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Sobre Israel, Mamdani ya no es un demócrata atípico

El candidato antisionista a la alcaldía recibe consejos del expresidente Barack Obama, mientras que un número creciente de dirigentes del partido se hace eco del libelo de sangre del 'genocidio'.

El expresidente Barack Obama

El expresidente Barack ObamaMatthew Hatcher/AFP.

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A raíz de la victoria del asambleísta de Nueva York Zohran Mamdani en las primarias demócratas para la alcaldía en junio, surgieron dudas sobre si un partido que aún aspiraba a representar a los votantes de la corriente mayoritaria se uniría detrás de un hombre que es no sólo socialista, sino también antisionista. Ocho semanas después, es claro que no habrá ningún movimiento por parte de los demócratas nacionales o incluso estatales para desvincularse de su candidatura, y que, aún más, la posición de Mamdani sobre Israel es más próxima al partido y a sus votantes de lo que piensan sus críticos.

La confirmación de que el candidato demócrata no iba a quedar aislado dentro de su formación llegó la semana pasada en una columna del New York Times de Mara Gay en la que dio la noticia de que el expresidente Barack Obama había llamado al socialista de 33 años para ofrecerle ánimos y consejos. Gay informó de que otros miembros clave del mundo Obama, como el gurú político David Axelrod, el redactor de discursos Jon Favreau y el asesor político y presentador de podcasts Dan Pfeiffer, también se han comunicado con los principales asesores de Mamdani. Citó a Axelrod comparando la campaña del asambleísta con el "espíritu familiar" de "optimismo decidido" de las de Obama, necesario para inspirar al país y relacionarse con la gente trabajadora.

Realmente, la campaña de Mamdani tiene poco atractivo para los estadounidenses de clase trabajadora, que, como demostraron los resultados electorales del año pasado, cada vez miran más al presidente Donald Trump y a los republicanos para que representen sus intereses, que rechazan sus valores, y favorecen la economía globalista y la inmigración ilegal. Como señaló recientemente el escritor Armin Rosen en la revista Tablet, el entusiasmo por el demócrata socialista proviene en gran medida de las élites blancas de clase media-alta o adineradas que, aisladas del mundo real, se han tragado las fantasías económicas y sociales woke de la izquierda.

Obama reeditado

Es más bien un reflejo del hecho de que la base demócrata, como intuyó Axelrod, ve la insensata plataforma de Mamdani de cuentos de hadas económicos marxistas fracasados y la oposición a un Estado judío como emblema de un renacimiento del movimiento de "esperanza y cambio" de Obama que le impulsó a la Casa Blanca en 2008. El fracaso de los principales demócratas, que siguen sin saber por qué perdieron en 2024, a la hora de organizar una oposición a Mamdani es en sí mismo significativo. Aun así, la legitimidad que la aprobación de Obama -que sigue siendo una figura icónica para los demócratas incluso cuando el país abraza a Trump- arroja señales de hacia dónde se dirige el partido.

Hay que recordar que Obama tuvo que fingir al menos ser amigo de Israel en 2008 y de nuevo en 2012, cuando su campaña de reelección marcó una pausa de un año en su continua hostilidad hacia el Estado judío y su Gobierno antes de que se reanudara con toda su fuerza con el apaciguamiento de Irán. Las cosas son muy diferentes en 2025. Hace no tanto tiempo, Mamdani habría sido descalificado incluso en la Nueva York azul profundo por su historial antiisraelí, como su pertenencia a organizaciones antisemitas como Estudiantes por la Justicia en Palestina y su negativa a repudiar los cánticos izquierdistas a favor de la destrucción de Israel, el genocidio judío ("del río al mar") y el terrorismo internacional contra los judíos ("globalizar la intifada").

Que Mamdani cuente con el entusiasta apoyo del multimillonario antiisraelí de izquierdas George Soros, así como de su hijo Alex, y de su red de filantropías y comités de acción política no es sorprendente. Pero el verdadero indicio de cómo ha cambiado la opinión de los demócratas viene de la amplia gama de funcionarios y aspirantes a cargos públicos que ahora adoptan posturas mucho más cercanas a la del asambleísta neoyorquino sobre el conflicto de Oriente Próximo. Cada vez se encuentran más lejos de incondicionales pro-Israel como el senador John Fetterman (D-Pa.) o casi la totalidad de la bancada republicana en el Congreso.

