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Crímenes de honor entre nosotros: el caso Ryan

​​En suburbios tranquilos, pueblos pequeños e incluso grandes ciudades, una práctica brutal sigue cobrándose vidas: el asesinato deliberado de hijas y hermanas en nombre del honor familiar. No son actos de ira impulsivos. Son planeados, a menudo colectivos, y ejecutados con una precisión escalofriante.

El caso Najjar en la prensa neerlandesa

El caso Najjar en la prensa neerlandesaYouTube/De Telegraaf.

La noche del 22 de mayo de 2024, Ryan Al Najjar, de 18 años, salió de su casa familiar en Joure, un pueblo del norte de los Países Bajos, acompañada de sus hermanos, Mohamed y Muhanad. La sacaron con una excusa falsa, la condujeron durante más de dos horas hasta una reserva natural y allí, siguiendo las instrucciones de su padre Khaled, la ataron de pies y manos, la amordazaron y la arrojaron viva a un pantano en el que se ahogó. Tuvo una muerte horrenda. Cuando encontraron su cuerpo seis días después, el ADN de su padre estaba bajo sus uñas.

Ryan pertenecía a una familia refugiada siria. Como a cualquier jovencita que viviera en la cultura occidental, le encantaba maquillarse y publicar videos en TikTok, tener amigos y divertirse. Tenía un novio holandés y se negaba a cubrirse la cabeza. Para su familia, que no aceptaba la cultura que los había refugiado, estas eran transgresiones imperdonables y le hicieron pagar por ellas con su vida.

El horrendo crimen de Ryan se encuentra ahora en pleno juicio. La fiscalía neerlandesa exigió 25 años de prisión para el padre y 20 años para cada uno de los hermanos. El juicio ha reavivado el debate nacional sobre la integración de los refugiados y los límites del multiculturalismo.

Crímenes de 'honor', un problema global

El asesinato de Ryan Al Najjar se encuadra en lo que se conoce como "crímenes de honor", un drama silenciado que expone los límites de la protección de las personas vulnerables en el marco de la guetización. Es uno de esos pocos casos en los que el sistema consiguió documentar cada pieza del rompecabezas: la víctima identificada, los perpetradores arrestados, el móvil confirmado, el ADN preservado, el contexto reconstruido. Sin embargo, en suburbios tranquilos, pueblos pequeños e incluso grandes ciudades, esta práctica brutal sigue cobrándose vidas: el asesinato deliberado de hijas y hermanas en nombre del honor familiar. No son actos de ira impulsivos. Son planeados, a menudo colectivos, y ejecutados con una precisión escalofriante.

En agosto de 2025, el Partido Laborista del Reino Unido anunció una legislación clara que define y aborda la violencia basada en el honor, reconociendo que el problema, lejos de disminuir, ha empeorado. Entre 2000 y 2022, hubo decenas de asesinatos en Noruega que se presume tienen el asesinato por honor como motivo. Se estima que cada año se cometen más de diez crímenes de honor en Gran Bretaña. Entre los casos más conocidos se encuentra el de Banaz Mahmod, cuyo padre, tío y otros familiares conspiraron para asesinarla tras abandonar su matrimonio. Alemania documentó casi medio centenar de casos en los últimos años. En Suecia, los motivos relacionados con el honor se identificaron en aproximadamente un tercio de los asesinatos de mujeres. Países Bajos, Francia, Italia y Bélgica reportan situaciones similares.

Pero estos números oficiales son sólo la punta del iceberg. La mayoría de los países no registran el honor como una categoría separada en sus sistemas judiciales. Los investigadores deben reunir las cifras a partir de registros judiciales, informes policiales y monitoreo de los medios de comunicación. Muchos casos se clasifican erróneamente como violencia doméstica común, disputas familiares o incluso suicidios.

El patrón que se repite. Las víctimas suelen ser mujeres muy jóvenes que han rechazado un matrimonio concertado, iniciado una relación sin la aprobación de sus padres, se niegan a usar vestimenta religiosa o simplemente reivindican su derecho a la educación, etc. Los agresores casi siempre son parientes cercanos: padres, hermanos, tíos, a veces incluso madres o primos que participan en la planificación o ejecución. 

"En promedio, una mujer fue asesinada cada dos días por motivos de 'honor' en Irán".

El motivo declarado es siempre el mismo: el comportamiento de la mujer ha deshonrado a la familia, y solo su muerte puede restaurar ese honor perdido.

