ANÁLISIS
Canadá: Carney llama "peligroso" al independentismo de Alberta mientras crece el hartazgo histórico de la provincia
Carney compara la posible independencia de Alberta con el Brexit. La provincia, cansada del intervencionismo de Ottawa, avanza con su consulta separatista respaldada por un 30% de apoyo récord.

El primer ministro de Canadá, Mark Carney
El primer ministro de Canadá, Mark Carney, comparó este lunes los esfuerzos de Alberta por buscar mayor autonomía, e incluso su posible independencia, con el Brexit, calificándolo de "peligroso" y sugiriendo que los albertanos no entenderían las consecuencias de su decisión.
Carney, quien fue gobernador del Banco de Inglaterra durante el Brexit, no dudó en recordar su "experiencia" para criticar el movimiento independentista albertano. Según el primer ministro, muchos británicos votaron pensando que el proceso sería sencillo. Sin embargo, Carney dijo: "Todavía diez años después, [los británicos] siguen intentando deshacer aquello por lo que no creían haber votado".
El líder del Partido Liberal aseguró que ya ha comenzado una "campaña por la unidad canadiense", en la que propone practicar un "federalismo cooperativo con Alberta, Quebec, todas las provincias y territorios del país, además de los pueblos indígenas".
No obstante, los independentistas denuncian la excesiva injerencia de Ottawa en el control de sus recursos energéticos, así como el bloqueo sistemático de inversiones motivado por regulaciones ambientales.
Alberta prepara una consulta independentista
La primera ministra de Alberta, la conservadora Danielle Smith, anunció el pasado 21 de mayo la convocatoria de un referéndum que podría abrir la puerta a un proceso legal hacia la independencia de la provincia, principal productora de petróleo de Canadá al haber generado más del 80% del crudo nacional en 2024.
Aunque la Justicia invalidó una petición ciudadana que reunió más de 300.000 firmas, Smith considera que esto no le impide organizar la consulta antes de fin de año. Según la premier, incluso en caso de victoria, el referéndum solo representaría una primera etapa en un eventual camino hacia la secesión.
Las encuestas muestran que alrededor del 30% de los cinco millones de habitantes de Alberta apoyan la independencia, la cifra más alta registrada hasta ahora.
Danielle Smith carga contra Trudeau y los liberales
El año pasado, la primera ministra afirmó: "Durante los últimos 10 años, los sucesivos gobiernos liberales en Ottawa, apoyados por sus aliados neodemócratas, han desatado una ola de leyes, políticas y ataques políticos dirigidos directamente contra la economía libre de Alberta y, en la práctica, contra el futuro y los medios de vida de nuestra gente".
"Han bloqueado nuevos oleoductos con el [proyecto de ley] C-69, han cancelado múltiples proyectos de petróleo y gas, y han prohibido precisamente los buques tanque que se necesitan para transportar esos recursos a nuevos mercados", añadió.
Para la primera ministra, "la inmensa mayoría de estas personas no son voces que deban ser marginadas o vilipendiadas. Son albertanos leales. Son, literalmente, nuestros amigos y vecinos que están hartos de que un Gobierno federal hostil ataque sus medios de vida y su prosperidad".
Alberta, una provincia menospreciada
En la década de los 80, la política del entonces primer ministro, Pierre Trudeau, fue una de "control". En octubre de ese año se implementó el Programa Nacional de Energía (NEP), que le sirvió para intensificar la lucha por los recursos naturales entre el este y el oeste del país. Para los albertanos, las acciones de Trudeau no eran más que una tentativa de redistribuir la riqueza que se generaba en Alberta.
Las provincias del oeste vieron en este programa una estrategia del Gobierno federal para mantener bajos los precios de la energía, en beneficio de las provincias del este.
Otro programa que golpeó muy duro a los albertanos fue el Programa de Incentivos Petroleros (PIP), que pagaba hasta el 80% de los gastos de exploración a las empresas de propiedad canadiense, que trabajaban en el norte y en los territorios de ultramar, desviando así la exploración petrolera de Alberta.
En los años 80, los liberales de Pierre Trudeau tildaban de poco canadienses a los albertanos, mientras que mucho del dinero de esta provincia circulaba en las provincias del este, la mayoría de ellas dedicadas a la producción de bienes y servicios.