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El misterio del Ursa Major: explosiones, sospechas nucleares y una sombra de sabotaje frente a España

Una investigación internacional apunta a que un carguero ruso pudo transportar componentes de reactores nucleares hacia Corea del Norte antes de hundirse en el Mediterráneo.

El buque de carga ruso Ursa Major durante una operación de vigilancia (Archivo)

El buque de carga ruso Ursa Major durante una operación de vigilancia (Archivo)Photo by Handout / Portuguese Navy / AFP

Diane Hernández
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El 23 de diciembre de 2024, el carguero ruso Ursa Major se hundió en el Mediterráneo, frente a la costa de Cartagena (España), tras registrar una serie de explosiones en su estructura. El incidente dejó dos tripulantes muertos y obligó a la evacuación de los 14 supervivientes restantes.

Según una investigación periodística atribuida a CNN, el buque habría emitido una señal de emergencia tras sufrir tres explosiones en su costado de estribor, posiblemente cerca de la sala de máquinas. Horas después, nuevas detonaciones habrían precedido su hundimiento definitivo.

El barco pertenecía a la empresa estatal rusa Oboronlogistics, vinculada al Ministerio de Defensa.

Una ruta sospechosa y una carga poco habitual

El Ursa Major había zarpado desde el puerto de Ust-Luga y San Petersburgo con destino oficial a Vladivostok, en el extremo oriental ruso. Sin embargo, su trayectoria y carga declarada han sido objeto de dudas desde el inicio.

El manifiesto del buque incluía dos grandes grúas industriales, 129 contenedores vacíos, y dos piezas descritas como "tapas de alcantarilla".

Según la investigación del medio, esta carga resulta difícil de justificar desde el punto de vista logístico y comercial, ya que el transporte marítimo de ese material habría sido innecesario frente a alternativas terrestres mucho más eficientes en Rusia.

Escolta militar y tránsito por aguas europeas

Uno de los elementos más relevantes del caso es la presencia de escolta militar rusa durante parte del trayecto. El buque fue acompañado por unidades de la Armada rusa como el Ivan Gren y el Aleksandr Otrakovsky.

Este nivel de protección no es habitual en un carguero civil, lo que ha alimentado la hipótesis de que el barco transportaba material estratégico o altamente sensible.

Durante su paso por aguas europeas, el buque fue rastreado por fuerzas portuguesas y españolas antes del incidente final.

El momento crítico: reducción de velocidad y explosiones

El 22 de diciembre, el Ursa Major redujo bruscamente su velocidad en aguas cercanas a la península ibérica. Las autoridades marítimas españolas contactaron al buque por radio, recibiendo como respuesta que no había problemas a bordo.

Sin embargo, menos de 24 horas después, el barco emitió una llamada de socorro tras registrarse explosiones en su costado de estribor. El incidente provocó la muerte de dos tripulantes.

Los supervivientes fueron rescatados por servicios españoles y trasladados al puerto de Cartagena, donde fueron interrogados por las autoridades.

Cuatro días después del hundimiento Oboronlogistics calificó el incidente como un "ataque terrorista selectivo" y confirmó que se habían producido tres explosiones a bordo. 

Según el comunicado de la empresa, el casco presentaba un orificio de aproximadamente 50x50 centímetros, con deformaciones del metal orientadas hacia el interior, lo que sugeriría una explosión externa. La compañía añadió además que la cubierta del barco se encontraba cubierta de metralla.

La hipótesis más polémica: reactores nucleares para Corea del Norte

Uno de los puntos más controvertidos de la investigación es la posibilidad de que el buque transportara componentes de reactores nucleares para submarinos.

​Según fuentes citadas por CNN, el capitán habría sugerido posteriormente que las "tapas de alcantarilla" podrían corresponder a elementos estructurales de reactores similares a los utilizados en submarinos nucleares rusos.

​El posible destino del cargamento habría sido el puerto norcoreano de Rason, lo que encaja con el creciente acercamiento militar entre Rusia y Corea del Norte.

​En los últimos años, ambos países han reforzado su cooperación militar, incluyendo transferencias de armamento y apoyo logístico en el contexto de la guerra en Ucrania.

Un escenario geopolítico de alta tensión

El caso se produce en un momento en el que Corea del Norte ha intensificado su programa nuclear naval. En 2025, el régimen de Kim Jong Un mostró imágenes de un supuesto submarino de propulsión nuclear, aunque sin pruebas de un reactor operativo.

Analistas citados en la investigación periodística consideran que Pyongyang aún no dispone de la capacidad técnica para desarrollar de forma independiente sistemas de propulsión nuclear naval, lo que hace relevante cualquier posible transferencia externa.

El hundimiento final y las explosiones posteriores

Tras la evacuación de la tripulación, el buque habría sufrido nuevas explosiones en la zona, antes de hundirse definitivamente.

Otras fuentes citadas en el reporte aseguran que un buque militar ruso de inteligencia, el Yantar, habría permanecido en el área durante varios días.

Posteriormente, se habrían registrado nuevas detonaciones en el fondo marino, lo que ha alimentado la sospecha de que el incidente no terminó con el hundimiento.

Interés estadounidense y vigilancia nuclear

Tras el hundimiento, Estados Unidos habría desplegado aviones WC-135, conocidos como "detectores de partículas nucleares", sobre la zona del Mediterráneo.

​Estos vuelos están diseñados para detectar trazas de material radiactivo en la atmósfera, aunque no implican por sí solos la existencia de contaminación nuclear.

​Su presencia, sin embargo, confirma el interés estratégico de Washington en el incidente.

Las hipótesis sobre el hundimiento

Las causas del hundimiento siguen sin esclarecerse. Las principales hipótesis incluyen:

  • explosión interna accidental,
  • sabotaje mediante mina o carga explosiva adherida,
  • operación encubierta de inteligencia,
  • o posible intervención militar.

Algunas fuentes sugieren el uso de armas submarinas de alta velocidad, mientras que otras apuntan a explosivos de menor sofisticación colocados en el casco.

Hasta el momento, ninguna teoría ha sido confirmada oficialmente.

Un caso sin cerrar

A más de un año del incidente, el pecio del Ursa Major permanece a unos 2.500 metros de profundidad, lo que dificulta cualquier investigación directa.

El Gobierno español ha señalado que la recuperación de las grabadoras del buque sería extremadamente compleja. La ausencia de acceso al barco hundido mantiene abiertas todas las hipótesis.

Lo único claro es que el caso combina elementos de logística militar rusa, posible transferencia tecnológica nuclear, inteligencia naval, y un entorno geopolítico altamente tenso.

Entre la evidencia y la incertidumbre

El hundimiento del Ursa Major se ha convertido en un ejemplo de cómo los conflictos contemporáneos se desarrollan en zonas grises, donde la información es fragmentaria y las versiones oficiales compiten con filtraciones y análisis de inteligencia.

Si el buque transportaba o no componentes nucleares hacia Corea del Norte sigue sin demostrarse. Pero el nivel de secretismo, la escolta militar, las explosiones y la reacción posterior de múltiples actores estatales han convertido este caso en uno de los episodios marítimos más opacos y políticamente sensibles de los últimos años.

El fondo del Mediterráneo, por ahora, conserva las respuestas que ningún gobierno ha querido o podido confirmar.

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