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OPINIÓN

La guerra en redes por el Paraguay vs. Francia: ¿Por qué a los franceses —y casi todos los europeos— les molestó tanto el “juego sucio” del equipo guaraní?

El seleccionado paraguayo, fiel a su historia e identidad, llevó al límite al equipo galo, tal y como sucedió en 1998, cuando uno de los pocos goles de oro de la historia en Copas del Mundo sentenció a la albirroja.

El delantero francés Kylian Mbappé, ignora el saludo del portero paraguayo, Orlando Gill

El delantero francés Kylian Mbappé, ignora el saludo del portero paraguayo, Orlando GillAFP

El Paraguay vs. Francia, para muchos franceses, fue una guerra. Kylian Mbappé, capitán, estrella francesa y autor del único gol del compromiso, se encargó de dejarlo claro en conferencia de prensa: “Les mostramos a Paraguay que, si quieren jugar sucio, nosotros también podemos jugar sucio. Si nos dicen que nos vayamos a la mierda, también les diremos que se vayan a la mierda. Paraguay no quería jugar al fútbol… y les mostramos que sabíamos cómo hacerlo. Ganamos, y fuimos mejores que ellos. Si tenemos que ensuciarnos las manos, lo haremos. Pensaron que íbamos a presentarnos en esmoquin para jugar, pero también sabemos jugar al fútbol sucio. Hemos demostrado que no somos solo un equipo que sabe jugar al fútbol ofensivo”.

Las declaraciones de Mbappé fueron tras un partido donde Paraguay, combinado que venía de tumbar a Alemania por penales, demostró que, con orden, compromiso defensivo, intensidad y mucho coraje, hasta el equipo con pocos recursos ofensivos puede hacerle pasar una tarde muy complicada al mejor ataque del mundo, en este caso conformado por los volantes ofensivos y atacantes franceses, que venían promediando un mínimo de tres goles por cotejo en todo el torneo, despachando a rivales de la talla de Noruega, Suecia y Senegal.

Paraguay, con un 4-5-1 rocoso, bien escalonado y trabajado, con un profundo estudio detrás para enfrentar al funcional ataque francés, evitó que Mbappé, Dembélé, Olise y los grandes jugadores galos pudieran brillar. Durante 70’, Francia apenas había logrado generar peligro al arco de Orlando Gill, que solo tuvo que esforzarse en una ocasión, ante un remate de larga distancia de Koné.

Luego, a los 68’, un eslalon en el área paraguaya de Désiré Doué, que entró desde el banquillo, encontró una pierna estirada de Diego Gómez, que cometió el único error de la defensa guaraní en noventa minutos, dándole la oportunidad a Francia de romper el cerrojo desde el punto del penal. Un castigo, por cierto, otorgado por el VAR, porque en principio la acción había pasado desapercibida para televidentes, comentaristas y el propio árbitro principal. Mbappé fue el encargado de transformar el penal en gol. El partido se empezó a calentar desde antes, pero a partir de allí, Francia entró de lleno en el barro propuesto por los paraguayos y, en varias ocasiones, hubo roces, trifulcas, algunos insultos sueltos e imágenes polémicas: algunos golpes (en su mayoría leves) de los jugadores paraguayos sin pelota, risas provocadoras de Mbappé, gestos de lado y lado y escaramuzas habituales en partidos que se vuelven tensos y difíciles, especialmente para el arbitraje.

Sin embargo, así como ocurrió hace cuatro años tras el Holanda vs. Argentina, donde los argentinos superaron a los europeos en un desenlace dramático y lleno de conflicto, nuevamente medios, opinadores, hinchas y hasta políticos europeos se ensañaron con un país sudamericano, en este caso Paraguay.

Con Argentina, en aquella ocasión, fueron los gestos al final del partido de los jugadores albicelestes (en la previa del juego, Van Gaal había calentado los ánimos menospreciando a Messi, lo que provocó enojo en Argentina), que se rieron de los holandeses al término de los penales. Los jugadores argentinos, posteriormente campeones del mundo, fueron tachados de “malos perdedores”. Pero en esta ocasión la respuesta contra Paraguay ha sido mucho más agresiva, a niveles pocas veces vistos: “Antifútbol”, “salvajes”, “violentos”, “sucios”, “ladrones”, entre otros improperios leídos por este autor en hinchas, columnistas, analistas, medios y autoridades francesas y europeas.