Veleta política

La decisión del exsecretario de Transporte Pete Buttigieg, otrora y probable futuro candidato presidencial demócrata, es un ejemplo de ello. Su alejamiento de una postura tradicional de apoyo a Israel para, en cambio, denunciar la campaña para erradicar a Hamás en Gaza —y decir que habría votado, junto con la mayoría de la bancada demócrata, a favor de la resolución del senador Bernie Sanders (I-Vt.) para detener la venta de armas al Estado judío— dice mucho sobre el sentimiento del partido. Buttigieg puede tener pocas posibilidades de ganar en 2028 dada la falta de respaldo de las minorías en un partido en el que esos votantes dominan las primarias, unida a su desastrosa actuación en el gabinete del expresidente Biden. Sin embargo, el antiguo analista de think tanks, que siempre diseña sus posiciones para atraer a lo que él cree que es la opinión dominante, es una veleta fiable de la opinión demócrata.

El hecho de que haya doblado la rodilla ante la narrativa propagandística de Hamás sobre el genocidio y la hambruna en Gaza demuestra que el equilibrio de poder en el partido ya no es una cuestión de una base de izquierdas que se opone a los moderados del partido y a la dirección del Congreso.

Lo mismo puede decirse de las decisiones de otros demócratas del Congreso.

Una cosa es que los miembros del Squad de la Cámara de Representantes, abiertos antisemitas, como Rashida Tlaib (D-Mich.) e Ilhan Omar (D-Minn.) promuevan libelos de sangre contra Israel. Pero cuando la representante de la minoría Katherine Clark (demócrata de Massachusetts) —la segunda demócrata más importante de la Cámara— lo hace específicamente apoyando la afirmación de que Israel está cometiendo un genocidio en Gaza (aunque más tarde se contradijo y se retractó del comentario cuando preguntada al respecto por JNS) o cuando Jamie Raskin (D-Md.), un favorito de los demócratas judíos liberales pro-Israel, se convierte en un copatrocinador de un proyecto de ley que bloquea la venta de armas a Israel en la Cámara de Representantes, es hora de dejar de fingir que Mamdani es una especie de ente atípico en el partido.

"La avalancha de cobertura antiisraelí de la guerra ha hecho mella en los demócratas".

Estas son malas noticias para los oponentes de Mamdani, especialmente para el exgobernador de Nueva York Andrew Cuomo y el alcalde en funciones Eric Adams, ambos demócratas que se presentan como independientes en noviembre. Sus candidaturas se basan en la idea de que la mayoría de los votantes, incluso en una ciudad dominada por los azules, no tienen interés en elegir a un socialista que cree en políticas como la ampliación del control de alquileres y tiendas de comestibles gestionadas por el Gobierno, que agravarán en lugar de solucionar los problemas a los que se enfrentan los neoyorquinos, quienes no son tan ricos como las élites progresistas que apoyan a Mamdani. Al igual que el candidato republicano Curtis Sliwa, también han contado con la idea de que la mayoría de ellos se horrorizaría ante la perspectiva de que un partidario del tipo de antisemitismo desnudo que se vio en campus como el de la Universidad de Columbia, el Barnard College, la Universidad de Nueva York, la New School, la City University de Nueva York y otras instituciones académicas desde los atentados terroristas dirigidos por Hamás en el sur de Israel el 7 de octubre de 2023, pudiese ganar la alcaldía.

Queda por ver si sus esperanzas de una reacción contra el extremismo de Mamdani se cumplen a medida que se acerque el día de las elecciones, o si, incluso si esto ocurre, la negativa de alguno de su trío de oponentes a retirarse de la carrera le permite ganar una pluralidad de votos.

