaciones cara a cara con Irán. ¿Por qué no? Al interrumpir las conversaciones con EEUU, Irán también logró maniobrar a la Administración Trump para obtener dos grandes victorias para el régimen actual. En primer lugar, como el Wall Street Journal señaló en Irán consigue que Trump rescate a Hezbolá, el presidente Donald J. Trump exigió que Israel dejara de defenderse de los ataques de otro aliado de Irán, Hezbolá, en el Líbano. En segundo lugar, Irán —como resultado de una disputa muy publicitada entre Trump y el primer ministro israelí Benjamin Netanyahu —, ha creado magistralmente una distancia entre sus dos principales adversarios: Israel y Estados Unidos.
A pesar de que las armas de Irán han sido diezmadas, el régimen actual, dirigido por el Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica (IRGC), ha estado utilizando, según se informa, su pausado y cada vez más prolongado alto el fuego para reconstruirlas. El IRGC ha llevado la batuta y se ha enfrentado al Gran Satán, Estados Unidos. No es de extrañar que el régimen piense que está ganando.
En cuanto a Hamás, en un declaración en vídeo esta semana, Abu Obeida, portavoz del ala militar de Hamás, las Brigadas Izz ad-Din al-Qassam, declaró que, a pesar de la muerte de muchos altos mandos, Hamás sigue siendo fuerte y está decidido a continuar la lucha contra Israel.
"La cuenta seguirá abierta hasta que el enemigo [israelí] la pague", afirmó Abu Obeida prometió. Se jactó de que Israel "no ha conseguido nada con el asesinato de los líderes [de Hamás]" e insistió en que Hamás ha formado "una generación de líderes que continuarán el camino de quienes les precedieron".
Estas no son las palabras de una organización terrorista derrotada. Son las palabras de un grupo que cree que el tiempo juega a su favor.
Las declaraciones de Abu Obeida son especialmente alarmantes porque se producen tras casi tres años de guerra, la eliminación de muchos de los principales líderes de Hamás y las innumerables declaraciones de mediadores internacionales de que Hamás acabaría siendo derrocado.
En cambio, Hamás sigue en pie. Hamás, al igual que Irán, parece cada vez más seguro de sí mismo.
Otra figura destacada de Hamás, Osama Hamdan, recientemente insistió en que los asesinatos israelíes de altos mandos de Hamás "no quebrantarán la firmeza y la determinación del pueblo palestino" y subrayó que su grupo terrorista continuaría su campaña de "resistencia" contra Israel.
Mientras tanto, el portavoz de Hamás, Hazem Qassem, ha atacado abiertamente a los miembros de la denominada Junta de Paz y acusó a ellos de difundir "mentiras engañosas." También se quejó de que la Junta no había presionado a Israel ni obligado a que se aplicaran sus planes para la Franja de Gaza.
La ironía es sorprendente. La Junta de Paz se creó supuestamente para llevar la estabilidad a la Franja de Gaza, poner fin al gobierno de Hamás y establecer una nueva realidad política tras la guerra. Sin embargo, los líderes de Hamás parecen sentirse ahora lo suficientemente cómodos no solo como para rechazar sus demandas, sino también para burlarse públicamente de sus esfuerzos.
La verdad es que la Junta de Paz ha fracasado en su misión principal. Seis meses después de la iniciativa de alto el fuego de Trump y casi tres años después de las atrocidades del 7 de octubre, Hamás sigue en el poder. Continúa controlando gran parte de la Franja de Gaza, mantiene su infraestructura militar y se niega abiertamente a desarmarse.
La confianza de Hamás no surge de la nada.
Los líderes de Hamás observan atentamente los acontecimientos en toda la región. Ven cómo Estados Unidos lleva a cabo negociaciones interminables con el régimen iraní. Ven repetidas iniciativas diplomáticas que producen pocos resultados tangibles. Ven cómo Irán sigue armando y financiando a sus grupos terroristas aliados en todo Oriente Medio.
Y lo que es más importante, ven cómo Hezbolá, en el Líbano, continúa sus ataques contra Israel. Los recientes informes de que la Administración Trump presionó a Israel para que cancelara un ataque planeado contra objetivos de Hezbolá en el distrito de Dahiya, en Beirut, enviaron un mensaje preocupante a toda la región. La supuesta decisión de frenar a Israel, incluso mientras Hezbolá sigue lanzando ataques con drones y otras provocaciones, está sin duda siendo estudiada con atención en las sedes de Hamás e Irán.
Para Hamás, Hezbolá y el régimen iraní, estos acontecimientos pueden interpretarse fácilmente como signos de vacilación y debilidad.
La misma perspectiva sesgada se aplica también a los persistentes informes sobre desacuerdos entre Trump y Netanyahu.
Que estos informes sean exagerados o no es casi irrelevante. Lo que importa es cómo los perciben los enemigos de Estados Unidos e Israel.
Para Hamás y Hezbolá, cualquier indicio de fricción entre EEUU e Israel es una buena noticia. Las organizaciones terroristas se nutren de la percepción de que sus adversarios están divididos.
Un frente unido entre Estados Unidos e Israel genera disuasión. Las disputas públicas crean oportunidades.
Los líderes de Hamás parecen convencidos de que el equilibrio regional se está inclinando a su favor. Esa convicción ayuda a explicar por qué han renovado sus amenazas y han intensificado su retórica.
El problema va más allá de Hamás. Hezbolá también está siguiendo de cerca las acciones de Washington. Si el grupo terrorista libanés respaldado por Irán llega a la conclusión de que la libertad de acción de Israel se ha visto restringida, podría volverse aún más agresivo.
El régimen iraní está, sin duda, llegando a conclusiones similares.
En todo Oriente Medio, las organizaciones yihadistas buscan constantemente signos de debilidad entre sus enemigos. Interpretan la moderación de forma diferente a como lo hacen los responsables políticos occidentales. Lo que muchos líderes occidentales describen como diplomacia, paciencia o distensión, los islamistas lo interpretan con frecuencia como rendición, miedo o agotamiento.
Este malentendido ha producido repetidamente resultados desastrosos.
La masacre del 7 de octubre fue, en parte, el resultado de la creencia de Hamás de que Israel se había vuelto débil, dividido y vulnerable. Hoy, Hamás parece estar llegando una vez más a conclusiones similares. Esta expectativa debería preocupar profundamente a los responsables políticos de Washington.
No existen fórmulas mágicas que puedan transformar a las organizaciones yihadistas en actores políticos pacíficos.
Los responsables políticos occidentales, especialmente los estadounidenses, tienden a buscar soluciones rápidas y éxitos inmediatos.
Derrotar a los movimientos islamistas radicales requiere paciencia estratégica, coherencia y voluntad de mantener la presión.
Grupos como Hamás, Hezbolá y sus patrocinadores en Irán ven el conflicto no en términos de ciclos electorales o ciclos de noticias, sino en términos de generaciones.
Un frente unido entre Estados Unidos e Israel genera disuasión. Las disputas públicas crean oportunidades.
La debilidad, la vacilación y las divisiones públicas envían precisamente el mensaje equivocado a Hamás, Hezbolá e Irán. Cada muestra de indecisión solo fomenta una mayor agresión y convence a los líderes terroristas de que la persistencia acabará trayendo la victoria. La discordia hace sonreír a quienes aún sueñan abiertamente con destruir Israel y expandir la influencia de Irán por todo Oriente Medio.
Las últimas declaraciones de Irán y Hamás no son meramente propaganda. Son una advertencia. La pregunta es si los responsables de la toma de decisiones en Washington están escuchando.