No habrá aviones de combate F-35 para Arabia Saudita
Una vez que esa tecnología furtiva deja el control estadounidense, el peligro estratégico es casi irreversible.

Un F-35 de la Armada estadounidense
“Vamos a llegar a un acuerdo. Van a comprar F-35. Se los compran a Lockheed, y es un avión excelente”, declaró el presidente estadounidense Donald Trump en el Despacho Oval la semana pasada durante la visita del príncipe heredero saudí Mohammed bin Salman. Esta noticia debería alarmar a todos los estadounidenses y a todos los amigos de Israel.
A pesar de la importancia que se le atribuye a Arabia Saudita para Estados Unidos, sigue siendo una monarquía autoritaria y represiva cuya política interna dista mucho de ser estable. Armar a un régimen así con los cazas furtivos más avanzados conlleva riesgos demasiado elevados para el Medio Oriente actual. Los gobernantes autócratas amigos de Estados Unidos pueden ser derrocados, las políticas pueden cambiar de la noche a la mañana y las armas que se les entreguen pueden quedar rápidamente fuera de la influencia o el control de Estados Unidos.
Esta no es una venta de armas rutinaria. Conceder a Riad acceso al F-35 significa poner la tecnología de sigilo y sensores más avanzada de Estados Unidos en manos de un régimen sin controles democráticos ni ninguna certeza de continuidad política a largo plazo.
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No hay garantía de que los futuros gobernantes saudíes se alineen con los intereses estadounidenses como afirman los actuales. La pregunta crucial no es si los saudíes son amigos ahora, sino si Estados Unidos puede confiar en cualquier autocracia con sistemas tan sofisticados cuando su uso futuro es imprevisible o impredecible. El mundo árabe es legendario por sus revoluciones y golpes de Estado violentos.
La historia ofrece una advertencia. Washington vendió en su día aviones F-14 al Sha de Irán, solo para que esos aviones se convirtieran en activos de un régimen radicalmente antiestadounidense tras la revolución islámica de 1979. Antes de este verano, la fuerza aérea iraní representaba una amenaza no solo para Estados Unidos, sino también para Israel, una amenaza que se derivó en parte de una transferencia de armas miope realizada bajo el pretexto de que un régimen autocrático se mantendría estable. Esa lección debería ser crucial mientras el Congreso considera si autorizar el envío de aviones aún más avanzados a otro estado autoritario.
Los cazas furtivos F-35 pueden llegar a Israel en cuestión de minutos desde Arabia Saudita, un país que aún no mantiene relaciones formales con Israel y cuyo Gobierno monárquico continúa boicoteando los productos israelíes.
La necesidad de un escrutinio urgente por parte del Congreso es más evidente que nunca. Los legisladores no pueden tratar esto como un simple favor diplomático; deben insistir en que cualquier venta excluya las tecnologías sensibles a la tecnología furtiva.
Además, los funcionarios de seguridad nacional están alarmados por la posibilidad de que China acceda a la tecnología furtiva estadounidense a través de Riad. Esta no es una preocupación teórica; algunos informes sugieren que algunos miembros de la administración temen que la tecnología del F-35 pueda verse comprometida dada la fortaleza de los lazos entre Arabia Saudita y China.
También debemos recordar que los saudíes podrían, por cualquier razón, decidir transferir algunos de estos cazabombarderos supersónicos de ataque furtivo de alta tecnología a otro país. En 1982, durante la guerra de Israel contra la Organización para la Liberación de Palestina en el Líbano, se difundió ampliamente que entre las armas confiscadas por Israel se encontraban fusiles militares M-16 de fabricación estadounidense, originalmente vendidos a Arabia Saudita.
El Congreso debe actuar antes de la firma de los contratos y la entrega de los aviones. Una vez que los F-35 furtivos dejen de estar bajo el control estadounidense, el peligro estratégico será casi irreversible. Estados Unidos no debe permitir que la conveniencia geopolítica a corto plazo ni los incentivos financieros nublen su juicio a largo plazo. Las promesas de Riad, incluso en una normalización al estilo de los Acuerdos de Abraham, no justifican la renuncia a la ventaja tecnológica estadounidense ni el debilitamiento de la seguridad de Israel.
Permitir que una monarquía profundamente autoritaria obtenga la aeronave más sofisticada jamás construida es un riesgo histórico. Esto podría afectar la seguridad estadounidense e israelí durante décadas a menos que el Congreso intervenga e imponga límites estrictos a las ventas de F-35 a regímenes antidemocráticos.