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ANÁLISIS

Comisión del 11-S | El informe que reconstruyó la cronología de los ataques: 19 terroristas, 2.977 muertos y un Estado que no juntó las piezas

El informe de 2004 encargado por el Congreso reconstruye aquella mañana con radares, cajas negras y llamadas de a bordo, no con la mitología posterior al ataque. Fija la secuencia de los cuatro vuelos y muestra cómo la Federal Aviation Administration (FAA) y el North American Aerospace Defense Command (NORAD) persiguieron aviones que ya no existían, mientras el FBI y la CIA tenían nombres de sospechosos y escuelas de vuelo sin haber podido atar los cabos.

Las Twin Towers tras los impactos del 9/11

Las Twin Towers tras los impactos del 9/11dpa Picture-Alliance via AFP.

Carlos Dominguez
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Los atentados del 11 de septiembre de 2001 fueron cuatro ataques terroristas coordinados, ejecutados por 19 miembros de Al Qaeda, que secuestraron aviones comerciales para usarlos como armas contra objetivos simbólicos del poder estadounidense.

Con 2.996 muertos (incluidos los 19 atacantes) y más de 25.000 heridos, siguen siendo el ataque terrorista más mortífero de la historia y el incidente más letal para bomberos y policías en la historia de Estados Unidos.

Qué ocurrió aquella mañana

El este del país amaneció templado y casi sin nubes. Lo escribe así, en la primera línea, el informe que el Congreso encargó para reconstruir lo ocurrido. El 9/11 Commission Report reconstruye aquella mañana con radares, cajas negras y llamadas de a bordo, no con la mitología posterior al ataque. Fija la secuencia de los cuatro vuelos y muestra cómo la Federal Aviation Administration (FAA) y el North American Aerospace Defense Command (NORAD) persiguieron aviones que ya no existían, mientras el FBI y la CIA tenían nombres de sospechosos y escuelas de vuelo sin haber podido atar los cabos. 

En Boston, Newark y Dulles, diecinueve hombres embarcaron en cuatro vuelos de largo recorrido rumbo a California, cargados de combustible. Antes del mediodía, las Torres Gemelas ya no existían, el Pentágono ardía y un Boeing 757 yacía en un campo de Pensilvania.

  • “We have some planes”: El American Airlines 11 era un Boeing 767 con destino a Los Ángeles. Despegó de Logan, en Boston, a las 7:59. Lo pilotaban John Ogonowski y Thomas McGuinness. Iban 11 tripulantes y 81 pasajeros, cinco de ellos secuestradores: el terrorista Mohamed Atta, que comandaba el grupo ese día; Abdulaziz al Omari, Satam al Suqami, Wail al Shehri y Waleed al Shehri. Atta y Omari habían llegado esa mañana desde Portland, Maine.

A las 8:14 se cortó la comunicación rutinaria. La Comisión sitúa ahí el secuestro, sobre Massachusetts. Minutos después, la auxiliar Betty Ong llamó a la aerolínea por un teléfono de a bordo: el cockpit estaba cerrado y habían herido a tripulantes. Amy Sweeney hizo otra llamada y describió a los asaltantes. A las 8:24, por error, Atta emitió por la frecuencia de control: "We have some planes. Just stay quiet and you’ll be okay" ("Tenemos algunos aviones. Quédense callados y estarán bien"). El informe titula con esa frase el capítulo del día.

A las 8:46:40 el avión se estrelló contra la cara norte de la Torre Norte, entre los pisos 93 y 99. Nadie a bordo sobrevivió. En el edificio, el impacto selló las salidas por encima de la zona golpeada.

  • El segundo golpe, en directo:  El United 175 también era un 767 Boston–Los Ángeles. Despegó de Logan a las 8:14. Lo pilotaban Victor Saracini y Michael Horrocks. Iban nueve tripulantes y 56 pasajeros, cinco de ellos secuestradores: Marwan al Shehhi —el piloto de ese aparato—, Fayez Banihammad, Mohand al Shehri, Hamza al Ghamdi y Ahmed al Ghamdi. Antes de embarcar, Shehhi y Atta hablaron tres minutos por teléfono en el aeropuerto. Fue su última conversación.

