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ANÁLISIS

Suecia: el 'paraíso socialdemócrata' endurece el acceso a la ciudadanía ante el fracaso de la integración

El país escandinavo se prepara para un giro histórico en su política de concesión de la nacionalidad. A partir del 6 de junio se impondrán requisitos mucho más estrictos para obtener el pasaporte sueco. El objetivo es reforzar el valor simbólico y cívico de la nacionalidad.

El ministro de Migraciones, Johan Forssell

El ministro de Migraciones, Johan ForssellSPH Media via AFP.

Carlos Dominguez
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El Parlamento sueco aprobó a finales de abril la proposición 2025/26:175, que contiene cambios históricos en lo relacionado con la obtención de la nacionalidad. Las principales modificaciones entrarán en vigor a partir del próximo 6 de junio, coincidiendo con el Día Nacional. A partir de esa fecha ya no será tan sencillo convertirse en ciudadano sueco. 

Durante mucho tiempo, Suecia fue el ejemplo perfecto de lo que el establishment consideraba un paraíso multicultural: fronteras abiertas, naturalizaciones rápidas y la idea de que los inmigrantes se integrarían con el pasar del tiempo. Bastaba con cinco años de residencia, un poco de buena conducta y listo, el pasaporte estaba en tus manos. 

Sin embargo, una política de integración fallida ha permitido que la inseguridad se apodere del país. En 2022, mientras ponía en marcha una serie de iniciativas para combatir el crimen organizado, la entonces primera ministra socialdemócrata Magdalena Andersson admitió públicamente: "La segregación ha llegado tan lejos que tenemos sociedades paralelas en Suecia".

Por su parte, los Demócratas Suecos, partido que respalda al Gobierno desde el Parlamento votando a favor de leyes clave en materia de inmigración, seguridad y presupuestos, han sostenido recientemente que "la grave criminalidad es en gran medida una consecuencia directa de una política de inmigración extrema", y advierten de que "en algunos lugares, se ha llegado tan lejos que la policía necesita escolta policial para poder regresar a sus hogares por la noche".

La ciudadanía como orgullo: "No debe ser una mera formalidad"

La aprobación de la proposición 2025/26:175 busca recuperar el valor de lo que significa ser sueco y en cierta medida luchar contra la criminalidad. El Gobierno defiende que el acceso a la ciudadanía debe representar el reconocimiento de una persona que ha contribuido, se ha integrado y comparte los valores del país. A partir de ahora será mucho más difícil para los inmigrantes que hayan cometido delitos obtener la ciudadanía sueca

En ese sentido, Johan Forsell, del centroderechista Partido Moderado y ministro de Migraciones, declaró a mediados de marzo: "La ciudadanía sueca no debe ser una mera formalidad, sino algo de lo que sentirse orgulloso"; y añadió: "Durante mucho tiempo, los requisitos han sido demasiado bajos (..) se podía obtener la ciudadanía sin hablar sueco, sin saber nada sobre Suecia y sin tener medios propios de sustento".

El ministro sostuvo que la postura de la oposición de izquierda "no tiene nada que ver con la integración", y añadió que, en su opinión, lo que realmente busca es "consolidar la dependencia de las ayudas y la exclusión". Según afirmó, esta actitud supone "rebajar las expectativas sobre quien emigra a Suecia".

Los nuevos requisitos: ciudadanía como recompensa, no como regalo

Los cambios principales son duros pero lógicos:

  • Ocho años de residencia en vez de cinco. Con excepciones más limitadas para cónyuges o nórdicos.
  • Autosuficiencia económica: hay que demostrar ingresos estables (alrededor de 20.000 coronas suecas al mes, unos $2.300 y no haber vivido de ayudas sociales de forma prolongada.
  • Idioma y conocimientos: examen de sueco y una prueba sobre la sociedad, la cultura y los valores suecos.
  • Vida honrada: escrutinio serio de antecedentes penales (propios y en algunos casos familiares), tanto aquí como en el país de origen. Se acabó mirar solo para otro lado.
  • Se limita el procedimiento simplificado y los niños ya no entran automáticamente en las solicitudes de los padres.

El duro costo de la integración fallida

Estas reformas llegan tras años de aumento de la violencia vinculada a bandas criminales, muchas de ellas formadas por inmigrantes de segunda generación o llegados durante la crisis migratoria de 2015.

Muchos de sus miembros y líderes provienen especialmente de países de Oriente Medio y los Balcanes. Un ejemplo claro es la red Foxtrot, liderada por Rawa Majid, de origen kurdo-iraní.

Según el informe del GI-TOC 2025, estas bandas operan principalmente en barrios complicados de Estocolmo, Gotemburgo y Malmoe, pero también operan en ciudades más pequeñas como Sundsvall, Uppsala y Helsingborg. Suelen tener lazos familiares o étnicos y se dedican al tráfico de drogas, armas y extorsión.

Algunas de estas bandas han convertido barrios enteros en zonas de conflicto. Según los datos manejados por la Policía sueca, en 2025 había más de 17.500 miembros activos en redes criminales, y otras 50.000 personas vinculadas a ellas de alguna forma. 

Por otra parte, los tiroteos se han convertido en una constante. En 2022 se registraron 391 incidentes, con 62 muertos. Aunque las cifras bajaron un poco en 2024, según el Consejo Sueco para la Prevención del Delito (Brå), el país sigue siendo teniendo una de las tasas de asesinatos por arma de fuego más altas de Europa, cuando antaño se caracterizaba por todo lo contrario, ser uno de los más seguros no sólo del Viejo Continente sino del mundo. 

De paraíso seguro a país con bandas: el duro declive de Suecia

Suecia fue durante décadas uno de los países más seguros del mundo. Desde la posguerra hasta principios de este siglo, presumía de índices de criminalidad bajísimos, una sociedad estable y una confianza altísima en las instituciones. Aparecía habitualmente entre los 10-20 primeros del Índice Global de Paz (GPI) y su tasa de homicidios rondaba el 0,8-1,1 por cada 100.000 habitantes, de las más bajas de Europa.

Sin embargo, en los últimos 15 años esa imagen se ha deteriorado de forma considerable. Las bandas criminales, los tiroteos y las explosiones se multiplicaron, sobre todo en barrios vulnerables. 

En 2025, Suecia ocupaba el puesto 35 del GPI, lejos de los primeros puestos que solía tener. Aunque los homicidios bajaron en 2025 a 84, frente a los 92 de 2024 y lejos del pico de 124 registrado en 2020, el país ya no es el mismo de antes: la sensación de seguridad se ha erosionado.

Lo que antes era impensable, ahora forma parte del día a día en algunas zonas del país escandinavo. 
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