Diseñada para fallar: lo que el nuevo expediente de Estados Unidos revela sobre UNRWA
De las aulas a los túneles de Hamás, UNRWA se convirtió en una pieza clave para perpetuar el conflicto palestino

A woman walks past the closed UN agency for Palestinian refugees UNRWA
La Oficina del Inspector General de USAID (un cuerpo de investigación con facultades de aplicación de la ley, separado de la ya desmantelada agencia de cooperación) transmitió al Departamento de Estado, el viernes 5 de junio, un informe que recomienda incluir en la lista negra federal a 101 empleados, actuales y antiguos, de la Agencia de Naciones Unidas para los Refugiados de Palestina (UNRWA). El motivo: participación en la masacre del 7 de octubre de 2023 o afiliación a las Brigadas al-Qassam, el brazo armado de Hamás.
No son administrativos anónimos. Según el expediente, entre los señalados hay directores y subdirectores de escuela, maestros, personal de seguridad, consejeros psicosociales y profesionales de la salud. Un subdirector de escuela era, además, subcomandante de compañía de al-Qassam. Otro era jefe de escuadra de la Brigada de Jan Yunis. Un maestro de matemáticas y computación tenía vínculos con una célula de inteligencia de al-Qassam. Un tercer instructor figuraba con "experiencia como francotirador" de Hamás. Y un subdirector de escuela operaba como comandante de pelotón del batallón de Nuseirat, con responsabilidades de comunicaciones el propio 7 de octubre. Otro maestro tenía órdenes de trasladar dos misiles antitanque a un punto determinado durante el ataque. Y un director de escuela estaba asignado al departamento químico de una unidad de fabricación militar de Hamás: su escuela tenía tres posiciones antitanque y el pozo de un túnel debajo del edificio.
Con esta tanda, el total de personas que la investigación derivó al Departamento de Estado para su suspensión o inhabilitación asciende a 108, con la inhabilitación efectiva de Hafez Mousa Mohammed Mousa, director de escuela de UNRWA y operativo del batallón de Hamás de Jabaliya Este, que coordinó comunicaciones durante el ataque constituyéndose en la primera persona empleada de una agencia humanitaria que Estados Unidos inhabilita por terrorista. El organismo anticipa nuevas derivaciones, posibles causas penales ante el Departamento de Justicia, y advierte que trabaja para impedir la "recirculación" de actores ligados al terror entre las organizaciones de ayuda financiadas por Washington.
Según el reporte previo de Free Beacon, la pesquisa, apodada "Operation Stop the Carousel", abarcaría al menos 1.500 individuos vinculados a la agencia bajo sospecha de lazos terroristas, y varios organismos de la ONU habrían intentado obstruirla. El vocero del Departamento de Estado Tommy Pigott resumió la posición oficial sin rodeos: no es una sorpresa que otro centenar de empleados de UNRWA resultara involucrado en el ataque, y la administración no entregará un dólar a una agencia "totalmente infiltrada por Hamás". En efecto, es un patrón, no una excepción.
La reacción previsible será la de siempre: manzanas podridas, casos aislados, una agencia enorme donde algunos individuos delinquieron. Pero conviene desarmar ese argumento de entrada, porque la evidencia es contundente. Ya en enero de 2024, Israel informó a UNRWA sobre doce empleados presuntamente involucrados en el 7 de octubre. La agencia despidió a diez, porque los otros dos estaban muertos, antes de cualquier investigación, precisamente para no perder financiamiento.
La indagación posterior de la Oficina de Servicios de Supervisión Interna de la ONU concluyó que, en nueve de diecinueve casos, la evidencia podía indicar participación en los ataques. UNRWA terminó esos nueve contratos. Y el problema no se reduce a quienes empuñaron un arma el 7 de octubre. El Institute for Monitoring Peace and Cultural Tolerance in School Education (IMPACT-se) documentó que al menos catorce maestros y empleados de escuelas de UNRWA celebraron públicamente la masacre en sus redes sociales, y que al menos cien de los terroristas que ejecutaron el ataque son egresados del propio sistema educativo de la agencia.
UN Watch, por su parte, expuso un grupo de Telegram de tres mil maestros de UNRWA en Gaza saturado de mensajes que festejaban los asesinatos minutos después de que empezaran, llamaban "héroes" a los autores y reclamaban la ejecución de rehenes. Su director, Hillel Neuer, lo describió como "la madre de toda la incitación" al terrorismo yihadista de los docentes de la agencia. Cuando los maestros celebran la matanza, los directores comandan pelotones y las escuelas albergan posiciones antitanque y túneles, ya no se está frente a infiltrados que burlaron los controles. Se está frente a una institución permeada hasta el tuétano.
