Lo mataron: muere en custodia un preso político del régimen chavista cuya madre de 81 años fue engañada por meses
La noticia revela una cronología de ocultamiento sistemático. Quero habría muerto en julio de 2025.

Carmen Navas, madre de Víctor Quero, visitando el presunto lugar de sepultura de su hijo, poco tiempo después de que el régimen informara de su muerte.
El fallecimiento de Víctor Hugo Quero Navas bajo la custodia del régimen venezolano ha destapado, una vez más, el engranaje de opacidad y persecución que define a estructura del chavismo.
Tras más de un año de desaparición forzada y un silencio administrativo que su familia llegó a calificar de "crueldad deliberada", el Ministerio del Poder Popular para el Servicio Penitenciario finalmente emitió un comunicado oficial este jueves confirmando la muerte del prisionero político.
La noticia revela una cronología de ocultamiento sistemático. Quero habría muerto en julio de 2025, pero el régimen mantuvo a su madre, Carmen Navas, una mujer de 81 años, recorriendo tribunales y cárceles durante meses en busca de una fe de vida que el régimen chavista sencillamente no podía dar.
El sufrimiento de Carmen Navas y la farsa institucional
Víctor Hugo Quero, un comerciante de 51 años conocido por su entorno como "el Ruso" o "el Alemán", fue secuestrado por funcionarios encapuchados de la Dirección General de Contrainteligencia Militar (Dgcim) el 1 de enero de 2025.
Aquel día, según relatos de sus allegados, solo llevaba hallacas y dulces para celebrar el Año Nuevo con su madre, Carmen Teresa Navas.
Desde ese momento, el rastro de Quero se perdió en la estructura del miedo liderada entonces por Nicolás Maduro y luego por Delcy Rodríguez.
A pesar de que un acta de comparecencia de la Defensoría del Pueblo, fechada el 24 de octubre de 2025, y difundida en coordinación con el Ministerio Público, entonces encabezado por Tarek William Saab, aseguraba que el detenido se encontraba en El Rodeo I (un reconocido centro de torturas en las afueras de Caracas) enfrentando cargos de "traición a la patria, conspiración y terrorismo", la realidad era mucho más lúgubre: para esa fecha, Quero ya llevaba tres meses muerto.
Carmen Navas, quien dependía económicamente de su hijo para gastos básicos y medicinas, lideró una cruzada desesperada. En sus visitas a El Rodeo I, los funcionarios llegaron a increparla: "¿Por qué insiste en venir?", llegaron a gritarle.
Mientras el régimen hoy gestionado por Delcy Rodríguez mantenía el hermetismo, la anciana madre era sometida a interrogatorios de hasta cinco horas por los organismos de seguridad del chavismo, obligándola a reconstruir su dolor bajo el pretexto de una "actualización" de expediente motivada por la presión mediática.
Un patrón de abandono y cargos desproporcionados
El comunicado oficial emitido hoy por el Ministerio Penitenciario intenta justificar el desenlace alegando complicaciones de salud.
Según el documento, Quero fue trasladado al Hospital Militar de Caracas el 15 de julio de 2025 por una "hemorragia digestiva superior". Nueve días después, el 24 de julio, falleció por una "insuficiencia respiratoria aguda secundaria a tromboembolismo pulmonar".
Sin embargo, el informe oficial deja preguntas profundas. Quero padecía una afección crónica de colon que requería atención especializada, la cual fue ignorada durante su reclusión en condiciones infrahumanas.
Organizaciones como Foro Penal ya habían alertado sobre el deterioro físico del comerciante, a quien el Tribunal Especial Segundo de Terrorismo vinculó infundadamente con agencias de inteligencia extranjeras y con el excomisario Iván Simonovis.
La figura de Quero Navas, un hombre que vendía ropa en el mercado de La Hoyada y productos de nutrición para sostener a su familia, fue transformada por la narrativa oficial en una amenaza para la seguridad nacional.
Esta desproporción entre la realidad y las acusaciones del Estado es un patrón recurrente en los casos de presos políticos en Venezuela, donde la detención arbitraria suele preceder a una condena a muerte por negligencia o torturas.
Uno de los detalles más alarmantes del caso es el ensañamiento del sistema judicial, que continuó operando contra Quero Navas hasta meses después de su fallecimiento. Mientras el prisionero ya había sido inhumado por el Estado, los tribunales especiales de terrorismo siguieron recibiendo y rechazando sistemáticamente recursos de habeas corpus y solicitudes de amnistía presentadas por sus abogados.
El peso de la desaparición forzada
El caso de Víctor Quero Navas se convierte ahora en un símbolo de la desaparición forzada bajo custodia. La inhumación de sus restos se realizó presuntamente el 30 de julio de 2025 sin presencia de familiares, bajo el argumento de la "ausencia de parientes", a pesar de que su madre nunca dejó de reclamar información en las sedes correspondientes.
Solo hasta hoy, 7 de mayo de 2026, Carmen Navas pudo visitar el presunto lugar de sepultura de su hijo.
La entrega de los restos y el esclarecimiento de las circunstancias de su fallecimiento son ahora las exigencias mínimas de una familia que fue engañada por el aparato estatal mientras guardaba luto sin saberlo.
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