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¿Hacia una intervención en Cuba? Washington eleva la presión en el Caribe

El presidente prefiere una solución diplomática, pero no permitirá que la isla se degrade hasta convertirse en una amenaza mayor para la seguridad nacional

Basura amontonada en las calles de La Habana.

Basura amontonada en las calles de La Habana.Yamil LAGE/AFP.

Andrés Ignacio Henríquez

La política exterior de la administración Trump hacia el hemisferio occidental parece haber entrado en una fase de máxima presión sobre el régimen de La Habana.

Tras el reciente golpe estratégico que supuso la captura de Nicolás Maduro, Cuba ha quedado aislada de su principal suministrador de crudo, profundizando una crisis energética que Washington observa con atención.

En las últimas semanas, la retórica proveniente de la Casa Blanca y el Departamento de Estado ha escalado a niveles no vistos en décadas. Según un análisis de datos de vuelo publicado por CNN y recogido por diversos medios, los vuelos de vigilancia y reconocimiento estadounidense frente a las costas cubanas han experimentado un aumento significativo desde febrero.

Este despliegue técnico, sumado a las declaraciones presidenciales, ha reavivado el debate sobre una posible intervención militar bajo una versión renovada de la Doctrina Monroe, tal y como señala Axios.

"Comunistas incompetentes": El diagnóstico de Marco Rubio

El secretario de Estado, Marco Rubio, hijo de inmigrantes cubanos y arquitecto clave de la política regional, ha sido tajante al evaluar la viabilidad del sistema actual en la isla. Durante una reciente comparecencia ante la prensa, Rubio afirmó que el modelo económico cubano es irreparable.

"La razón por la que no pueden arreglarlo no es solo porque sean comunistas. Eso ya es suficientemente malo", declaró Rubio. "Pero son comunistas incompetentes. Lo único peor que un comunista es uno incompetente".

Este diagnóstico de "Estado fallido" es compartido en los pasillos de la Casa Blanca. Un alto funcionario de la administración señaló a Axios que el régimen ha demostrado una "indiferencia total ante el sufrimiento del pueblo" y se ha negado a implementar reformas que permitan la entrada de asistencia humanitaria vital.

Según la misma fuente, el presidente prefiere una solución diplomática, pero no permitirá que la isla se degrade hasta convertirse en una amenaza mayor para la seguridad nacional de los Estados Unidos.

El factor disuasorio: Portaviones y acciones a distancia

La postura del presidente Trump ha oscilado entre la advertencia militar y la confianza en un colapso interno inminente. El pasado viernes, el mandatario sugirió que un grupo de combate de portaviones que regresa de Medio Oriente podría ser posicionado frente a las costas cubanas como una herramienta de persuasión definitiva.

Con su estilo característico, Trump planteó un escenario de rendición rápida ante la presencia del poder naval estadounidense: "Podrían entrar, detenerse a unas 100 yardas de la costa, y ellos dirán: 'Muchas gracias. Nos rendimos'".

Aunque el presidente brasileño, Luiz Inácio Lula da Silva, afirmó que Trump le aseguró en privado no tener intenciones de invadir, los movimientos militares sugieren que todas las opciones permanecen sobre la mesa.

Expertos como Sebastián Arcos, del Instituto de Estudios Cubanos de la Universidad Internacional de Florida, consideran que el enfoque de Washington podría haberse reactivado tras el estancamiento del conflicto en Irán.

Arcos plantea que, más que una invasión con tropas en el terreno, el gobierno estadounidense podría optar por una "acción militar a distancia" diseñada para fracturar el liderazgo del régimen y permitir el surgimiento de una nueva dirección política.

La imposición de nuevas sanciones el pasado jueves ha sido calificada por el canciller cubano como un "castigo colectivo", mientras la isla enfrenta un "bloqueo energético" que paraliza su economía.

Para Washington, estas medidas no son sino la respuesta necesaria ante un régimen que ha perdido el sostén de Caracas y que se tambalea bajo su propio peso ideológico.

Con la llegada del 20 de mayo, fecha que marca el Día de la Independencia de Cuba, el clima de expectación y ansiedad crece tanto en Washington como en La Habana. La administración Trump parece convencida de que el tiempo del régimen se agota y, como ha expresado el propio presidente, Estados Unidos estará allí "para ayudarlos" cuando la caída se concrete.

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