El Museo como Campo de Batalla: la Teoría Crítica de la Raza coloniza el Smithsonian
El Smithsonian, que debería contar la grandeza de Estados Unidos el respeto a la libertad, en el desarrollo de la ciencia, el arte, la exploración espacial o la cultura democrática, parece haber estado obsesionado con rehacer la historia estadounidense para que sea vista como un catálogo de opresión supremacista.

Una vista general del Museo de Arte Americano del Smithsonian (Archivo)
Los museos, tradicionalmente concebidos como custodios de la herencia cultural, han experimentado una transformación radical en las últimas décadas, cambiando su misión de preservar el patrimonio para convertirse en laboratorios de ingeniería social. Esta metamorfosis es particularmente evidente en el caso del Instituto Smithsonian, la institución cultural más grande y prestigiosa de Estados Unidos, bajo la influencia de la Teoría Crítica de la Raza (TCR).
La Teoría Crítica de la Raza es una corriente de pensamiento que sostiene que el racismo está estructuralmente integrado en todas las instituciones de Occidente, y que, en consecuencia, toda la sociedad occidental está construida sobre la base de mantener los privilegios de la población blanca. Conceptos universales como la meritocracia, el individualismo, el pensamiento racional o el trabajo duro son reinterpretados como herramientas de dominación racial. Desde esta perspectiva, todo está impregnado de relaciones de poder racial, lo que justifica la búsqueda de la politización de instituciones tradicionalmente apolíticas como los museos.
Muchas leyes de reparación histórica se nutren de la misma ideología. Como toda corriente que abreva en la ideología woke, reduce la complejidad de la experiencia humana a un esquema binario de opresores y oprimidos, promoviendo una visión divisiva de la vida cívica.
Bajo la dirección de Lonnie Bunch, el Instituto Smithsonian ha experimentado una transformación radical, articulando explícitamente su visión del Smithsonian como un "Gran Legitimador" de causas políticas izquierdistas, como el proyecto 1619 del New York Times, que buscaba reescribir la historia de EEUU, en un intento explícito de manipulación narrativa plagado de imprecisiones históricas que fueron señaladas por historiadores prominentes de todo el espectro político. Sin embargo, su valor no residía en su precisión factual, sino en su utilidad para la agenda ideológica de presentar a Estados Unidos como una nación ilegítima desde sus orígenes.
El Smithsonian creó la plataforma "Talking About Race", dirigida a estudiantes de 3° a 12° grado, que incluía materiales que catalogaban conceptos universalmente valorados como el trabajo duro, el pensamiento racional, el individualismo y la familia nuclear como características de la "cultura blanca". El gráfico fue posteriormente removido en julio de 2020 después de intensas críticas, pero no antes de sembrar una divisiva controversia.
En una extensa entrevista que la mismísima revista del Smithsonian le hizo a Bunch, el director de la institución afirmó que buscaba: "replantear la historia del país, entendiendo 1619 como nuestra verdadera fundación, y colocando las consecuencias de la esclavitud y las contribuciones de los estadounidenses negros en el centro mismo de la historia que nos contamos sobre quiénes somos" . Y agregaba: "Nos consideramos el Gran Convocador, pero en realidad somos un Gran Legitimizador. Y quiero que el Smithsonian legitime temas importantes, ya sea el 1619 o el cambio climático. Ayudamos a la gente a reflexionar sobre lo que es importante, lo que deberían debatir, lo que deberían aceptar. Todos los que reflexionaron sobre el Proyecto 1619, les gustara o no, vieron que el Smithsonian tenía huellas dactilares en él. Y eso, para mí, fue una gran victoria"
La influencia de la Teoría Crítica de la Raza no se limita a Estados Unidos. En el Reino Unido, museos prestigiosos como el Pitt Rivers de Oxford y la Tate Britain adoptaron políticas de "descolonización". Los museos tradicionalmente han servido como instituciones mediadoras entre el conocimiento especializado y el público general. La adopción de la TCR tergiversa esta misión y actualmente predetermina las conclusiones que los visitantes deben alcanzar, convirtiendo a los museos en instrumentos de propaganda más que en centros de aprendizaje.
