ANÁLISIS
Canadá: Alberta rechaza iniciar el proceso hacia un referéndum de independencia, pero el descontento con Ottawa mantiene viva la cuestión separatista
El resultado es una derrota para el movimiento secesionista, pero no necesariamente el final de sus reivindicaciones, ya que una parte sustancial de la provincia sigue considerando que Ottawa no respeta su peso económico ni su derecho a gestionar sus ricos recursos.

Los votantes de Alberta han rechazado por amplia mayoría iniciar el proceso hacia un referéndum vinculante de secesión. Con más de un tercio de las papeletas escrutadas, más del 76% apoyó permanecer en Canadá y alrededor del 23% votó a favor de avanzar hacia la independencia.
El resultado es una derrota para el movimiento separatista, pero no necesariamente el final de sus reivindicaciones, ya que una parte sustancial de la provincia sigue considerando que Ottawa no respeta su peso económico ni su derecho a gestionar sus recursos.
Una derrota, no una claudicación
La consulta no preguntaba directamente si Alberta debía abandonar Canadá, sino si el Gobierno provincial debía iniciar el proceso legal para convocar después un referéndum vinculante sobre la separación. Esa distinción importa, ya que muchos votantes que apoyaron la opción separatista no buscaban necesariamente un Estado independiente, sino presionar a Ottawa.
Según una encuesta de Angus Reid previa a la votación, el 60% de quienes respaldaban la opción separatista lo hacían principalmente para "enviar un mensaje" al Gobierno federal, frente al 37% que deseaba realmente un país independiente. En ese sentido, el voto secesionista funcionó como una válvula democrática: una forma de decir que Alberta no acepta ser tratada como una provincia periférica dentro de una federación cuyo centro político y financiero está en el este del país.
Carney celebra la unidad
El primer ministro Mark Carney recibió con satisfacción el resultado y afirmó que los albertanos habían tomado una "decisión clara" a favor de la unidad.
"Eligieron la unidad, construir juntos y cuidar unos de otros", declaró en un comunicado publicado en X.
Durante la campaña, Carney había defendido la estabilidad nacional en un contexto marcado por la guerra comercial y las amenazas de anexión del presidente Trump.
Frustración en el bando separatista
Según informó la AFP, Jeffrey Rath, figura destacada del Alberta Prosperity Project, aseguró a la prensa que la aspiración a una Alberta soberana seguirá adelante "sin lugar a dudas", independientemente del resultado de la consulta del lunes. "Hemos aprendido muchas lecciones de esta lucha", subrayó.
Por su parte, el activista Jour Dain no ocultó su desilusión con el electorado. "Sinceramente, si esto sigue por este camino de quedarnos en Canadá, me voy a mudar", declaró este hombre de unos cuarenta años, que ya se planteaba trasladarse a Estados Unidos.
Danielle Smith, primera ministra conservadora de Alberta, recordó que ella misma había votado en contra de la secesión, aunque promovió el referéndum precisamente para resolver una división que atraviesa la provincia. Según ha indicado, un triunfo de quienes defienden la pertenencia a Canadá pondría fin al debate sobre la independencia.
La independencia como garantía de autonomía
Los separatistas defienden que la independencia permitiría a Alberta controlar plenamente sus recursos —petróleo, gas, minerales críticos, agricultura y forestación— sin las trabas regulatorias, fiscales y climáticas del Gobierno federal. Organizadores del movimiento sostienen que la provincia podría prosperar una vez superada la inestabilidad inicial de la transición.
También es cierto que Alberta ya tiene competencias constitucionales sobre sus recursos naturales. Por ello, parte del debate real no es la propiedad del subsuelo, sino los oleoductos, las regulaciones federales, los impuestos y la capacidad de exportar energía hacia Asia sin depender casi por completo del mercado estadounidense.
El primer ministro Carney ha intentado responder a las quejas de Alberta apoyando un nuevo oleoducto hacia la costa del Pacífico y revirtiendo algunas políticas energéticas de la era Justin Trudeau. Es un paso en la dirección correcta, pero insuficiente si Ottawa quiere desactivar el resentimiento de forma duradera.
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