Particularmente, los franceses se ensañaron con el árbitro uzbeko, Ilgiz Tantashev, quien, según el diario L'Équipe, tuvo una actuación catastrófica —“la peor del Mundial”—, dándole una nota de 1/10 en su desempeño. En Francia el consenso es que el árbitro fue excesivamente laxo con lo que ellos denominan “juego sucio” paraguayo, con un dato que especialmente les fastidia: Francia recibió tres tarjetas amarillas y Paraguay terminó el compromiso sin amonestaciones, una prueba, para ellos, de que fueron perjudicados a pesar de que recibieron un penal que, si somos justos, en este torneo no se estaban cobrando, pues Doué también buscó un poco la pierna de Gómez para provocar el contacto. Estas situaciones en este Mundial, salvo excepciones, están muy lejos del estándar del fútbol europeo de los últimos años.

Más allá del tema arbitral, en el que no entraremos en detalles, en Francia hay otro consenso: Paraguay, según ellos, fue “vergonzoso”. Les molestó su estilo defensivo, sus constantes empujones, roces, escaramuzas y, en general, viveza sudamericana. Una forma de jugar no muy habitual en los fines de semana cuando el PSG golea cómodamente y sin oposición al rival de turno con menos billetera de la Ligue 1.

Ese es el problema de fondo: Paraguay sorprendió al mundo. Arrancó el torneo cayendo 4-1 en un debut penoso contra EE.UU. y, de ahí en adelante, fue una coraza. Luchó con uñas y dientes para sobreponerse ante Turquía, recibiendo una roja por demás injusta por una regla polémica. No sufrió ante Australia para pasar de ronda a pesar de que eso los llevaría a la parte difícil del cuadro; y, cuando muchos europeos pensaban que no tenían más vidas porque Alemania los vencería con facilidad, aquí en Sudamérica sabíamos que, si Paraguay algo tiene, es caer con las botas puestas. Y no solo lo demostró, sino que venció a Alemania con extrema justicia en un partido de choques de estilo donde la selección guaraní impuso condiciones en el primer tiempo y luego dio un ejercicio de resistencia encomiable. En los penales, Gill fue el héroe y la historia ya se conoce en todo el planeta.

Contra Francia no fue diferente, solo que, como todo futbolero sabe, el equipo galo es, en la furiosa actualidad, infinitamente mejor que el teutón. Y Paraguay tenía que tomar recaudos lógicos y hacer un partido defensivo perfecto para vencer. En Francia, que conocían un poco de las limitaciones del seleccionado guaraní en el apartado ofensivo, pensaban que el pase era sencillo e iban a golear. Pero no fue así. Paraguay se plantó y llevó al límite a una de las mejores Francia de la historia. Con sus armas, ciertamente, y parte de esas armas, como su historia y tradición indican, es ser una molestia.

Paraguay fue una molestia para Francia en el 98, fue una molestia para España en 2010, fue una molestia para Argentina y Brasil en estas eliminatorias (los vencieron con contundencia en el mítico Defensores del Chaco), fue una molestia para Alemania y fue una molestia para esta Francia plagada de estrellas. Eso es ser un gran rival, guste o no su estilo. Y Francia (no el equipo nacional, el país), en lugar de reconocer que vencieron a un rival fuerte y celebrar su pase a cuartos de final, ha caído en la penosa labor de desmerecer el fútbol paraguayo y, particularmente, a la nación guaraní, iniciando una guerra en redes sociales que ya encontró, por supuesto, voces políticas y también lo peor de ambos lados, con personajes tristes aprovechando el momento para lanzar insultos, racismo y despotricar por un partido de fútbol (la peor, sin dudas, una senadora paraguaya que atacó infelizmente a Mbappé y fue puesta en su sitio por el jugador, el propio Gobierno nacional paraguayo y los ciudadanos del país). Todo esto es algo que, realmente, no debería pasar.

Pero, no nos equivoquemos, aquí los indignados principales no fueron otros que los franceses, que llevan desde el final del partido atacando a Paraguay por diversas y variadas razones.

En principio, porque fue un golpe a la moral francesa que Paraguay, con sus fortalezas, haya expuesto que se puede competir contra el conjunto de Didier Deschamps cuando no se dejan espacios y se disputan duelos con intensidad. También porque Paraguay, como nación orgullosa que es, no llegó derrotada al partido como sí ocurrió con Suecia y Noruega, selecciones que se vieron caídas desde el minuto uno y apenas compitieron, facilitándole el trabajo a Mbappé, Olisé y Dembélé. Para finiquitar, aunque sea duro para muchos tener que leerlo, porque los europeos (no solo los franceses) aún no han podido salir de su ridículo eurocentrismo en casi ningún aspecto de la vida.

