ANÁLISIS
Canadá: los separatistas de Alberta dicen que ya tienen suficientes firmas para impulsar un referéndum de independencia
El movimiento secesionista ganó fuerza este lunes después de que Stay Free Alberta asegurara haber reunido casi 302.000 firmas, muy por encima del mínimo legal para forzar un referéndum.

Danielle Smith, Primea Ministra de Alberta
Un grupo de albertanos aseguró este lunes haber superado con creces el número de firmas necesario para forzar un referéndum sobre la posible salida de la provincia de Alberta de Canadá.
La organización Stay Free Alberta, liderada por Mitch Sylvestre, entregó a la oficina de Elections Alberta casi 302.000 firmas recolectadas durante los últimos cuatro meses. El umbral legal para activar el proceso ciudadano era aproximadamente 177.732 firmas.
"Este día es histórico en la historia de Alberta", dijo Sylvestre al llegar a la oficina para entregar la documentación, encabezando una caravana de siete camiones. "Es el primer paso hacia el siguiente —hemos superado la Ronda 3 y ahora estamos en la final de la Stanley Cup".
El proceso no es automático. Elections Alberta debe verificar la validez de las firmas en las próximas semanas. Además, una jueza ordenó a principios de abril una pausa de 30 días en la validación debido a una demanda de varias Primeras Naciones, que cuestionan la legalidad de un proceso de secesión que podría afectar sus territorios y derechos.
Se abre la puerta a un referéndum
A pesar de que la primera ministra, Danielle Smith, ha reiterado que no está a favor de la separación de la provincia, ha señalado en repetidas ocasiones que respetaría el resultado de una petición ciudadana válida y que estaría dispuesta a incluir la pregunta sobre la independencia en la boleta electoral del próximo mes de octubre, junto con tras consultas ya programadas.
El año pasado, Smith afirmó: "Durante los últimos 10 años, los sucesivos gobiernos liberales en Ottawa, apoyados por sus aliados neodemócratas, han desatado una ola de leyes, políticas y ataques políticos dirigidos directamente contra la economía libre de Alberta y, en la práctica, contra el futuro y los medios de vida de nuestra gente".
"Han bloqueado nuevos oleoductos con el [proyecto de ley] C-69, han cancelado múltiples proyectos de petróleo y gas, y han prohibido precisamente los buques tanque que se necesitan para transportar esos recursos a nuevos mercados", añadió.
Para la primera ministra, "la inmensa mayoría de estas personas no son voces que deban ser marginadas o vilipendiadas. Son albertanos leales. Son, literalmente, nuestros amigos y vecinos que están hartos de que un Gobierno federal hostil ataque sus medios de vida y su prosperidad".
Alberta, una provincia menospreciada
En la década de los 80, la política del entonces primer ministro, Pierre Trudeau, fue una de "control". En octubre de ese año se implementó el Programa Nacional de Energía (NEP), que le sirvió para intensificar la lucha por los recursos naturales entre el este y el oeste del país. Para los albertanos, las acciones de Trudeau no eran más que una tentativa de redistribuir la riqueza que se generaba en Alberta.
Las provincias del oeste vieron en este programa una estrategia del Gobierno federal para mantener bajos los precios de la energía, en beneficio de las provincias del este.
Otro programa que golpeó muy duro a los albertanos fue el Programa de Incentivos Petroleros (PIP), que pagaba hasta el 80% de los gastos de exploración a las empresas de propiedad canadiense, que trabajaban en el norte y en los territorios de ultramar, desviando así la exploración petrolera de Alberta.
En los años 80, los liberales de Pierre Trudeau tildaban de poco canadienses a los albertanos, mientras que mucho del dinero de esta provincia circulaba en las provincias del este, la mayoría de ellas dedicadas a la producción de bienes y servicios.