Lo evidente es que los principales demócratas han llegado a la conclusión de que es mejor unirse a Mamdani que luchar contra él. Que aquel y otros demócratas estén abrazando la causa de Mahmoud Khalil, el organizador sirio de las manifestaciones y campamentos pro-Hamas en Columbia, a quien Trump quiere deportar, es sólo la guinda del pastel antisionista. Si incluso gente como el exrepresentante de Staten Island Max Rose, un centrista judío, está ahora diciendo que Obama hizo bien en acoger a Mamdani y a sus seguidores en una versión de carpa grande de su partido. Eso dice mucho sobre quién es y quién no es un caso atípico entre los demócratas.

El apoyo demócrata se desploma

Al fin y al cabo, sólo están leyendo los números, como deben hacer todos los políticos. Una encuesta reciente de Gallup mostraba que mientras que un 71% de los republicanos apoyaban las acciones de Israel en Gaza, un asombrosamente bajo 8% de los demócratas estaban de acuerdo con ellas.

Esto ilustra, entre otras cosas, la influencia decisiva que los medios progresistas tienen en las opiniones del sector de la población que aún les presta atención. La avalancha de cobertura antiisraelí de la guerra actual -con tantos medios progresistas tradicionales de la corriente dominante haciéndose eco de hecho de la propaganda de Hamás sobre las víctimas palestinas, la hambruna y el genocidio- ha hecho mella en los demócratas.

Entre ellos, el apoyo a las acciones de Israel en la Franja cayó del 36% en noviembre de 2023 a la cifra actual del 8%. Se podría argumentar que el hecho de que sólo algo más de un tercio de los demócratas apoyaran la contraofensiva contra Hamás sólo unas semanas después de la orgía de asesinatos en masa, violaciones, torturas, secuestros y destrucción gratuita del 7 de Octubre ya decía mucho sobre el declive del apoyo al Estado judío. Pero con el apoyo a Israel derrumbándose y cayendo en cifras de un solo dígito, no es sorprendente que los políticos demócratas, que una vez se aferraron a una línea pro-Israel, la hayan abandonado.

Por el contrario, los republicanos -que en la bifurcada cultura actual es muy poco probable que lean, vean o escuchen medios de izquierdas como The New York Times, The Washington Post, CNN, MSNBC y NPR- dan ahora a Israel el mismo nivel de apoyo (71%) que justo después de que comenzara la guerra actual.

Esta es la culminación de un largo proceso que tiene sus raíces en la conquista progresista de la educación estadounidense y de los medios de comunicación, y en la forma en que los mitos tóxicos de la izquierda sobre la raza, la interseccionalidad y el colonialismo de asentamiento que falsamente etiquetaron a Israel como un opresor blanco de los palestinos, un pueblo de color, se han convertido en una nueva ortodoxia entre los liberales. Mientras prácticamente todas las publicaciones y canales de televisión estén difundiendo la mentira del genocidio, esperar que los políticos que buscan el apoyo de los consumidores de esos medios se opongan a esas falsedades es caer en pensamientos mágicos.

Aunque los antisemitas de extrema derecha y los que atacan a Israel en internet se han vuelto demasiado fuertes y populares en internet como para ignorarlos, siguen siendo un fenómeno minoritario y fuera de sintonía con los votantes del Partido Republicano y con el presidente Trump, el hombre cuya opinión es la única que realmente cuenta entre los republicanos en estos días. Están soñando aquellos que se aferran a la creencia de que una coalición bipartidista pro-Israel puede resucitar. Eso es una tragedia para Israel, y aún más para la mayoría de los judíos estadounidenses. Los judíos progresistas que no están dispuestos a abandonar a Israel se encuentran cada vez más desamparados políticamente.

La creencia de que incluso una decisión israelí de poner fin a la guerra, rindiéndose a las exigencias de los terroristas de mantener el poder en Gaza, cambiaría las cosas es caer en fantasía. No es un análisis político sobrio, dada la motivación ideológica detrás de la disposición a tragarse los libelos de sangre de Hamás. La atención que los neoyorquinos judíos y los demócratas pro-Israel prestan a Mamdani es comprensible, aunque las posibilidades de derrotarle sean escasas. Pero es obvio que sin importar lo que ocurra en Nueva York en noviembre, los demócratas son una causa perdida para la comunidad pro-Israel.

Jonathan S. Tobin es director de JNS (Jewish News Syndicate).

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