Hacia las 8:42, todavía en manos de sus pilotos, el United 175 avisó a control de que había oído una "transmisión sospechosa" de otro avión. Era Mohamed Atta, en el American 11, hablando por error en la frecuencia abierta. Poco después, entre las 8:42 y las 8:46, secuestraron el 175 sobre el noroeste de Nueva Jersey. Quien ya estaba en el cockpit cambió el código del transpondedor: en las pantallas de tierra el vuelo dejó de ser fácil de seguir.

Pasajeros y tripulantes llamaron a familiares y a la aerolínea. Relataron que habían tomado la cabina y que el avión bajaba. A las 9:03:11 el 175 se estrelló contra la cara sur de la Torre Sur, entre los pisos 77 y 85. Un motor y otros restos atravesaron el edificio y cayeron a varias manzanas. Las cámaras que ya enfocaban el humo de la Torre Norte grabaron el impacto. Hasta ese segundo muchos hablaban de un accidente. El segundo avión acabó con esa idea.

Los 19, según la Comisión

El informe identifica a los diecinueve hombres de Al Qaeda por nombre y origen. Quince eran saudíes. Los otros cuatro eran Mohamed Atta, egipcio; Marwan al Shehhi y Fayez Banihammad, emiratíes; y Ziad Jarrah, libanés. No llegaron juntos ni el mismo año. La Comisión los divide en dos grupos: los que debían pilotar los aviones y los llamados "musculosos", reclutados sobre todo en Arabia Saudí para imponer el secuestro en cabina.

El cerebro operativo del plan fue Khalid Sheikh Mohammed. Bin Laden lo autorizó y lo financió desde Afganistán. Varios de los 19 pasaron por campos de entrenamiento allí. 

El núcleo que acabó a los mandos de tres aviones —Atta, Shehhi y Jarrah— se había formado antes en Hamburgo: compartieron piso, mezquita y el paso hacia Al Qaeda. Atta se impuso como jefe en suelo estadounidense

Hani Hanjour, saudí con horas de vuelo previas, se sumó como piloto del aparato que golpeó Washington. Lo acompañaban Khalid al Mihdhar, Nawaf al Hazmi, Salem al Hazmi y Majed Moqed. 

Mihdhar y Nawaf al Hazmi estaban en el país desde 2000 y habían vivido en California. La CIA tenía sus nombres y aun así embarcaron.

Según la Comisión, muchos entraron con visado de turista o de estudiante y se entrenaron en escuelas de vuelo civiles de Florida y Arizona. El informe concluye que nadie encajó a tiempo ese patrón con las alertas de 2001.

El Pentágono, 9:37

El American Airlines 77 era un Boeing 757 con destino a Los Ángeles. Despegó del aeropuerto de Dulles, junto a Washington, a las 8:20. Iban 58 pasajeros, cinco de ellos secuestradores, y seis tripulantes. 

La Comisión sitúa el secuestro entre las 8:51 y las 8:54: el avión dejó de responder, apagó el transpondedor y se desvió hacia la capital. En tierra, durante minutos, controladores y militares no supieron con claridad qué aparato era ni hacia dónde iba. El informe describe esa laguna con dureza: mientras el 77 se acercaba al Potomac, parte del sistema seguía buscando un vuelo que ya no existía como tal.

A las 9:37:46 el avión se estrelló contra la fachada oeste del Pentágono, el lado que estaba en obras. La Comisión registra la muerte de todos los que iban a bordo y de 125 personas en el edificio, entre personal del Departamento de Defensa y equipos de emergencia. El impacto abrió un boquete de varios pisos. El fuego y el derrumbe parcial de aquel sector complicaron el rescate.

El vuelo que no llegó a su blanco

El United 93 era un Boeing 757 con destino a San Francisco. Debía salir de Newark a las 8:00; despegó con 42 minutos de retraso, a las 8:42. Ese desfase, dice la Comisión, cambió el día: cuando lo secuestraron, las torres ya ardían y el Pentágono había sido golpeado. Lo pilotaban Jason Dahl y LeRoy Homer. Iban siete tripulantes y 37 pasajeros, cuatro de ellos secuestradores —no cinco, como en los otros vuelos—: Ziad Jarrah, el piloto; Ahmed al Haznawi, Ahmed al Nami y Saeed al Ghamdi.

La última comunicación rutinaria fue hacia las 9:27. Un minuto después, sobre Ohio, se oyen gritos en la cabina. La Comisión sitúa el secuestro a las 9:28. El avión gira al sureste, hacia Washington. Jarrah, en la frecuencia, dice que hay una bomba a bordo y pide a los pasajeros que se sienten.

