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El precio del odio antisemita de los ‘propalestinos’ también lo pagan los drusos

A pesar de las aberraciones cometidas contra los drusos en Siria, los autoproclamados ‘propalestinos’ guardan un silencio ensordecedor. 

Un anciano druso en Siria

Un anciano druso en SiriaAP / Cordon Press

La reciente masacre de drusos en Siria, perpetrada por beduinos y milicias islamistas sunitas aliadas al Gobierno yihadista de Ahmed al-Sharaa, conocido anteriormente como Abu Mohamad al-Golani, expone una vez más la verdadera naturaleza de ciertos liderazgos en la región. 

Al-Sharaa, antiguo líder del Frente al-Nusra, vinculado a Al-Qaeda, y ahora al frente de Hayat Tahrir al-Sham (HTS), ha intentado reinventarse como un líder moderado. Sin embargo, un traje y una corbata no bastan para ocultar su historial de radicalismo ni para disfrazar las atrocidades cometidas bajo su régimen. 

Las imágenes de drusos torturados y humillados, con sus bigotes —un símbolo cultural y religioso de su comunidad— afeitados por la fuerza, evocan las vejaciones que los nazis infligían a los judíos durante el Holocausto, cuando les cortaban las barbas y los peyes (mechones laterales que algunos judíos ortodoxos llevan como parte de su tradición religiosa). 

A pesar de estas aberraciones, los autoproclamados propalestinos guardan un silencio ensordecedor. No hay protestas, no hay publicaciones en redes sociales, no hay muestras de indignación ni solidaridad con el pueblo druso. Parece que, como reza el dicho, no jews, no news. Este silencio revela la hipocresía de un movimiento que, bajo la fachada de antisionismo o críticas legítimas al Gobierno de Israel, no es más que antisemitismo puro y duro. No son proalestinos sino antisemitas y antioccidentales, cuya agenda no se preocupa por la justicia ni por las víctimas reales de los conflictos en Medio Oriente, como tampoco lo hicieron cuando judíos y no judíos, israelíes y extranjeros, fueron masacrados, violados y secuestrados en Israel por parte de grupos terroristas palestinos por el simple hecho de estar en el Estado judío en ese momento o ser infieles.

Es hora de que los mal llamados propalestinos abandonen el odio y la hipocresía. Si realmente les importaran las víctimas de los conflictos en Medio Oriente, levantarían la voz por los drusos, los kurdos, los yazidíes y todos aquellos que sufren bajo el yugo del extremismo islamista.Leandro Fleischer

Los más perjudicados por esta narrativa son, irónicamente, los propios palestinos a los que dicen defender. Estos propalestinos los empujan hacia el sacrificio, apoyando liderazgos terroristas que los oprimen y los adoctrinan en el odio. Lejos de buscar su bienestar, los condenan a vivir bajo regímenes que priorizan la violencia y la destrucción, utilizando a los palestinos como peones en una guerra ideológica. Este adoctrinamiento glorifica el martirio y el asesinato de judíos, no solo perpetúa el sufrimiento palestino, sino que también alimenta el caos que afecta a otras minorías en la región.

Porque no son solo los judíos quienes pagan el precio de este odio. Los drusos, los kurdos, los yazidíes, los cristianos masacrados en partes de África y Asia, y los musulmanes que rechazan el fanatismo islamista, entre otros, sufren igualmente las consecuencias de esta intolerancia.

El demonizado Israel es quien protege a las minorías

Mientras tanto, Israel, acusado constantemente por los propalestinos, es uno de los pocos actores en la región que protege activamente a minorías como los drusos en Siria, enfrentándose a los islamistas radicales aliados del Gobierno sirio. Cabe destacar que en Israel residen unos 150.000 drusos, aproximadamente el 2% de la población, quienes viven en condiciones de seguridad, integración y libertad, un contraste evidente con la persecución que enfrentan en otros lugares.

La solución a este ciclo de violencia y odio no puede basarse en narrativas simplistas o en la demonización de un solo actor. Una propuesta interesante es la del académico israelí Mordechai Kedar, quien aboga por un modelo llamado Plan de los Emiratos para resolver conflictos en la región, como el israelí-palestino. Según Kedar, en lugar de buscar estados unificados que ignoran las complejidades tribales y culturales de Medio Oriente, se deberían crear emiratos basados en las estructuras sociales de la región. Este enfoque podría aplicarse en Siria para proteger a drusos, kurdos, alauitas, cristianos y otras minorías, garantizando su autonomía y seguridad frente al fanatismo que los amenaza.

Es hora de que los mal llamados propalestinos abandonen el odio y la hipocresía. Si realmente les importaran las víctimas de los conflictos en Medio Oriente, levantarían la voz por los drusos, los kurdos, los yazidíes y todos aquellos que sufren bajo el yugo del extremismo islamista. Su silencio no sólo traiciona a estas comunidades, sino que perpetúa un ciclo de violencia que daña a los mismos palestinos que dicen defender. La verdadera justicia no se construye con odio, sino con un compromiso real por la coexistencia y el respeto a todas las comunidades de la región. 

Pero claro, la paz y la coexistencia pacífica no es algo que interese a los propalestinos, que incluso están dispuestos a ponerse del lado de aquellos que quieren cortarles la cabeza con tal de avanzar en sus oscuros objetivos de destrucción del mundo libre. 

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