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La esquizofrénica política de Trump en Oriente Medio después de 100 días

La Administración ha abierto docenas de investigaciones en universidades para determinar su cumplimiento de las leyes de derechos civiles que protegen a los judíos, pero desmanteló el departamento responsable de realizar esas revisiones.

El presidente de Estados Unidos, Donald Trump

El presidente de Estados Unidos, Donald TrumpSaul Loeb / AFP

Durante décadas, los analistas políticos han evaluado a los presidentes estadounidenses por sus primeros 100 días, un criterio algo arbitrario que, sin embargo, puede ofrecer información valiosa sobre las prioridades y el estilo de Gobierno de una Administración. Trump ha hecho más en ese período que cualquier otro presidente. Sus decisiones han sido buenas, cuestionables o desastrosas, dependiendo de la afiliación política del observador. Esto también se aplica a su política hacia Oriente Medio e Israel en particular.

Si alguien alguna vez creyó que Trump tenía una consideración especial por la relación entre Estados Unidos e Israel, la imposición de un arancel del 17 % a los productos israelíes —después de que Israel eliminara los aranceles a las importaciones estadounidenses— debería destruir esa ilusión. Israel enfrenta aranceles más duros que muchos países que ni siquiera son aliados.

Los asesores y miembros del gabinete de Trump son una mezcla de defensores acérrimos de Israel y aislacionistas. Hay funcionarios con vínculos con Catar y otros asociados a extremistas de ultraderecha. Uno de los nombramientos más prometedores ha sido el del secretario de Estado Marco Rubio, quien ha iniciado una necesaria reestructuración del Departamento de Estado de EE UU, eliminando USAID. Esta medida ha tenido consecuencias mixtas, ya que recortó fondos a ONG problemáticas, pero también cortó el apoyo a hospitales israelíes. Otro nombramiento positivo en el Departamento de Estado ha sido Mike Huckabee, un sionista cristiano designado como embajador de EEUU en Israel.

Si se sustituyera el nombre de Trump por Obama o Biden en muchas de sus políticas, los conservadores judíos estarían fuera de sí. Basta recordar la indignación cuando Obama visitó El Cairo y evitó Jerusalén. Trump irá a Arabia Saudita, pero no a Israel. ¿Y qué decir de su decisión de negociar directamente con Hamás e Irán?

El enfoque de Biden hacia Israel osciló entre el doctor Jekyll y Mr. Hyde. Las políticas de Trump han sido similares.

Presionó a Israel para que pactara ceses al fuego con Hamás y Hezbolá. Sin embargo, ahora permite ataques en la Franja de Gaza y el sur del Líbano. Aunque advirtió contra un ataque a Beirut, aparentemente aprobó el bombardeo de una instalación de misiles de Hezbolá en un suburbio.

Trump le dijo a Israel que no atacara a los hutíes, a pesar de que estos lanzan ataques casi a diario contra el país. A diferencia de Biden, que temía una escalada, Trump ordenó ataques militares continuos de EEUU en Yemen.

Bloqueó a Israel para que no atacara a Irán, pero amenazó con una guerra para evitar que obtuviera una bomba nuclear. Ha retomado su campaña de “máxima presión” contra Irán, pero también dijo que quiere tener conversaciones directas con su líder supremo, Ali Jamenei. Ha desplazado importantes recursos militares a la región, pero no los ha utilizado para destruir las instalaciones nucleares de Irán. Afirma que Irán no puede tener una bomba nuclear, pero su negociador habló sobre una versión modificada del acuerdo nuclear de Obama que Trump rompió por considerar ineficaz. Como Obama, está dejando que Irán lo manipule y se niegue a discutir su programa de misiles o su patrocinio al terrorismo.

Trump ordenó la entrega de armas que Biden había retenido y eliminó las sanciones que su predecesor impuso a los colonos. Además, su administración ha negado visados a expertos israelíes en ciberseguridad.

Tras reunirse con el primer ministro israelí, Benjamín Netanyahu, Trump elogió al líder islamista de Turquía, quien ha amenazado a Israel mientras dice estar dispuesto a mediar entre ambas partes.

Trump advirtió a Hamás que “pagaría caro” si no liberaban a los rehenes, una amenaza vacía que los terroristas ignoraron. Mientras tanto, su negociador, Adam Boehler, priorizó la liberación de ciudadanos estadounidenses y estaba dispuesto a dejar atrás a los cautivos israelíes, esperando además que Israel liberara prisioneros palestinos. Ante las críticas, Boehler respondió: “Somos Estados Unidos; no somos un agente de Israel”.

Trump no ha mostrado interés en revivir su fallido plan de paz del primer mandato ni en lanzar una nueva iniciativa con los palestinos. Volvió a recortar fondos a la Agencia de Naciones Unidas para los Refugiados de Palestina (UNRWA) y sigue negándose a financiar a la Autoridad Palestina mientras continúe su política de “pagar por matar”. Trump propuso el plan fantasioso de tomar Gaza, expulsar a los palestinos y convertirla en una “Riviera de Oriente Medio”, propuesta que recibió un fuerte rechazo y ha quedado estancada.

Después de semanas de ignorar la situación humanitaria en Gaza, Trump sonó casi como Biden al exigir que Israel abriera puntos de acceso para la entrega de ayuda.

Las filtraciones desde su Administración sobre planes militares israelíes e inteligencia compartida han afectado la seguridad de Israel.

A nivel interno, sus recortes drásticos de fondos y otras amenazas han obligado a las universidades a tomarse más en serio el antisemitismo en sus campus. Los manifestantes pro-Hamás ya no actúan con total impunidad, y algunos incluso enfrentan procesos de deportación.

Trump emitió una orden ejecutiva que obliga a las instituciones de educación superior a divulgar de forma completa y oportuna el financiamiento extranjero, lo que podría permitir finalmente al público saber cuánto dinero árabe llega a las universidades y con qué fines. Su Administración también ha iniciado decenas de investigaciones en centros académicos para evaluar si cumplen con las leyes de derechos civiles que protegen a judíos y otros grupos. Sin embargo, simultáneamente desmanteló el departamento encargado de llevar a cabo esas revisiones.

Quizá lo más grave es que Trump ha debilitado a Israel con su retórica. Al negarse a comprometerse con la eliminación del arancel a Israel, dijo: “No lo olviden, ayudamos mucho a Israel. Le damos 4.000 millones de dólares al año, eso es mucho”. Para enfatizar aún más el punto, agregó: “Le damos a Israel miles de millones de dólares al año. Miles de millones. Es uno de los montos más altos para cualquier país”.

Esto, en la práctica, colocó a Israel en la misma categoría que otros países a los que considera gorrones—aprovechados que, según él, viven a expensas de Estados Unidos—, ignorando los beneficios mutuos de la alianza bilateral. Aun así, Rubio agilizó la entrega de los 4.000 millones en asistencia militar.

Después de 100 días, Trump presenta un historial desigual, con algunas acciones muy loables combinadas con errores graves.

© JNS

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