Los nuevos informes confirman esta diseñada permeabilidad: si en el primer recuento eran una docena y hoy la investigación abarca a mil quinientos, lo excepcional no es el terrorista dentro de UNRWA, sino el empleado que no tiene nada que ver con Hamás. ¿Por qué sigue existiendo UNRWA entonces? Porque si resulta evidente que la infiltración es el síntoma y no la enfermedad, también lo es que la enfermedad es el diseño.
La ONU tiene una sola agencia para atender a todos sus refugiados: el ACNUR. Atiende hoy a millones de personas en cada conflicto del planeta. Su definición de refugiado es individual y personal: alguien que no puede volver a su país por un temor fundado de persecución. El estatus no se hereda, y el objetivo institucional es explícito: reducir el número de refugiados, integrarlos, reasentarlos, resolver el problema. Existe una sola excepción en todo el sistema internacional: UNRWA, una agencia exclusiva para un único grupo, los palestinos, con la lógica exactamente inversa. Basta con sostener que se vivió en el Mandato Británico entre 1946 y 1948 para ser "refugiado", aunque la persona se haya reasentado hace décadas y construido una vida completa en otro país, y ese estatus se hereda indefinidamente, generación tras generación, sin límite temporal ni demográfico.
Las consecuencias aritméticas son delirantes. Unos 700.000 árabes se desplazaron durante la guerra que cinco ejércitos lanzaron contra el naciente Estado de Israel en 1948. Hoy UNRWA contabiliza casi seis millones de "refugiados palestinos". Aplicando la definición que rige para cualquier otro ser humano sobre la Tierra, la cifra real caería por debajo del 1%: la inmensa mayoría de los registrados son descendientes de personas que jamás pisaron el territorio, muchos de ellos ciudadanos plenos e integrados desde hace dos o tres generaciones en sus países. Entre los "refugiados" registrados figuran el magnate inmobiliario Mohamed Hadid y sus hijas supermodelos. Es la única población de refugiados del mundo que crece en lugar de menguar. UNRWA no administra una emergencia, perpetúa una bandera.
Una agencia concebida para que el problema nunca se resuelva necesita que el agravio se reproduzca. Y un aparato que emplea a decenas de miles de personas en un territorio donde Hamás controla cada canal de distribución de ayuda, no puede sino terminar capturado por el terrorismo. La infiltración del 7 de octubre no contradice la misión de UNRWA, más bien se puede decir que la corona.
UNRWA suele defenderse diciendo que las acusaciones no son evidencia, por eso cobra especial importancia el expediente del Inspector General de USAID que prepara causas penales. Cuando la propia investigación interna de la ONU termina cancelando nueve contratos por posible participación en una masacre, el argumento de que "las acusaciones no son evidencia" deja de ser un escudo y pasa a ser una confesión de hasta dónde llega el problema. La agencia no niega tener terroristas en sus filas: discute cuántos. Es un terreno perdido.
El expediente del Inspector General acelera un debate que ya estaba en marcha en Washington: despojar a UNRWA de su inmunidad diplomática, exponerla a demandas de las víctimas del terror y designarla formalmente como organización terrorista extranjera. Como señaló un alto funcionario del Departamento de Estado, si UNRWA no fuera un organismo de la ONU, ya estaría enfrentando sanciones por terrorismo a partir de lo que descubrió la investigación.
Mientras más datos se conocen, cabe preguntarse si existía algún empleado que no estuviera involucrado en esta turbia agencia de la ONU, incluyendo sus niveles directivos que han jugado un lamentable papel cubriendo y justificando el accionar del organismo desde el 7 de octubre de 2023 hasta que la evidencia los aplastó con su propio peso. También es necesario preguntarse por qué el mundo financió durante setenta y seis años una agencia cuya razón de ser nunca fue resolver la cuestión de los desplazamientos sino conservarlos, multiplicarlos y convertirlos en arma. Ahora sabemos que quienes educaron a generaciones completas de gazatíes no sólo los adoctrinaron y los usaron de escudos humanos, sino que abiertamente comandaban pelotones de Hamás. Parece que estos terroristas no traicionaron la misión de su empleador. La cumplieron.