En los asientos de atrás empiezan las llamadas. Los pasajeros Tom Burnett, Jeremy Glick, Mark Bingham, Todd Beamer y varios más hablan con familiares y con una operadora. Les cuentan lo de Nueva York y el Pentágono. Acuerdan actuar. La caja negra registra el forcejeo, el "Let’s roll" atribuido a Beamer y el momento en que intentan entrar en la cabina.

A las 10:03:11 el 93 se estrella en un campo cerca de Shanksville, Pensilvania, a toda velocidad y boca abajo. Nadie a bordo sobrevive. En tierra no hay más muertos. El informe concluye que el blanco más probable era el Capitolio o la Casa Blanca —Khalid Sheikh Mohammed señaló el Capitolio— y que la revuelta impidió que el avión llegara. Fue el único de los cuatro que no alcanzó la ciudad que buscaba.

Nueva York se viene abajo

En el World Trade Center la evacuación y el rescate se cruzaron en las mismas escaleras. Quienes podían bajar lo hacían. Los de Bomberos de Nueva York, la Policía y Port Authority subían, a menudo sin saber qué pisos estaban cortados. El informe dedica un capítulo entero a esa mañana en las torres: radios que no se hablaban entre sí, mandos que no se oían en la planta alta y órdenes que no llegaban a quien ya estaba dentro.

La Torre Norte, golpeada a las 8:46 entre los pisos 93 y 99, dejó sin salida a quienes estaban por encima del impacto. La Sur, herida a las 9:03 más abajo —entre el 77 y el 85—, se vino abajo primero, a las 9:59, 56 minutos después del choque. La Norte resistió hasta las 10:28. Por la tarde, a las 17:20, se derrumbó el 7 World Trade Center, dañado por los escombros y el fuego. La Comisión describe cómo, en muchos pisos altos, la única certeza fue que no había camino hacia abajo.

El recuento oficial de aquel día, el que usa el informe y las cifras posteriores, es de 2.977 muertos, sin los 19 secuestradores: 2.753 en Nueva York, 184 en el Pentágono y 40 en Shanksville. Fue el ataque más letal en suelo estadounidense. Las muertes por enfermedades de quienes trabajaron en los escombros vinieron después y no entran en esa cifra del 11 de Septiembre.

Cuando el Estado ensayaba la guerra anterior

La Comisión del 11-S explica por qué, a las 8:46 de aquella mañana, el Estado seguía preparado para un conflicto que ya no existía. El protocolo de secuestro aéreo era el de los años setenta: el avión aterriza, se negocia, los cazas escoltan. Nadie había entrenado de verdad la hipótesis de un avión comercial convertido en misil.

Cuando hizo falta, la FAA y el NORAD no compartían ni el mismo mapa. Se persiguieron vuelos que ya se habían estrellado y otros que no existían. Los F-15 y F-16 despegaron tarde, a menudo hacia un punto vacío, y sin reglas claras sobre si podían derribar un avión civil lleno de pasajeros. La orden de derribo llegó cuando tres aviones ya habían impactado y el cuarto se precipitaba en Pensilvania.

​El informe, publicado en 2004, rechaza la idea de la sorpresa absoluta. Al Qaeda había volado las embajadas de Nairobi y Dar es Salaam en 1998 y agujereado el USS Cole en 2000. En el verano de 2001 la comunidad de inteligencia hablaba de un golpe grande de Bin Laden. El 6 de agosto el presidente recibió el informe diario titulado "Bin Ladin Determined to Strike in US".

El FBI tenía, en Phoenix, un aviso de que saudíes se apuntaban a escuelas de vuelo
. En Minnesota tenía detenido a Zacarias Moussaoui, un hombre de Al Qaeda que pagaba un simulador de 747. La CIA tenía fichados a Mihdhar y Hazmi, dos de quienes luego embarcaron hacia el Pentágono. Esos nombres no llegaron a tiempo a una lista que les impidiera volar.

El FBI investigaba delitos dentro del país. La CIA seguía a terroristas fuera. Por normas internas y por costumbre casi no se cruzaban listas ni nombres; a veces ni siquiera dentro del propio FBI. La Comisión llama a eso un "muro": cada uno tenía un trozo del puzzle y nadie lo armó entero.
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