La Shoah ya está aquí
Las señales de alarma que precedieron al Holocausto vuelven a ser visibles, esta vez a escala mundial y revestidas de un lenguaje moderno.

Fieles judíos en una sinagoga de Berlín, Alemania
"Nunca más" se ha convertido en una frase ritual, repetida solemnemente el Día de la Memoria del Holocausto y luego dejada de lado, como una reliquia de un pasado lejano e incomprensible. Pero la Shoah no ha quedado atrás. Ya está entre nosotros. Y hoy, sólo la existencia del Estado de Israel se erige como barrera contra un intento renovado y global de eliminar al pueblo judío.
El historiador del Holocausto Saul Friedländer advirtió una vez que el exterminio de los judíos estaba casi más allá del lenguaje. Tese temor se ha hecho realidad de un modo diferente. Las palabras permanecen, pero su significado se ha desvanecido.
"Nunca más" se pronuncia mientras los judíos son silenciados, expulsados, atacados, boicoteados y asesinados, a menudo con la aquiescencia silenciosa de las sociedades que los rodean. Los que hablan con más ahínco de la importancia de la memoria no son los que dan forma al presente. La historia la están forjando los que luchan ahora.
Friedländer demostró que el antisemitismo nazi no empezó con las cámaras de gas. Comenzó con el silencio, con el distanciamiento cortés, con los vecinos que miraban hacia otro lado.
El erudito judío-alemán Victor Klemperer describió el encuentro en diciembre de 1938 con un policía que había sido amable con él y que pasó a su lado sin saludarle, mirando fijamente hacia delante. "Ese hombre", escribió Klemperer, "representaba a 79 millones de alemanes".
Hoy, esa mirada -fría, distante, cómplice- se ha multiplicado por miles de millones. Un judío se encuentra con un viejo conocido, se sienta a la mesa con amigos de toda la vida y entra en una tienda de Roma, Vicenza, París, Nueva York o Toronto.
El mundo desvía la mirada. Los periódicos informan de asesinatos de judíos en Manchester o Bondi, de la caza de atletas israelíes en Ámsterdam, de expulsiones de universidades, de agresiones en las calles. Entre amigos y colegas, reina el silencio. Una distancia apenas disimulada. El antisemitismo se entiende, se disculpa y se normaliza.
¿Eres judío? Calla. Ya sabes cómo es. Eres un sionista. Un genocida.
Desde el 7 de octubre de 2023, los entornos sociales, las instituciones y los medios de comunicación se han movilizado. Las víctimas se han transformado en verdugos. A los judíos se les llama "nazis". Una alianza rojo-verde-islamista ha desplegado una rica y sofisticada maquinaria propagandística que ha invertido miles de millones en difundir el odio a los judíos. Su objetivo no es la ambigüedad. Es la eliminación.
"Maten a los judíos". "Muerte a los judios" "Desde el rio hasta el mar." El lenguaje es explicito.
Esto no se lleva a cabo hoy en día por una maquinaria centralizada y científica que emite órdenes desde arriba. Procede desde abajo, a través de la propia sociedad, mediante una omnipresente red internacional de adoctrinamiento. Los derechos humanos se convierten en armas para justificar la locura: Actores israelíes agredidos en la calle; la policía explicando que gritar amenazas es expresión protegida; la violencia excusada por una doctrina que divide el mundo en opresores y oprimidos, donde la venganza no sólo está permitida sino que es moralmente necesaria.
A los homosexuales perseguidos por regímenes islamistas se les dice que deben odiar a Israel, el único Estado de la región que protege su igualdad. A las mujeres se las excluye de los movimientos feministas. A los científicos se les prohíbe el acceso a los centros de investigación. Los artistas son expulsados de los teatros. Una vasta masa de judíos e israelíes es borrada. Esto es una Shoah.
El asedio es global. Una vez, los judíos huyeron de la Europa nazi a América. Hoy, los propios Estados Unidos son un escenario de violencia antisemita. En Oriente Medio, la guerra se libra con terrorismo. En otros lugares, se lucha social, cultural e institucionalmente. Sólo se puede luchar para defenderse.