En Europa se piensa, sin dudas, que el fútbol solo se puede jugar de una manera: juego de posición (con cada jugador ocupando espacios racionalizados), en transiciones rápidas y marcando la mayor cantidad de goles posibles. Pues no, en esta Copa del Mundo se demostró, como siempre queda claro cada cuatro años, que se puede jugar al fútbol con diversas estrategias: juego funcional, bloques bajos defensivos, ritmo lento en el medio sector, juego trabado o, por qué no, todas las anteriores. Al final, parte del atractivo del fútbol es que los equipos conozcan sus armas, fortalezas, debilidades, identidades culturales y las pongan en práctica. Y los europeos, en el fondo, lo saben, pero no toleran que Paraguay, orgullosamente sudamericana, haya ejecutado tan bien su plan cuando esperaban una victoria contundente y arrolladora, justo cuando existe un debate entre CONMEBOL vs. UEFA que lleva años intensificándose.

En el fondo, no molesta realmente que el árbitro se haya guardado 2-3 amarillas para Paraguay que en verdad hubiesen sido justas (una a Galarza, otra a Cáceres y otra a Ávalos), sino que les hayan impuesto condiciones desde un lugar incómodo, ajeno y ciertamente fastidioso con un arbitraje que aplicó una vara de rigor físico alto, aplicada para ambos equipos por igual. Pero, claro, a los franceses no les gusta el rigor, el juego físico, la viveza y la desfachatez del sudamericano; lo ven tercermundista, poco sofisticado y tramposo. De hecho, para estándares sudamericanos, aunque capaz algunos no lo sepan, el juego de Paraguay fue bastante ‘light’ por momentos. No hubo patadas desleales (como sí ocurrió tristemente en el partido Uruguay vs. España), no hubo tapones arriba, no hubo, ni siquiera, algún riesgo de lesión en ninguna falta. Ningún francés salió mal golpeado o herido. En un partido de Copa Libertadores se ven muchas, muchas cosas peores. En la Copa América se ven cosas peores. En mundiales se han visto muchas, muchas cosas peores, incluso entre europeos. Es más, durante el mismo juego, Francia también pegó fuerte (sus amarillas fueron bien sacadas), quemó tiempo con el 1-0 a favor y cayó en el mismo juego de provocaciones y burlas.

De hecho, lo mismo que ejecutó Paraguay —dar un paso atrás contra Turquía, Alemania y Francia y jugar fuente—, lo hizo Inglaterra vs. México por grandes lapsos del partido, recibiendo, lejos de insultos, elogios de muchos analistas por defender en inferioridad numérica. La gran diferencia es que Inglaterra cuenta en su plantel con jugadores del calibre de Kane, Bellingham y otras estrellas. Paraguay no. Y por esa simple realidad, Inglaterra sí es capaz de marcar varios goles sin practicar, necesariamente, un fútbol tremendamente ofensivo.

Entonces, las críticas contra Paraguay, por un lado, son deshonestas, y, por el otro, absurdas, porque el seleccionado de Alfaro, además de contar con menos talento ofensivo que Francia, estaba disminuido físicamente: sus extremos estuvieron lesionados todo el Mundial, Enciso se encontraba al 60-70%, Almirón en una condición similar y además salió lesionado su defensor más sólido, Omar Alderete. ¿Qué más podía hacer Paraguay además de estructurarse bien y plantear reactivamente el compromiso? Evidentemente era el único camino y, si no fuera por un error, Francia aún estaría sin generar una chance clara. "Pero Cabo Verde demostró contra Argentina un lindo fútbol ofensivo", tal vez, pero con jugadores de características distintas a las de Paraguay, que, además, estaba disminuido en ataque por el calvario de lesiones y mal momento de sus delanteros. 

Ahora en Francia, a esta hora, Paraguay sigue siendo tendencia. Las redes sociales están llenas de vídeos, mensajes, memes y odio alimentados por un algoritmo que enriquece la fricción y crispación. Los medios, por supuesto, contribuyen a esto, y es absolutamente injusto para Paraguay, que no tiene que pedir disculpas y debe sentirse orgulloso del juego que dio. Los europeos, al final del día, tienen que entender, de una vez por todas, que en Sudamérica el fútbol se juega diferente y que cada país debe respetar su identidad o, de lo contrario, pierde la brújula. Véase a la propia Paraguay después del 2010 o la actual Brasil. También véase Alemania o Italia. Véase Uruguay. Los ejemplos se cuentan por montones y la realidad de este partido es que Paraguay hizo las cosas correctamente, porque fue una molestia para las personas correctas. Consejo para la próxima: no vuelvan a subestimar a un sudamericano, así pueden festejar más felices y con menos amargura sus victorias.

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