Paradójicamente, movimientos que se presentan como antirracistas están creando nuevas formas de segregación. Cuando los museos deciden que ciertos objetos no deben ser vistos, o que ciertas narrativas sólo pueden ser contadas por miembros de grupos específicos, están institucionalizando la separación racial y cultural. Esta segregación es particularmente perniciosa porque se presenta como virtud moral.
Se destruye así la idea de un patrimonio común de la humanidad y se reemplaza por un tribalismo museístico donde cada objeto queda secuestrado por la identidad del colectivo que lo originó. Todo mientras se ignoran deliberadamente los horrores de otras civilizaciones no occidentales, como la esclavitud practicada en África o en el mundo islámico.
Recientemente, Donald Trump firmó una orden ejecutiva titulada "Restaurar la Verdad y la Cordura en la Historia Estadounidense", exponiendo la necesidad de devolver a estas instituciones su misión original. Trump identificó correctamente el problema central: bajo la influencia de la TCR, el Smithsonian viene promoviendo narrativas que retratan los valores estadounidenses y occidentales como inherentemente dañinos y opresivos. Esta caracterización es moralmente destructiva.
La designación de JD Vance para supervisar el cumplimiento de la orden ejecutiva viene de la mano de la comprensión que el vicepresidente ha demostrado de las fuerzas ideológicas en pugna en la famosa batalla cultural dentro de las instituciones y de cómo influyen en el discurso público. Durante décadas, las instituciones culturales han sido capturadas por la izquierda identitaria para promover agendas políticas antioccidentales, convirtiendo instituciones financiadas por el contribuyente en plataformas de activismo woke.
Estados Unidos está a punto de conmemorar su 250° aniversario y esto debería ser una oportunidad para celebrar los logros de la nación, no para promover el autoodio y darle combustible a quienes desean la caída en desgracia del país. Un recorrido por las exhibiciones del Smithsonian de los últimos años revela un patrón preocupante de distorsiones históricas y científicas diseñadas para apoyar narrativas políticas específicas, sobre todo en relación con la esclavitud, que es el tópico fundacional de la TCR. Estas distorsiones están diseñadas para inculcar la culpa, no la reflexión; y crear asociaciones emocionales negativas con la historia del país. Cuando se enseña a los jóvenes que su país es inherentemente malvado y que las relaciones raciales están determinadas por estructuras inmutables, se socava la posibilidad de cooperación y progreso.
El Smithsonian, que debería contar la grandeza de Estados Unidos el respeto a la libertad, en el desarrollo de la ciencia, el arte, la exploración espacial o la cultura democrática, parece haber estado obsesionado con rehacer la historia estadounidense para que sea vista como un catálogo de opresión supremacista. Trump lo describió sin rodeos: "Los museos en Washington, pero en todo el país, son, esencialmente, el último segmento restante de lo 'WOKE'. El Smithsonian está FUERA DE CONTROL, donde todo lo que se discute es cuán horrible es nuestro país, cuán mala fue la esclavitud y cuán poco exitosos han sido los desfavorecidos — Nada sobre el éxito, nada sobre el brillo, nada sobre el futuro".
La resistencia a esta orden ejecutiva del presidente será intensa, dado que gran parte de quienes trabajan en estas instituciones, desde administrativos y autoridades hasta curadores y académicos, ingresaron, se educaron y se beneficiaron de la promoción de la TCR, y probablemente sus carreras carecerían de sustento si esta teoría fuese desmentida o sencillamente dejara de recibir financiación estatal para su expansión.
Los museos no nacieron para avergonzar ni para adoctrinar. Nacieron con una vocación universalista: poner el patrimonio humano al alcance de todos, transmitir conocimiento y cultivar orgullo cívico. Sólo mediante la restauración de su misión fundamental pueden los museos recuperar su papel como custodios del conocimiento humano y fuentes de inspiración para las generaciones futuras. La cultura occidental ha producido las expresiones más sublimes del genio humano en arte, ciencia, filosofía y organización política. Estas contribuciones merecen ser presentadas con el respeto y la admiración que han inspirado durante siglos. Los museos, como guardianes del conocimiento y la memoria colectiva, tienen la responsabilidad de transmitir la grandeza de los logros humanos a las futuras generaciones. No pueden convertirse en tribunales anacrónicos del pasado. La Teoría Crítica de la Raza no sólo empobrece el entendimiento del pasado, sino que hipoteca el futuro común.