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ANÁLISIS

Dos décadas después de 'Una verdad incómoda', ¿qué dicen los datos sobre las predicciones de Al Gore?

Hace dos décadas, la película documental Una verdad incómoda de Al Gore alertaba sobre un colapso climático inminente. Sin embargo, según el experto danés Bjorn Lomborg, los datos de estos 20 años muestran un panorama diferente: a pesar del calentamiento global, la humanidad es hoy mucho más segura ante los desastres y ha fortalecido notablemente su resiliencia.

El exvicepresidente de Estados Unidos y fundador del Climate Reality Project, Al Gore

El exvicepresidente de Estados Unidos y fundador del Climate Reality Project, Al GoreAFP.

Carlos Dominguez
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Hace veinte años, la película documental Una verdad incómoda, protagonizada por el exvicepresidente estadounidense Al Gore, se convirtió en un referente global sobre el cambio climático. Con imágenes impactantes y un mensaje urgente, alertaba sobre un futuro catastrófico impulsado por el calentamiento global: huracanes más frecuentes y destructivos, incendios forestales descontrolados, osos polares en peligro de extinción y desastres climáticos cada vez más mortales. El filme instaba a una acción inmediata y decisiva para reducir emisiones.

Sin embargo, según un análisis del experto danés Bjorn Lomborg, presidente del Copenhagen Consensus e investigador visitante en la Hoover Institution de la Universidad de Stanford, publicado en el Financial Post, dos décadas después los datos globales ofrecen un panorama más matizado que invita a una evaluación rigurosa. 

Lejos de confirmar un colapso inminente, las evidencias disponibles sugieren que la humanidad ha avanzado notablemente en resiliencia, aunque persisten desafíos reales que requieren soluciones pragmáticas.

Mortalidad por desastres climáticos: una caída drástica

Uno de los mensajes centrales del documental era que el cambio climático estaba provocando desastres climáticos cada vez más frecuentes y mortales. Sin embargo, las cifras globales del último siglo muestran una realidad muy diferente: a pesar de que la población mundial se cuadruplicó, las muertes causadas por estos eventos se han reducido drásticamente.

En la década de 1920, los desastres relacionados con el clima cobraban en promedio casi 500.000 vidas cada año. Hoy esa cifra ha caído por debajo de las 10.000 muertes anuales, lo que equivale a una disminución superior al 97 %.

De acuerdo con el autor, "sociedades más ricas e inteligentes nos han vuelto considerablemente más seguros, demostrando que la adaptación y la resiliencia funcionan mucho mejor que el alarmismo". 

Esto no significa negar la realidad del cambio climático, pero sí pone en duda la idea de una catástrofe humanitaria inevitable y fuera de control.

Huracanes, incendios y osos polares: predicciones vs. realidad

El filme de Gore anticipaba un aumento en la frecuencia e intensidad de los huracanes debido al cambio climático. Sin embargo, los datos satelitales globales desde 1980 muestran una ligera disminución tanto en la frecuencia como en la energía total de estos fenómenos.

Algo similar ocurre con los incendios forestales. Según datos de la NASA citados por Lomborg, el área quemada anualmente a nivel global ha disminuido más de un 25% en los últimos 25 años. Aunque en Estados Unidos los incendios recientes han sido graves por, según el autor, mala gestión forestal, el Dust Bowl de la década de 1930 fue aproximadamente cinco veces peor. En el resto de los continentes, la tendencia es a la baja.

Respecto a los osos polares, presentados como símbolo de un colapso ecológico inminente y supuestamente ahogándose por el derretimiento del hielo, la población ha aumentado de alrededor de 12.000 individuos en la década de 1960 a más de 26.000 en la actualidad. Lomborg señala que la principal amenaza histórica fue la caza, no el cambio climático.

El estancamiento de la transición energética

La película promovió reducciones agresivas de emisiones como solución factible. No obstante, el consumo de combustibles fósiles ha continuado creciendo, impulsado por su accesibilidad y fiabilidad, que favorecen el desarrollo económico. Las emisiones globales han alcanzado récords casi todos los años desde 2006.

Según la Agencia Internacional de Energía, en 2006 el 82,6% de la energía mundial provenía de fósiles; en 2023, según el autor, esa proporción era del 81,1%. Al ritmo actual, se necesitarían más de seis siglos para alcanzar cero emisiones. Aunque la energía solar y eólica se han abaratado considerablemente, su intermitencia obliga a mantener sistemas de respaldo —generalmente fósiles—, duplicando costos. Las baterías, salvo excepciones, solo cubren minutos, no horas.

El costo global de las políticas climáticas desde 2006 supera los $16 billones. En EEUU, la Inflation Reduction Act destinó cientos de miles de millones a tecnologías verdes, pero los esfuerzos de los países ricos —responsables solo del 13% de las emisiones proyectadas para el resto del siglo— tienen un impacto limitado. 

El autor señala que países emergentes como China, India y África impulsan la mayor parte del aumento. Incluso si las naciones ricas lograran cero neto a mediados de siglo, el efecto en el calentamiento global para 2100 sería inferior a 0,1°C, según modelos del Panel Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático (IPCC).

Impactos económicos y lecciones para el futuro

Bjorn Lomborg afirma que el cambio climático es un problema real, pero las proyecciones más sólidas indican que podría reducir el PIB global en torno a un 2-3% hacia 2100. En contexto, la ONU estima que el ciudadano promedio será 4,5 veces más rico al final del siglo. Sin embargo, "los impactos del cambio climático reducen esa cifra a solo 4,35 veces más rico". 

El mayor error de Una verdad incómoda, según Lomborg, fue no priorizar enfoques más inteligentes. 

"Necesitamos priorizar la innovación. La investigación y el desarrollo (I+D) orientada a conseguir mejores baterías, energía nuclear avanzada y fusión podría reducir drásticamente los costos, haciendo que la energía limpia sea más barata que los combustibles fósiles. La adaptación, que incluye diques, cultivos resistentes a la sequía y sistemas de alerta temprana, salva vidas de forma económica. Y el desarrollo económico saca a miles de millones de personas de la pobreza, fortaleciendo su resiliencia".

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