ANÁLISIS
¿Russiagate en Hungría? Una nueva ola de acusaciones sin pruebas huele a guion repetido
Mientras el país centroeuropeo se acerca a unas elecciones decisivas, vuelve a activarse un viejo fantasma: la supuesta interferencia rusa. Acusaciones sin pruebas sólidas, informes financiados por actores externos y un uso cada vez más agresivo de la regulación digital por parte de Bruselas amenazan la democracia al reconfigurar el terreno electoral europeo.

El primer ministro húngaro, Viktor Orbán
Hace apenas unas semanas, y justo cuando Hungría se prepara para sus elecciones parlamentarias de abril, volvió a tomar fuerza el ya conocido relato de la interferencia rusa. El tema reapareció en medios occidentales como un patrón que se activa cada vez que se acerca una cita electoral con un candidato soberanista bien posicionado que podría ir en contra de los intereses del establishment.
Recordemos el famoso Russiagate en torno al presidente Trump, una extensa investigación abierta tras las elecciones de 2016 para determinar si su campaña había colaborado con Rusia para influir en el resultado de las elecciones presidenciales y que no arrojó resultados concluyentes.
La Comisión Europea activó recientemente su sistema de respuesta rápida contra la desinformación ante las elecciones húngaras. El mecanismo, enmarcado en la Ley de Servicios Digitales (DSA), coordina a grandes plataformas como TikTok y Meta con los denominados verificadores y organizaciones civiles para detectar posibles campañas de manipulación informativa durante el periodo electoral.
Nuevas acusaciones de injerencia rusa
Un reporte de la organización sin ánimo de lucro VSquare, con sede en Polonia, sostiene ahora que Vladímir Putin habría dado órdenes directas a un grupo de estrategas políticos y a la inteligencia militar rusa (GRU) para "interferir en las elecciones parlamentarias de Hungría en abril y garantizar la victoria del primer ministro en funciones, Viktor Orbán". La historia fue publicada por el medio ucraniano Ukrainska Pravda y rápidamente replicada por Financial Times y otros outlets occidentales.
Según el informe, que vagamente cita a múltiples fuentes de seguridad nacional europeas, el hombre encargado por el Kremlin de ocuparse de Hungría es Serguéi Kiriyenko, primer subjefe de gabinete de Putin y "arquitecto de toda la infraestructura de influencia política de Rusia, tanto interna como externa".
Suena familiar, ¿verdad? Según un artículo publicado en Compact por Thomas Fazi, "en la antesala de cada elección importante en la que los candidatos populistas tienen posibilidades de ganar, el establishment de la UE comienza a invocar el espectro de la desinformación rusa y la manipulación en redes sociales".
Rumanía y Moldavia: el patrón de la 'interferencia rusa' no probada
El autor explica que esto fue precisamente lo que ocurrió en Rumanía hace poco más de un año, cuando el candidato independiente Călin Georgescu obtuvo el primer puesto en la primera vuelta de las elecciones. La votación fue invalidada después de que las autoridades afirmaran que había existido una "influencia rusa" coordinada en línea. Tras ello, Georgescu quedó excluido de la nueva convocatoria electoral.
Según Fazi, el dossier de inteligencia presentado contra Georgescu y publicado por el entonces presidente de Rumanía, Klaus Iohannis, dos días antes del fallo, no aportaba pruebas claras de interferencia extranjera ni siquiera de manipulación electoral.
Además, documentos internos revelaron que, más tarde, TikTok, la plataforma en el centro de la polémica, informó a la Comisión Europea que no había encontrado "ninguna evidencia" de una red coordinada.
Un patron similar se ha repetido casi de manera idéntica en elecciones recientes en Moldavia en 2025. Fazi recuerda que una campaña mediática sobre interferencia rusa precedió al voto y que "en ambos casos se presentó poca o ninguna evidencia verificable".
La UE usa la DSA para censurar el debate y moldear las elecciones húngaras
En el contexto de las elecciones parlamentarias en Hungría, la Comisión Europea activó recientemente su sistema de respuesta rápida contra la desinformación. Este mecanismo, integrado en el Código de Buenas Prácticas sobre Desinformación (sic) y reforzado por la DSA, coordina a múltiples plataformas digitales con verificadores de hechos y organizaciones de la sociedad civil para detectar y actuar con rapidez ante supuestas campañas de manipulación informativa o injerencias externas.
La medida estará operativa hasta una semana después de los comicios húngaros, permitiendo alertas prioritarias que pueden llevar a reducir visibilidad, etiquetar o eliminar contenidos considerados desinformación.
Voces cercanas al Gobierno de Viktor Orbán lo denuncian como una injerencia directa en el proceso democrático húngaro, acusando a Bruselas de intentar influir en el flujo de información en redes para perjudicar a su partido, Fidesz, y favorecer a la oposición.
Jorge Buxadé, eurodiputado por el partido conservador español VOX en el Parlamento Europeo, ha denunciado: "nos enfrentamos ahora a una nueva forma de presión en el ámbito digital", sugiriendo que "la Comisión está implementando su propio mecanismo de intervención para la censura política".
La DSA y la supervisión electoral en la UE
Por su parte, Fazi sostiene que, desde la entrada en vigor de la DSA en 2023, la Comisión Europea ha presionado a las plataformas digitales para reforzar la moderación de contenidos antes de varias elecciones nacionales —incluidas las de Eslovaquia, Países Bajos, Francia, Moldavia, Rumanía e Irlanda— y también durante las elecciones europeas de 2024.
"Las élites de la UE han descartado en gran medida estas preocupaciones como teorías conspirativas, insistiendo en que la regulación del discurso en línea se limita a proteger a los grupos vulnerables del discurso de odio y a salvaguardar la democracia frente a la desinformación y las operaciones de influencia extranjera —con Rusia presentada habitualmente como la culpable", señala el autor.
Red de financiación y encuestas bajo sospecha
Una lógica similar se observa en las encuestadoras húngaras que proyectan un fuerte avance del partido opositor Tisza. Algunos sondeos le han llegado a otorgar hasta 20 puntos de ventaja sobre Fidesz. Sin embargo, el autor asegura que apenas se ha examinado quiénes elaboran estas encuestas ni cómo se financian, lo que plantea dudas sobre su neutralidad.
La encuesta más reciente fue realizada por Medián, que forma parte de un ecosistema más amplio de encuestadoras —Republikon, Publicus, IDEA y 21 Research Centre— que constantemente publican datos favorables a la oposición.
Aunque se presentan como independientes, Fazi revela que su financiación apunta en otra dirección. Republikon recibió $1,5 millones en subvenciones de la UE entre 2015 y 2024, y el 57% de sus ingresos de 2024 procedió directamente de Bruselas.
También ha recibido fondos del Open Society Policy Centre, la Embajada de EEUU en Budapest, el German Marshall Fund, el National Democratic Institute, el Rockefeller Brothers Fund y la Fundación Friedrich Naumann. Las demás firmas muestran patrones similares de financiación europea y transatlántica.