A nivel mundial, dos tercios de las víctimas de este tipo de crímenes fueron asesinadas por sus familias de origen. Internacionalmente, los padres desempeñan un papel activo en más de un tercio de los asesinatos por honor. Ryan había recibido protección policial de su familia después de que huyera descalza a la casa de un vecino en 2023, gritando: "Mi padre quiere matarme". Pero esa protección terminó poco antes de su muerte. En los Países Bajos, al menos cinco mujeres al año necesitan protección policial por parte de sus familiares porque se enfrentan a violencia relacionada con el honor. Los delitos relacionados con el honor familiar van desde amenazas y coerción hasta matrimonios forzados, agresiones y control doméstico severo. Solo una fracción de estos casos llega a los tribunales.

A nivel mundial, la magnitud del problema es abrumadora. Naciones Unidas estima que 5.000 mujeres y niñas son asesinadas cada año en crímenes de honor, aunque algunos investigadores y organizaciones no gubernamentales estiman que la cifra real podría ser mucho mayor. Los crímenes de honor ocurren en muchas partes del mundo, pero se reportan más ampliamente en Medio Oriente, Asia del Sur y Norte de África.

La Comisión de Derechos Humanos de Pakistán reportó que en 2024, al menos 405 personas fueron registradas como víctimas de crímenes de honor en todo Pakistán, siendo las cifras más altas en las provincias de Sindh y Punjab. En Irán, la situación es particularmente alarmante. Sólo en 2024, al menos 186 casos de crímenes de honor fueron documentados y analizados a lo largo del año por la campaña Stop Honor Killings. En el primer trimestre de 2024 se reportaron 49 casos, seguidos de 43 en el segundo trimestre, 43 en el tercero y 51 en el cuarto trimestre. Esto significa que, en promedio, una mujer fue asesinada cada dos días por motivos de honor en Irán. Estas cifras no reflejan el número exacto de mujeres asesinadas debido al acceso limitado a los datos.

Atrapadas entre la integración y el gueto

Uno de los mayores obstáculos para perseguir estos crímenes es la compleja red burocrática internacional que dificulta llevar a los perpetradores ante la justicia, especialmente cuando cruzan fronteras. El caso de Ryan Al Najjar ilustra perfectamente esta frustración sistémica. A los pocos días del asesinato, su padre, Khaled Al Najjar, huyó a Siria, donde se volvió a casar. Las autoridades de los Países Bajos sostienen que no tienen forma de traerlo de regreso porque las estructuras de cooperación legal con Siria no están actualmente operativas. Lo cierto es que el padre de Ryan vive libremente en Siria, probablemente sin enfrentar nunca consecuencias del asesinato de su hija. Esta laguna legal es sistemática. Muchos perpetradores de crímenes de honor huyen a países de origen.

La inmigración a gran escala desde regiones donde la violencia basada en el honor es más común explica la persistencia del drama. La segunda generación criada en la cultura occidental suele tener las expectativas de decisión personal propias de las naciones europeas, que chocan frontalmente con sus culturas heredadas y el resultado puede ser catastrófico. La edad promedio de las víctimas es de alrededor de 23 años. Son jóvenes que han crecido viendo a sus compañeras de clase elegir sus propias parejas, vestirse como desean, estudiar lo que quieren. Pero en sus hogares, las reglas son diferentes. Para muchas familias, la occidentalización de sus hijas no es vista como integración sino como traición.

Persiste una tensión política y social entre respetar la diversidad cultural y defender los derechos humanos. La Resolución 1327 del Consejo de Europa establece que, si bien los llamados crímenes de honor emanan de raíces culturales y no religiosas y se perpetran en todo el mundo, la mayoría de los casos reportados en Europa han sido entre comunidades musulmanas.

Karma Nirvana, una organización benéfica británica que apoya a las víctimas de violencia basada en el honor, sostiene que las últimas estadísticas gubernamentales sobre delitos de abuso por motivos de honor muestran un aumento del 7% en los delitos registrados. La línea de ayuda nacional de Karma Nirvana atendió 3.079 casos individuales en 2024/25, la cifra más alta de denuncias de la historia. El aumento de personas que buscan ayuda revela una historia diferente: la de que la necesidad crece más rápido que la acción. La organización benéfica quiere una nueva revisión de la vigilancia del abuso basado en el honor por parte de la Inspección de Policía de Su Majestad, ya que dice que muchas de las recomendaciones del último informe no sirven para proteger a las víctimas.

El próximo 5 de noviembre se conocerá el veredicto del caso de Ryan Al Najjar. Pero, más allá de la sentencia, su historia ya expone un fracaso más profundo: el de sociedades que toleran que dentro de sus propias fronteras prosperen códigos culturales irreconciliables con la cultura occidental. El caso Ryan es excepcional en una cosa: dejó un rastro claro, completo, imposible de relativizar. La mayoría de las víctimas no lo tienen. Cuando se discute integración, multiculturalismo y diversidad como conceptos abstractos; se pasan de largo las personas atrapadas entre la integración y el gueto, el caso de Ryan expone esa realidad atroz.

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