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Sr. y Sra. Mamdani: peligroso engaño que gobierna Nueva York

La trágica llegada de Mamdani al poder se estudiará en los libros de historia. Sus absurdas promesas económicas se están desmoronando con la misma velocidad con que se instaló en Gracie Mansion

New York mayor-elect Zohran Mamdani (C) places his hand on a Quran

New York mayor-elect Zohran Mamdani (C) places his hand on a QuranAFP.

Zohran Mamdani llegó a la alcaldía de Nueva York vendiéndose como algo que no es. Esa es, en esencia, la historia de su ascenso político: un socialista de fachada amable, moderno, razonable, que promete metro gratis y vivienda asequible y que habla con la moderación de quien no quiere asustar. Esto por sí mismo sería un caso más de un político que exagera sus promesas (lo esperable), pero las mentiras de Mamdani no son las mentiras ordinarias del oportunismo electoral. Son las mentiras de alguien que llegó al poder repudiando los valores fundacionales y al sistema que lo acoge, y cuya esposa, a quien llama "el amor de su vida", celebró uno de los ataques terroristas más brutales de este siglo.

Y es que se conoció que el 7 de octubre de 2023, mientras el ataque de Hamás contra Israel todavía se desarrollaba (mientras los cuerpos masacrados de familias enteras aún estaban calientes, y mientras los rehenes eran arrastrados a Gaza), la esposa del alcalde de Nueva York, Rama Duwaji, daba "me gusta" en sus redes sociales a decenas de publicaciones que celebraban la masacre como "liberación colectiva".

No fueron uno o dos clics en un momento de confusión o desinformación. No hubo errores, y menos señales de arrepentimiento. La señora Mamdani apoyó más de setenta interacciones documentadas, según reportaron The Free Press y Jewish Insider, que incluían afirmaciones sobre un supuesto "engaño de violación masiva" el 7 de octubre, y acusaciones de "genocidio" contra Israel formuladas dos semanas antes de que las Fuerzas de Defensa israelíes lanzaran su contraofensiva. La señora Mamdani se plegó al libelo del “genocidio” antes de que hubiera un solo soldado israelí en Gaza y, por supuesto, respaldó las protestas violentas en los campus universitarios.

Duwaji no anda con rodeos. Para que se termine de entender su perfil, cabe señalar que sigue cuentas que glorifican a los "mártires" palestinos y al Frente Popular para la Liberación de Palestina, organización designada como terrorista por el Gobierno de los Estados Unidos.

Cuando salió a la luz esta información, el sinuoso Mamdani eligió cuidadosamente sus palabras. "Mi esposa es el amor de mi vida", dijo, "y también es una persona reservada que no ha ocupado ningún cargo formal en mi campaña ni en mi ayuntamiento". Una respuesta diseñada para sonar humana, afectuosa, privada. Pero que claramente no condena nada, ni se distancia de nada sustancial. El amor conyugal es un pésimo escudo ante la pregunta de si el alcalde de Nueva York está casado con una persona monstruosa. Los norteamericanos merecen saber si el jefe de la ciudad más importante del país, con la comunidad judía más grande de Estados Unidos, comparte o tolera la visión de su esposa sobre el segundo mayor asesinato de judíos desde el Holocausto.

Aquí no se trata de exigir que los cónyuges de funcionarios públicos sean extensiones políticas de sus maridos o esposas o, incluso, personas sin derecho a la opinión o a la intimidad. Pero desde el momento en que una persona, “políticamente comprometida” por ser familiar de un servidor público tan encumbrado, decide pronunciarse en una cuenta pública y nada menos que para celebrar una masacre, algo en la moral más elemental se pone en juego. No es una diferencia de criterio ni una disputa doméstica. Ni siquiera es una diferencia política, es una postura moral fundamental.

¿Se trata de coherencia ideológica? Porque Duwaji no llega a estas posiciones desde una ideología ajena a la de su marido: ambos comparten el marco "decolonial" con el que Mamdani aborda el conflicto en Gaza y, en realidad, casi todo lo demás. El pensamiento decolonial, en su versión activista woke, divide el mundo en dos categorías permanentes e irreconciliables: colonizadores y colonizados, opresores y oprimidos. En esa grilla, para el matrimonio Mamdani, Israel es siempre el opresor. Ahora sabemos que para la esposa del alcalde, Hamás es resistencia. Entonces, ¿si la violencia pertenece al grupo “oprimido”, es legítima para la señora Mamdani? Su esposo ha dicho otra cosa sobre Hamás… ¿han debatido esta contradicción en el seno de la pareja? ¿A qué conclusión llegaron?

