La destructiva estrategia de marketing de los ‘propalestinos’
Los así llamados ‘propalestinos’, al alentar una dinámica de odio y violencia apalancada por el islamismo, perjudican principalmente a los propios palestinos, a quienes idealizan como víctimas eternas mientras los empujan al sacrificio.

Bob Vylan con una bandera palestina
En el mundo del espectáculo y la cultura, la pose rebelde vende. Recientemente, el dúo de raperos Vov Bylan entonó cánticos antiisraelíes como "Free Palestine" ("Palestina libre") y "Death to the IDF" ("Muerte a las FDI") durante una actuación, con un público que repetía como un loro los eslóganes al unísono, como en un eco de manifestaciones donde se grita "Globalize the Intifada" ("Globalizar la Intifada") o "From the river to the sea Palestine will be free" ("Desde el río hasta el mar, Palestina será libre"). Estas frases, cargadas de simbolismo y dogmatismo, no son solo un grito de protesta: son una herramienta de marketing para proyectar una imagen de falsa rebeldía.
Muchos famosos, ricos y privilegiados, adoptan estas posturas para mostrarse compasivos y cercanos al público. Es una forma de lavar la culpa de su opulencia mientras refuerzan su marca personal. Oponerse al fuerte —en este caso, Israel— les otorga esa aura de inconformismo que tanto buscan, aunque en realidad no arriesgan nada.
La izquierda woke y la derecha woke, dos caras de la misma moneda
La izquierda woke, con su tendencia a dogmas simplistas, encuentra en estas consignas un vehículo perfecto para que los ricos culposos de universidades y círculos culturales se sientan moralmente superiores, como si defendieran a los débiles (léase, palestinos) y a las minorías sexuales, étnicas, etc. Sin embargo, esta supuesta solidaridad omite a los judíos, quienes aparentemente deben seguir siendo acosados y atacados, alimentando un antisemitismo como parte de su lucha antioccidental.
Mucha gente empieza a notar que los valores del mundo libre —conseguidos con sangre, sudor y lágrimas— están en peligro. El marketing ideológico puede funcionar por un tiempo, pero la verdad, aunque lenta, siempre termina por imponerse.
La derecha woke, aunque se presenta como opuesta, comparte el mismo guion. Figuras como Tucker Carlson, con un nacionalismo de fachada, se alinean con los enemigos de Occidente —Irán, Qatar, Rusia, China— bajo el pretexto de desafiar al establishment. Su propalestinismo no es solo una forma de antisemitismo reciclado, sino también una estrategia de marketing para proyectarse como rebeldes. Tanto la izquierda como la derecha woke necesitan del antisemitismo como combustible ideológico, y los palestinos son, tristemente, la carne de cañón en esta narrativa.
Los palestinos, los más perjudicados por los 'propalestinos'
La realidad no importa. Los así llamados propalestinos, al alentar una dinámica de odio y violencia apalancada por el islamismo, perjudican principalmente a los propios palestinos -que siguen siendo adoctrinados en el odio genocida y usados como escudos humanos por grupos terroristas- a quienes idealizan como víctimas eternas mientras los empujan al sacrificio. Mientras tanto, siguen ignorando, convenientemente, las atrocidades cometidas en países islámicos contra minorías sexuales y mujeres, o los llamados a destruir Occidente por parte de regímenes autoritarios.
La izquierda woke, que dice defender a las minorías sexuales y se considera feminista, guarda silencio sobre la persecución de gays y la opresión de mujeres en estos contextos. La derecha woke, que se jacta de proteger a los cristianos, calla ante las masacres de cristianos en Asia y África. Y ambos, tan vocales sobre la libertad de expresión, no dicen nada sobre la represión de opositores en dictaduras islamistas o comunistas. Parece que eso no vende.
Cobardía, no rebeldía
¿Por qué tanto foco en los palestinos? Porque criticar a Israel, el único país judío del mundo —y, casualmente, el más plural, libre y cosmopolita de su región— es seguro. Atacar a los judíos no tiene consecuencias reales para ellos. Inventan teorías conspirativas sobre los sionistas para posar de valientes frente a un enemigo imaginario, cuando en realidad son demasiado cobardes para enfrentarse a los verdaderos regímenes opresivos, como los de Irán o Qatar, u organizaciones islamistas, que amenazarían con separar sus cabezas del cuerpo si lo intentaran. Es puro marketing: una pose de rebeldía que no desafía nada.
Mientras tanto, los miles de millones de dólares invertidos por los enemigos de Occidente en universidades y medios de comunicación del mundo (por ahora) libre para sembrar narrativas antioccidentales están dando frutos. Han creado una generación de atolondrados que atacan los valores que les permiten vivir en libertad, mientras defienden, o al menos justifican, a dictaduras que buscan destruirlos.
Las mayorías silenciosas también ‘hablan’
Pero las mayorías silenciosas también existen. Mucha gente empieza a notar que los valores del mundo libre —conseguidos con sangre, sudor y lágrimas— están en peligro. El marketing ideológico puede funcionar por un tiempo, pero la verdad, aunque lenta, siempre termina por imponerse. Y cuando las mayorías despierten, no querrán que sus hijos vivan bajo el yugo de regímenes autoritarios que estos rebeldes de salón, inconscientemente o no, están ayudando a fortalecer. Esperemos que no sea demasiado tarde.