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Rutas alternativas: las maniobras de los vehículos 'made in China' para circular por EEUU

Practicando el 'nearshoring', contando con una planta de producción en California o comprando marcas de otros países: así maniobra el vehículo chino para intentar circular en Estados Unidos.

Interior de un vehículo de la compañía china BYD. Imagen de archivo

Interior de un vehículo de la compañía china BYD. Imagen de archivoThe Yomiuri Shimbun via AFP.

Alejandro Baños
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Donald Trump y Xi Jinping mostraron una buena sintonía durante la visita del presidente a China. Durante su reunión, los líderes de las dos principales potencias del mundo se sugirieron, el uno al otro, "ser socios y no rivales" en todo ámbito. Incluido en el comercial o económico. Este ligero avance que, de momento, es meramente verbal, capta la atención de la industria estadounidense. También el de un sector específico: el automotriz.

Esta posible apertura del comercio entre Washington DC y Pekín podría implicar que empiecen a comercializarse vehículos chinos en Estados Unidos, lo que obligaría a la industria automotriz nacional a blindarse ante el incremento de la competencia extranjera. Algo que se puede comprobar en Europa, América del Sur u Oceanía, donde China se está consolidando y superando a las factorías de estos continentes.

Hasta la fecha, la presencia del vehículo made in China es prácticamente inexistente. ¿Y por qué no es nula? Porque China, a pesar de las barreras arancelarias y estrictas políticas comerciales, ha logrado esquivar los escollos para que su sector automotriz pueda estar presente en el territorio estadounidense.

Una planta en California

La primera evidencia de que el sector del vehículo chino está en Estados Unidos es una planta de fabricación. Concretamente, la compañía BYD -el mayor fabricante de vehículos eléctricos del mundo- cuenta con unas instalaciones en la localidad de Lancaster, California, donde produce autobuses y camiones eléctricos que ya se encuentran en circulación por diferentes puntos del país como Los Angeles, Denver o Kansas City, según informó BYD hace unos años.

Esta planta -inaugurada en 2013- tiene unas dimensiones de unos 550.000 pies cuadrados (más de 50.000 metros cuadrados) y da empleo a más o menos 750 personas. BYD ha invertido ya más de $250 millones.

'Nearshoring' en México y Canadá

Ante las políticas de Washington DC, las factorías chinas plantearon establecerse en México y Canadá, en localidades cercanas a sus fronteras con Estados Unidos, para llevar a cabo el denominado nearshoring.

Esta práctica -que se da en muchos sectores industriales- consiste en una estrategia empresarial en la que se traslada la producción a países cercanos al país final con el objetivo de reducir costos, sortear restricciones, mitigar riesgos y acortar los tiempos de entrega del producto. BYD se ha planteado abrir una fábrica de producción en México, aunque, hasta este momento, no se ha ejecutado el plan.

La firma quiere estar en Norteamérica. Mientras el asunto de México está en el limbo, más real se está volviendo la posibilidad de inaugurar una planta de producción en Canadá. Lo que sí es un hecho es que ya se venden vehículos chinos en Canadá, lo que podría llevar a estadounidenses a cruzar la frontera, adquirir uno y traerlo a Estados Unidos, pese a que el T-MEC -Tratado entre México, Estados Unidos y Canadá- podría obstaculizar el ingreso de un vehículo chino.

Vehículos suecos adquiridos por China

Por último, es posible decir que sí hay vehículos made in China en Estados Unidos. Concretamente, a través de dos marcas suecas, Polestar y Volvo, cuyo máximo accionista es la compañía china Zhejiang Geely Holding Group Co. desde 2010. Según reportó Volvo Car USA, en el periodo fiscal vendió 121.607 unidades en Estados Unidos. Todos ellos fabricados en su planta de Carolina del Sur.

La muralla arancelaria contra el vehículo chino

En septiembre de 2024, la Administración Biden cuadruplicó los aranceles -del 25% al 100%- a las importaciones de vehículos chinos, tras meses insinuando que llevaría a cabo tal política. El objetivo del expresidente fue el de proteger a la industria estadounidense y la seguridad nacional.

​La medida perduró incluso con la entrada del nuevo Gobierno. La Administración Trump no solo mantuvo la política de su predecesora, sino que incluso llegó a aumentar los aranceles de componentes que tienen los vehículos chinos, como las baterías de litio o los semiconductores. Todo ello en plena guerra comercial con China -el régimen comunista respondió del mismo modo- y bajo el argumento de defenderse de los riesgos para la seguridad nacional.
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