Esta lógica decolonial no se detiene en Medio Oriente. Aplicada a Estados Unidos convierte al país en una estructura colonial que no merece defensa sino deconstrucción. La policía, las alianzas militares, el propio concepto de orden público: todo es, en esa cosmovisión, un andamiaje del opresor. Se trata de una doctrina con consecuencias políticas concretas, ¿es ese el plan de los señores Mamdani?

Vale la pena hacer el ejercicio. Imaginemos que la esposa de un alcalde recién electo hubiera dado "me gusta", setenta veces, a publicaciones que celebraran linchamientos de negros, que negaran las atrocidades de la esclavitud, que describieran la trata de personas como "liberación colectiva". Imaginemos que esa misma señora siguiera cuentas que glorifican a los asesinos de activistas por los derechos civiles. La carrera política de ese alcalde no duraría 48 horas. No habría conferencia de prensa, no habría "el amor de mi vida", no habría artículo del New York Times sobre la complejidad de su guardarropa.

Con justicia y razón, habría una exigencia unánime de explicaciones y un repudio inmediato para el cónyuge en cuestión. Ese experimento mental sirve para mostrar el doble estándar en su forma más desnuda: los judíos, en la cosmovisión decolonial, son "colonizadores" y su martirio no es tragedia.

La trágica llegada de Mamdani al poder se estudiará en los libros de historia. Sus absurdas promesas económicas se están desmoronando con la misma velocidad con que se instaló en Gracie Mansion. Durante la campaña, prometió una ciudad donde las cosas esenciales serían gratuitas o casi gratuitas, una clara ficción electoral. Apenas días después de su asunción, las tarifas del transporte subieron y el flamante alcalde explicó que no tiene potestad sobre las mismas, lo cual es cierto y es, precisamente, lo que hacía irresponsable haberlas prometido en primera instancia. Ahora enfrenta un déficit presupuestario millonario y está evaluando eliminar el estacionamiento gratuito. Los neoyorquinos están pagando, en el sentido más literal, el costo de creer en una peligrosa fantasía.

Pero las mentiras más reveladoras de Mamdani no son sobre tarifas, son ideológicas y se construyen en tiempo real, frente a las cámaras. Esta misma narrativa distorsionada se traslada a la seguridad de la ciudad.

Este fin de semana, dos terroristas islámicos inspirados por ISIS lanzaron un artefacto explosivo letal hacia la policía que custodiaba a una multitud de manifestantes antimusulmanes en la ciudad de Nueva York. Si no estamos lamentando víctimas no es porque la bomba, cargada con potentes explosivos y proyectiles como clavos y tornillos, no fuera diseñada para matar, sino porque no detonó.

Las dos personas fueron identificadas en los medios como Ibraham Kayumi, de 19 años, y Emir Balat, de 18. Según el New York Post, ambos habían viajado a Turquía y a otros destinos vinculados a redes terroristas. Ambos consumían propaganda de ISIS y gritaron "¡Allahu akbar!". Según las primeras versiones periodísticas, ambos provenían de familias de inmigrantes musulmanes que habían llegado a EE. UU. y conseguido su sueño americano, incluido un buen pasar económico.

Pese a que funcionarios de su Gobierno brindaron todos estos datos, Mamdani publicó una declaración en la que culpaba al "supremacismo blanco" de los acontecimientos, además de intolerancia y racismo. No mencionó a los atacantes, ni a sus bombas ni a ISIS. Aun cuando la evidencia era incontestable y los videos circulaban de forma viral mostrando la realidad de lo sucedido.

No fue torpeza política, es el mismo patrón que le impide condenar a su esposa. El enemigo, en la cosmovisión de Mamdani, es ideológico, y se atiene a su tergiversada narrativa aunque los hechos indiquen otra cosa. La ciudad de Nueva York mere ce saber qué clase de mentiras está comprando. Zohran Mamdani podría ser uno de los engaños políticos más elaborados de la historia reciente de EE. UU.

Pero el problema con ese diagnóstico es que aún lo subestima. Quien está gobernando Nueva York no es un socialista naíf con promesas irrealizables. Es alguien que comparte la vida con quien aplaudió en tiempo real el asesinato de 1.200 personas, y que es incapaz de distinguir entre un terrorista y un manifestante. Estas no son las mentiras de alguien que promete demasiado para ganar votos. Son las mentiras de alguien que llegó al poder con una visión del mundo en la que Estados Unidos y sus aliados son el problema, y sus enemigos declarados son, en el fondo, “quienes tienen motivos y razón”. Esto explica por qué Mamdani no puede condenar al terrorismo yihadista que puso bombas frente a su casa: hacerlo requeriría abandonar el mapa mental con el que él y su esposa leen el mundo desde hace años.

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