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La doble moral de la 4T: nacionalismo de discurso, privilegio de pasaporte

En el México de la autoproclamada “Cuarta Transformación”, la ética se aplica como el cristal: depende del ojo con que se mire… y del apellido que se porte.

Andrés Manuel López Obrador (izq.),con su esposa, Beatriz Gutiérrez Müller

Andrés Manuel López Obrador (izq.),con su esposa, Beatriz Gutiérrez MüllerCarl De Souza / AFP

En el México de la autoproclamada “Cuarta Transformación”, la moral se aplica como el cristal: depende del ojo con que se mire… y del apellido que se porte. El reciente escándalo que envuelve a Beatriz Gutiérrez Müller, esposa del expresidente Andrés Manuel López Obrador, por su solicitud de nacionalidad española, no solo revela una contradicción personal, sino que pone al desnudo la hipocresía estructural de un movimiento político que ha hecho del nacionalismo selectivo su bandera ideológica.

Recordemos que, durante años, el discurso de López Obrador y de muchos de sus colaboradores —incluida la propia Gutiérrez Müller— estuvo marcado por una postura abiertamente hostil hacia España. No solo se exigieron disculpas por la Conquista de hace 500 años, sino que se acusó a España de mantener un “comportamiento neocolonial” en Hispanoamérica. Se llegó incluso a sugerir que las relaciones bilaterales fueran “pausadas”.

Resulta entonces insólito —y profundamente cínico— que esa misma élite morenista que se envolvía en la bandera del antiimperialismo y la soberanía nacional, hoy recurra a mecanismos legales españoles para adquirir una doble nacionalidad. En el caso de Gutiérrez Müller, se trata de la Ley de Memoria Democrática, que permite a los descendientes de exiliados del franquismo reclamar la nacionalidad española. El abuelo de la ex Primera Dama habría nacido en León, España, lo que le abriría la puerta al codiciado pasaporte europeo.

La presidenta Claudia Sheinbaum, en su ya célebre “Mañanera del Pueblo” del 7 de mayo, se limitó a decir que Gutiérrez Müller “está en su derecho”. Pero lo que no dijo, y lo que millones de mexicanos sí han notado, es que este “derecho” contrasta abiertamente con el discurso revanchista que el lopezobradorismo ha sostenido por años. ¿En qué momento se volvió compatible reclamar una disculpa por la Conquista mientras se tramita la ciudadanía del país conquistador?

Y aún más revelador: el propio López Obrador es hijo de un español, don Andrés López Ramón. Esto no lo descalifica como mexicano, por supuesto, pero añade una capa de ironía a su narrativa de agravio histórico. Mientras desde el púlpito presidencial se construía una mitología nacionalista con tonos antiespañoles, en lo privado se disfrutaban vínculos familiares y ahora, beneficios jurídicos que derivan de esas mismas raíces europeas.

Claudia Sheinbaum, por su parte, tampoco está exenta de contradicciones. Se presenta como abanderada del pueblo, defensora de los marginados y heredera legítima del lopezobradorismo, pero guarda silencio cómplice ante este episodio que contradice los principios que dice representar. Su respuesta tibia y evasiva ante los cuestionamientos revela lo mismo que caracteriza a buena parte de la élite morenista: un oportunismo que se disfraza de ideología.

No se trata de oponerse a que una persona ejerza su derecho a la doble nacionalidad. Lo que resulta inadmisible es la incoherencia. Mientras millones de mexicanos sufren restricciones migratorias en EE.UU. o son víctimas de políticas de exclusión en Europa, quienes gobiernan en su nombre acceden con comodidad a beneficios de ciudadanía extranjera que les permitirán moverse, residir o invertir en el primer mundo. El discurso de “primero los pobres” termina en la aduana de Barajas.

La 4T no ha roto con el viejo régimen. Simplemente ha sustituido a sus beneficiarios. El problema ya no es la élite, sino quién pertenece a ella. La nacionalidad española de Gutiérrez Müller —de confirmarse— no sería solo un trámite personal; sería el símbolo perfecto de un gobierno que ha hecho del doble rasero su política de Estado.

Porque mientras se agita la bandera del agravio histórico para polarizar al país, las puertas traseras de la historia se abren para quienes pueden —con un apellido, un abuelo, o una conexión académica— conseguir lo que a millones se les niega: privilegios.

Así, la lucha contra el “colonialismo” termina en la fila del consulado español.

Y el nacionalismo, como tantas otras cosas en la 4T, se vuelve… negociable.

Juan Ángel Soto es profesor de la Universidad de Navarra. Fundador y CEO de Fortius.
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