Esto no sucedió de la noche a la mañana. Mein Kampf no se escribió en un día. Años de preparación precedieron al Holocausto. Hoy, la documentación muestra cómo las operaciones internacionales, coordinadas con ingentes recursos, movilizaron a las instituciones -desde las Naciones Unidas hasta los tribunales, las universidades, los festivales de cine y los sindicatos- para transformar la "causa palestina" en una bandera de los derechos humanos, a pesar de su negación explícita de los derechos humanos.
Hollywood, Venecia, Princeton, Turín, La Sapienza e incluso una pizzería de Nápoles expulsando a israelíes. Todos son nodos de una red que ha atrapado al mundo en la mentira del genocidio, una mentira desmentida en segundos por los hechos más básicos.
Como con los nazis, esta fase comienza con expulsiones, asesinatos aislados y persecución económica y cultural. Su objetivo no es todavía el exterminio industrial desde arriba, sino la desaparición desde abajo: comunidades atemorizadas que se retiran, emigran, silenciadas hasta la sumisión. Sinagogas atacadas. Cementerios profanados. Barrios judíos invadidos.
De Roma a Berlín, de Melbourne a Lakewood, de Obninsk a Rouen, los incendios provocados, las amenazas y la violencia se han convertido en rutina. Piénsatelo dos veces antes de rezar, advierte el antisemitismo.La muerte espera a la vuelta de la esquina: cuchillos, balas, coches.
Israel lucha en un frente; los judíos de todo el mundo luchan en otro. El ataque se dirige contra soldados y cantantes, atletas y estudiantes, trabajadores y fieles.Los judíos son eliminados de los campus, de las profesiones, de la política, de la vida pública. Los niños dicen a sus padres que no hablen hebreo. Llevar una kipá es peligroso. Una estrella de David invita a ser agredido.
Recordar Auschwitz ya no es suficiente. Despierten. Estamos en la fase de ataque antisemita masivo. La explosión de "incidentes" no es sólo un problema judío; es una catástrofe europea y americana. En Francia, los ataques aumentaron en un 1.000 por ciento después del 7 de octubre. En los Estados Unidos, llegaron a 10.000 en un año. Canadá y Australia están sumidos en el caos. El asesinato sigue a la retórica.
Es el algoritmo más rentable en Occidente: el antisemitismo gana votos, vende periódicos, recluta adeptos. Los sindicatos hacen huelga a favor de Hamás. Las universidades imparten cursos sobre "genocidio" mientras expulsan a estudiantes judíos. Los políticos desmantelan las leyes contra el antisemitismo. Los Oscar premian la propaganda antiisraelí. Una mujer en Nueva York grita: "Os voy a matar judíos", mientras un coche arrolla a peatones ortodoxos.
Ésta es la nueva Shoah: confinar a los judíos, uno a uno, en el miedo y el aislamiento. Fue en una conversación con la periodista estadounidense-israelí Elli Wohlgelernter cuando comprendí por primera vez cómo esta Shoah avanza desde abajo, a través de la propia sociedad, a diferencia del plan de exterminio nazi impuesto desde arriba.
Me he pasado la vida escribiendo sobre el antisemitismo. Advirtiendo sobre él. Describiéndolo. No ha sido suficiente. No digan "nunca más" este Día de Conmemoración del Holocausto el 27 de enero. Se ha vuelto vacío. Digan en su lugar: Lucharé por Israel. Ahora tiene sentido.
Los ayatolás de Irán, como la Alemania de Hitler, revelan el antisemitismo por lo que es: un sistema obsesivo de pensamiento, una simplificación de la realidad, una visión del mundo que define la existencia como violencia. Destruir Israel. Destruir a los judíos. Este es el objetivo declarado de Irán y del terror islamista, aliado en Occidente con movimientos radicales de izquierda.
Israel, sin embargo, contraataca. Cada vez que los judíos estuvieron al borde de la aniquilación, una fuerza interior les obligó a resistir. Incluso en el gueto de Varsovia, enfrentados a una muerte segura, los jóvenes lucharon, sentando las bases de la resurrección sionista. La fuerza de Israel hoy no es sólo la autodefensa judía; es un pilar en la lucha mundial contra la autocracia, el terror y el colapso de la civilización democrática.
La guerra contra los judíos es siempre una guerra contra la civilización. La académica canadiense Ruth Wisse tenía razón. Los judíos han aprendido a luchar. Y desde el 7 de octubre, no sólo los judíos sino también sus aliados deben recordar: la Shoah no destruyó sólo al pueblo judío. Devastó al mundo entero.
©️JNS