Trump firmó una orden para reestructurar las vacunas infantiles y ordena investigar las causas del autismo
Uno de los aspectos más controvertidos del decreto radica en la modificación de la administración de la vacuna contra el sarampión, las paperas y la rubéola (MMR).

Donald Trump habla tras firmar una orden ejecutiva que exige más investigación y flexibilidad en materia de vacunas, este 10 de agosto.
El presidente Donald Trump firmó una orden ejecutiva, a la que han tenido acceso medios como CBS News, destinada a establecer un nuevo marco de recomendaciones para la vacunación infantil, alterando directrices regulatorias que rigieron durante décadas el ingreso a los centros educativos.
Durante la presentación del documento, el mandatario vinculó explícitamente la necesidad de esta reforma con los índices actuales de diagnósticos de autismo en el país. La medida establece una reducción en el volumen de dosis recomendadas y clasifica los fármacos en distintas categorías.
Bajo este nuevo esquema, solo un grupo de vacunas esenciales se mantendrá de forma generalizada, mientras que inoculaciones contra el virus sincitial respiratorio (VSR) y las hepatitis A y B quedarán reservadas exclusivamente para menores identificados dentro de la población de alto riesgo.
Segmentación de dosis y autonomía médica
Uno de los aspectos más controvertidos del decreto radica en la modificación de la administración de la vacuna contra el sarampión, las paperas y la rubéola (MMR).
La orden ejecutiva propone que este componente deje de aplicarse en una sola dosis combinada y se fragmente en tres inyecciones independientes, administradas en visitas médicas separadas a lo largo de un año o año y medio. En declaraciones, el presidente contrastó la situación actual con las políticas sanitarias del pasado.
“Hace décadas, los niños recibían solo una pequeña fracción de las vacunas que se requieren hoy”, afirmó el presidente. “En esos tiempos, las personas eran mucho más saludables y, por supuesto, las altas tasas de autismo que se observan ahora no existían. Por lo tanto, hay una razón para tales tasas epidémicas de autismo. Y vamos a lograr que vuelvan a estar mucho más cerca de lo que estaban”.
Trump reconoció que el origen exacto de la condición sigue bajo investigación, pero defendió la conveniencia de dosificar la carga inmunológica: "Estamos reduciéndolas, estamos cambiándolo a visitas a lo largo de un período de un año, un año y medio, para que reciban el 20% de lo que habrían recibido en una sola gran inyección".
Ofensiva científica y tensiones regulatorias
Para ejecutar los objetivos del decreto, el Departamento de Salud y Servicios Humanos (HHS) dispondrá de un plazo de 90 días para evaluar la cronología y secuenciación de los componentes biológicos.
El secretario del HHS, Robert F. Kennedy Jr., anunció que la Agencia de Proyectos de Investigación Avanzada para la Salud iniciará una línea de investigación enfocada en la biología y las causas fundamentales del autismo. Kennedy aseguró que las agencias federales examinarán cada hipótesis biológicamente plausible sin dejar preguntas científicas legítimas sin explorar.
La directiva presidencial se suscita en un escenario de fricción previa entre las agencias gubernamentales y las asociaciones de especialistas.
A principios de año, los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC) habían sugerido una reducción a 11 enfermedades cubiertas, postura que fue rechazada por la Academia Americana de Pediatría, la cual insistió en mantener la protección contra 18 patologías.
Posteriormente, un tribunal federal bloqueó las modificaciones de los CDC por vicios de procedimiento, lo que impulsó al ejecutivo a intervenir mediante la vía del decreto.
El cambio de paradigma ha provocado un rechazo cerrado en los sectores tradicionales de la medicina, incluyendo al senador republicano Bill Cassidy y a portavoces de la Academia Americana de Pediatría, quienes argumentaron que alterar los cronogramas incrementa la desconfianza pública y eleva el peligro ante brotes de enfermedades infecciosas.
No obstante, la orden argumenta que los ajustes buscan armonizar los protocolos norteamericanos con las prácticas de naciones pares, resguardando la libertad religiosa y la autoridad de los padres en las decisiones médicas de sus hijos.