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Un respiro para el Atlántico: prevén la temporada de huracanes más tranquila en 13 años

Los especialistas atribuyen esta disminución en la actividad al fortalecimiento de El Niño, que podría convertirse en uno de los episodios más intensos registrados.

Huracán Melissa al sureste de Jamaica (Archivo)

Huracán Melissa al sureste de Jamaica (Archivo)AFP.

Diane Hernández
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La temporada de huracanes del Atlántico de 2026 podría convertirse en la menos activa de los últimos 13 años. Así lo indica la actualización del pronóstico elaborada por investigadores de la Universidad Estatal de Colorado (CSU), que prevé una actividad ciclónica muy por debajo del promedio histórico debido al fortalecimiento del fenómeno de El Niño.

Solo nueve tormentas con nombre

De acuerdo con el informe citado por The Washington Post, durante toda la temporada se formarían apenas nueve tormentas con nombre, frente al promedio histórico de 14,4 sistemas. Hasta el momento, la tormenta tropical Arthur ya rozó la costa de Texas entre el 17 y el 18 de junio.

De las ocho tormentas restantes previstas para este año:

  • Cuatro alcanzarían la categoría de huracán.
  • Solo una se convertiría en un huracán mayor, es decir, de categoría 3 o superior.
  • Menor riesgo para Estados Unidos.

El pronóstico también reduce significativamente la probabilidad de que un huracán de gran intensidad impacte directamente en el país.

Los investigadores estiman apenas un 17 % de probabilidad de que un huracán mayor toque tierra en el país, muy por debajo del 43 %, que suele ser el riesgo promedio en una temporada.

Otro indicador que refleja la baja actividad esperada es la Energía Ciclónica Acumulada (ACE), una medida que cuantifica la energía total generada por las tormentas tropicales y huracanes. Para este año, se proyecta que la ACE alcance solo el 40 % del promedio histórico, especialmente baja en el Atlántico occidental, la región con mayor influencia sobre Estados Unidos.

El Niño, la principal explicación

Los especialistas atribuyen esta disminución en la actividad al fortalecimiento de El Niño, que podría convertirse en uno de los episodios más intensos registrados.

El calentamiento de las aguas del Pacífico tropical favorece el desarrollo de tormentas en esa cuenca, pero al mismo tiempo modifica la circulación atmosférica sobre el Atlántico.

Este proceso provoca dos efectos principales:

  • Incrementa la cizalladura del viento, es decir, los cambios en la velocidad y dirección del viento con la altura, dificultando la formación y fortalecimiento de ciclones tropicales.
  • Favorece el descenso de masas de aire sobre el Atlántico, inhibiendo el desarrollo de nuevas tormentas.

Además, las temperaturas superficiales del Atlántico se encuentran más cercanas a sus valores normales, lejos del calor excepcional registrado en las últimas temporadas, otro factor que limita la formación de ciclones intensos.

La baja actividad no elimina el riesgo

Pese al pronóstico favorable, los expertos advierten que una temporada con pocas tormentas no garantiza ausencia de desastres.

​"Como ocurre en todas las temporadas de huracanes, basta con que un solo huracán toque tierra para que se considere una temporada activa", recordaron los meteorólogos de la Universidad Estatal de Colorado.

​Como ejemplo, citaron la temporada de 1992, que registró una actividad ciclónica inferior al promedio y solo produjo un huracán mayor. Sin embargo, ese único sistema fue Andrew, un huracán de categoría 5 que devastó el sur de Florida y dejó daños catastróficos.
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