PERFIL
Viktor Orbán: de bestia negra del comunismo a enemigo público n.º 1 del ‘globalitarismo’
El líder húngaro sigue proyectando la misma actitud anticomunista de 1989: un hombre que no acepta que se dicten desde fuera las pautas sobre cómo debe vivir su país. Solo que ahora el enemigo ya no viste uniforme soviético, sino traje de burócrata europeo.

Viktor Orbán durante las elecciones generales húngaras de 1994.
Viktor Mihály Orbán, nacido en 1963 en Székesfehérvár y criado en el pequeño pueblo de Alcsútdoboz, en un contexto marcado por la fuerte influencia soviética, es el primer jefe de Gobierno de la etapa democrática posterior a 1989 que nunca perteneció al Partido Socialista de Trabajadores Húngaros (MSZMP).
Aunque participó en su organización juvenil (KISZ) durante sus años universitarios —algo común para acceder a estudios superiores—, su trayectoria evitó la militancia directa en el partido adulto, diferenciándolo de muchos líderes de la transición que tenían vínculos con el régimen anterior.
Para sus seguidores, Orbán es el símbolo vivo de la resistencia anticomunista que derribó el Muro de Berlín desde Budapest y su trayectoria está marcada por la lucha contra cualquier forma de control ideológico que amenace la soberanía húngara.
Infancia en el 'comunismo gulash' y despertar disidente
Orbán creció en una familia modesta del Transdanubio. Su padre era ingeniero agrícola y miembro del Partido Socialista, mientras que su madre era profesora de educación especial. El régimen de János Kádár (1956-1988), conocido como comunismo gulash por su relativo pragmatismo económico, mantenía algo de bienestar material, pero mantenía una férrea vigilancia política.
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Orbán ha relatado en varias ocasiones que durante su servicio militar obligatorio, realizado entre octubre de 1981 y 1982 junto a su amigo Lajos Simicska, experimentó un cambio radical en su visión del sistema comunista. De ser un joven "ingenuo" y relativamente conformista, pasó a rechazar abiertamente el régimen al confrontarse de cerca con su maquinaria represiva y autoritaria.
En marzo de 1988, junto a otros 36 estudiantes universitarios, fundó la Alianza de Jóvenes Demócratas (Fidesz), una organización juvenil explícitamente anticomunista, liberal y pro-europea que rechazaba tanto el socialismo real como el nacionalismo extremo de la derecha tradicional. Fidesz nació con un límite de edad de 35 años precisamente para excluir a cualquiera que hubiera comprometido con el régimen anterior.
Kádár: una estabilidad comprada con represión
El excanciller húngaro Géza Jeszenszky calculó en 350 el número de ejecuciones dictadas por sentencias judiciales, entre ellas la del primer ministro reformista Imre Nagy en 1958, figura central de la resistencia durante la Revolución Húngara.
Se calcula además que al menos 25.000 personas fueron sometidas a procesos penales, de las cuales entre 13.000 y 22.000 acabaron encarceladas o internadas; unas 860 fueron deportadas a la URSS y alrededor de 200.000 huyeron al exilio tras la revolución.
El discurso que cambió Hungría: 16 de junio de 1989
El momento que catapultó a Orbán a la fama nacional e internacional ocurrió el 16 de junio de 1989, durante el solemne reentierro de Imre Nagy y otros mártires de la revolución de 1956 en la Plaza de los Héroes de Budapest. Ante más de 200.000 personas y con los líderes comunistas sentados detrás de él, el joven anticomunista de 26 años pronunció un discurso valiente y directo.
"Si creemos en nuestra propia fuerza, seremos capaces de poner fin a la dictadura comunista; si somos lo suficientemente firmes, podremos obligar al partido gobernante a someterse a elecciones libres. Si no perdemos de vista los principios del 56, podremos elegir un Gobierno que inicie de inmediato conversaciones para la rápida retirada de las tropas soviéticas".
El joven fue el único orador que señaló la hipocresía de los funcionarios del régimen que ahora honraban a las víctimas de un sistema que ellos mismos habían defendido.
"Treinta y un años después de la ejecución del último primer ministro responsable de Hungría, podemos lograr aquello por lo que lucharon los revolucionarios de 1956", dijo. Aquellas palabras no solo aceleraron la transición democrática; convirtieron a Orbán en el rostro joven de la oposición anticomunista.
Contra el globalismo invasivo
Fidesz ganó escaños en las primeras elecciones libres de 1990. En 1993 Orbán impulsó un giro ideológico hacia el centro-derecha y el conservadurismo nacional. En 1998, con solo 35 años, se convirtió en el primer ministro más joven de Europa tras derrotar a los socialistas, sucesores directos del Partido Comunista. Durante su primer mandato Hungría ingresó en la OTAN.
Tras perder el poder en 2002, regresó en 2010 con mayoría constitucional. Desde entonces ha redefinido su anticomunismo: ya no solo contra el comunismo soviético, sino contra lo que denomina "neo-marxismo" o "izquierda liberal-globalista". En discursos recientes compara las políticas migratorias de la Unión Europea (UE), la ideología woke y el federalismo de Bruselas con las antiguas imposiciones de Moscú.
En octubre de 2023, durante el aniversario del levantamiento anticomunista de 1956, el líder húngaro equiparó la UE con la URSS: "Moscú fue una tragedia, Bruselas es una parodia contemporánea", criticando las "reprimendas" de Bruselas sobre Estado de derecho como tácticas soviéticas, aunque con "dólares desde el Oeste" en vez de tanques.
Más de tres décadas después de aquel discurso en la Plaza de los Héroes, Viktor Orbán sigue siendo el mismo anticomunista de 1989: un hombre que no tolera que nadie dicte desde fuera cómo debe vivir Hungría. Solo que ahora el "enemigo" ya no lleva uniforme soviético, sino traje de burócrata europeo.
"Por eso no aceptaremos que la UE se transforme en un imperio moderno. No queremos que sustituyan la alianza de Estados europeos libres por unos Estados Unidos de Europa".
De benefactor a enemigo: la evolución de la relación entre Orbán y Soros
La ruptura se produjo a partir de 2015 con la crisis migratoria. Orbán rechazó firmemente la política de acogida de refugiados de la UE, mientras Soros defendía una gestión más abierta de la migración. Desde entonces, el Gobierno húngaro lanzó una confrontación abierta: campañas con carteles contra la influencia progresista de Soros, la aprobación de las leyes "Stop Soros" en 2018 (que penalizaban ayudar a migrantes irregulares) y la reforma conocida como "Lex CEU" en 2017, que obligó a la Central European University —fundada y financiada por el magnate húngaro— a trasladar la mayoría de sus actividades a Viena en 2019. El Tribunal de Justicia de la UE dictaminó en 2020 que estas medidas violaban el derecho comunitario.
Lo que empezó como apoyo mutuo en la lucha contra el comunismo se convirtió en una enemistad ideológica profunda, en la que Orbán presenta a Soros como símbolo de las fuerzas globalistas que amenazan la soberanía húngara.