ANÁLISIS
Canadá pierde a sus judíos: el éxodo de una comunidad que se siente traicionada por las políticas de inmigración abierta y el aumento del antisemitismo
A mediados de julio, la organización de servicio judía más antigua del mundo, B’nai Brith, había registrado en Canadá 27 incidentes antisemitas violentos solo en lo que va de 2026, frente a 10 en todo 2025.

Miembros de la comunidad judía de Montreal se reúnen en una vigilia en el Gelber Conference Centre
Canadá está experimentando una fuga de talento y capital humano que no aparece en los titulares habituales sobre economía o vivienda. No se trata solo de profesionales que buscan mejores salarios. Se trata de familias judías que, después de generaciones en el país, han decidido que ya no pueden quedarse.
Según un extenso análisis de The Free Press (TFP), el caso más mediático es el de Gad Saad, profesor de marketing y ciencias del comportamiento evolutivo. Llegó de niño, escapando de la violencia en Líbano en 1975. Casi cincuenta años después anunció que se marcha. Sus motivos son dos y no guarda secretos: primero, el sistema fiscal canadiense, que según él hace "casi imposible acumular suficiente dinero para retirarse realmente". El canadiense promedio paga alrededor de un 70% más en impuestos sobre la renta que el estadounidense medio.
Pero, según Saad, la segunda razón tiene que ver con un clima de hostilidad creciente hacia los judíos que considera incompatible con la seguridad de su familia. "Las políticas de inmigración abierta del Gobierno han hecho que no sea seguro para mi familia permanecer aquí (debido al aumento exponencial del odio a los judíos)", escribió.
En una entrevista reciente en The Joe Rogan Experience, el académico fue aún más directo: "Ahora me voy en gran parte porque se me ha vuelto difícil, si no imposible, ser un profesor judío de alto perfil que defiende el derecho de Israel a existir".
Pero Saad no es una excepción. Es la cara más conocida de un fenómeno que se está extendiendo en silencio.
Los números que no se pueden maquillar
A mediados de julio, la organización de servicio judía más antigua del mundo, B’nai Brith, había registrado en Canadá 27 incidentes antisemitas violentos solo en lo que va de 2026, frente a 10 en todo 2025. Según lo reportado en junio por Rupa Subramanya en TFP, los judíos representan aproximadamente el 1 % de la población canadiense, unos 41,6 millones de personas, pero en 2024 fueron el objetivo de más delitos de odio reportados por la policía que todos los demás grupos religiosos juntos.
Ataques recientes a panaderías judías en Toronto —uno de ellos con disparos—, detenciones de activistas vinculados a grupos terroristas y planes frustrados de secuestros o tiroteos contra centros judíos se han convertido en noticias recurrentes.
El primer ministro Mark Carney ha reconocido públicamente que el "pacto cívico" del país está fallando con los canadienses judíos. Las palabras suenan correctas. El problema es que llegan después de años de deterioro visible y de una sensación generalizada de impunidad.
Un síntoma de algo más amplio
El antisemitismo no surge en el vacío. Quienes se marchan lo relacionan con cambios demográficos profundos, con una cultura política que prioriza ciertas narrativas identitarias sobre la cohesión social, y con una relajación de estándares que ha permitido la normalización de discursos que hace una década habrían sido inaceptables.
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El año pasado, la policía detuvo a tres hombres por el supuesto intento de secuestrar mujeres judías en Toronto; uno enfrentó cargos de terrorismo por apoyo a ISIS. En abril, un nacional pakistaní con permiso de estudios en Canadá se declaró culpable de planear un tiroteo masivo en un centro judío de Brooklyn en el aniversario del 7 de Octubre. Según los fiscales, le dijo a un agente encubierto: "Podríamos acumular (asesinar) fácilmente un montón de judíos".
Mientras tanto, Canadá registra el mayor nivel de emigración de su historia moderna: más de diez mil personas al mes. Según The Free Press, no existe un desglose oficial por origen religioso, pero entre quienes se van hay una proporción notable de profesionales cualificados y familias con recursos. Las solicitudes de aliyá (migración a Israel) desde Canadá se dispararon en los últimos años.