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ANÁLISIS

New York Knicks: campeones de la NBA... con vendetta incluida

La exitosa temporada de los New York Knicks culminó con la consecución de su tercer Trofeo Larry O'Brien. Estas fueron las claves de su triunfo.

Madison Square Garden, estadio de los New York Knicks. Imagen de archivo

Madison Square Garden, estadio de los New York Knicks. Imagen de archivoAFP.

Alejandro Baños
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La firma de los Acuerdos de Paz de París, la Guerra del Yom Kipur, la inauguración del World Trade Center y el lanzamiento de la estación Skylab. El fallecimiento de Bruce Lee y J.R.R. Tolkien o el récord invicto de los Miami Dolphins. Todos estos hitos históricos marcaron 1973; un año en el que, hasta esta temporada, también se recordaba por ser la última vez que los New York Knicks levantaron el Trofeo Larry O'Brien.

Esa sequía de más de medio siglo sin catar la gloria ha terminado. Los Knicks se proclamaron campeones de la NBA tras derrotar en las Finales a los San Antonio Spurs —liderados por Victor Wembanyama— con un resultado global de 4-1. Una gesta épica que no solo implica conquistar su tercer título, sino que también le sirve a Nueva York como la revancha perfecta tras perder las últimas Finales que disputó —en 1999—, precisamente ante el equipo texano.

Las claves del éxito de los Knicks

Para analizar su triunfal temporada hay que remontarse a algo más de un año. Tras caer contra los Indiana Pacers en la Final de la Conferencia Este 2025, la gerencia de los Knicks tomó la drástica decisión de desprenderse de Tom Thibodeau, el técnico que dirigió a la franquicia desde 2020.

En su lugar, la dirección de Nueva York dio las riendas a Mike Brown, alguien que sabía lo que era alcanzar la cima tras haber sido el asistente de Steve Kerr en la época más apoteósica de los Golden State Warriors. "Tras un exhaustivo proceso de búsqueda, nos complace anunciar a Mike Brown como entrenador de los New York Knicks", dijo Leon Rose, presidente de la franquicia, en el nombramiento del nuevo preparador.

Y menudo acierto. En 365 días, Brown ha cambiado la historia de los Knicks. El impacto de su llegada fue inmediato, trayendo un balance idóneo entre una defensa asfixiante y un juego ofensivo mucho más dinámico y variado, carburando el motor de la franquicia neoyorquina y sacando lo mejor de sus mejores jugadores.

Uno de ellos es Jalen Brunson. El base ha logrado consolidarse como el alma y el líder absoluto sobre la pista, firmando noches memorables, guiando el ataque neoyorquino y plasmando excelentes cifras. Respecto a Karl-Anthony Towns y Mikal Bridges, Brown consiguió que ambos se adaptaran a su idea táctica, aportando versatilidad en el apartado defensivo y demostrando su poderío físico en el juego interior. También hay que mencionar la aportación de OG Anunoby, cuya defensa a las grandes estrellas de la NBA fue esencial y cuyo palmeo para darle la victoria a Nueva York en el cuarto juego fue algo fuera de lo normal.

La última de las claves de este triunfo ha sido el Madison Square Garden. Los Knicks hicieron de su emblemático territorio un fortín: durante la temporada regular solo cedieron en diez juegos. Una cifra únicamente mejorada por los Detroit Pistons en la Conferencia Este y por los Oklahoma City Thunder y los Spurs en el Oeste. Ya en los Playoffs, los Knicks dejaron escapar la victoria en su estadio en dos enfrentamientos: uno en la primera ronda frente a los Atlanta Hawks y el otro en las Finales contra San Antonio.

Los Knicks se vengan de los Spurs

El destino quiso que las dos mejores franquicias de la temporada fuesen las mismas que en 1999. Se reeditaron las Finales, con los mismos contendientes pero con un desenlace opuesto. Los Knicks lograron tomarse la revancha frente a unos Spurs que les dejaron sin el Trofeo Larry O'Brien aquel año, derrotándoles con un resultado global de 4-1. Precisamente, el mismo que en esta edición, pero con distinto vencedor.

​En aquellas Finales irrumpió la figura de Tim Duncan, quien se mostró al público como uno de los nuevos baluartes de la NBA y del planeta basket. Fue decisivo para darle la victoria a los Spurs y se consolidó como el líder de una franquicia que, en los años siguientes, alcanzaría la gloria en otras cuatro ocasiones.
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