La Administración Trump redefine la estrategia de EEUU en África para disputarle a China sectores clave en la región, especialmente minerales
Los minerales críticos —esenciales para la fabricación de baterías, semiconductores, tecnología militar o sistemas energéticos— se han convertido en uno de los recursos más codiciados del planeta.

Donald Trump y Xi Jinping en una imagen de archivo
La Administración Trump está ajustando su estrategia hacia África con un objetivo realista y concreto: disputarle a China el control de sectores clave para la economía global, especialmente el de los minerales críticos.
A diferencia de estrategias anteriores de Washington, el enfoque ya no pasa por expulsar la influencia china del continente, una misión casi irreal, sino por competir en áreas estratégicas vinculadas a las cadenas de suministro y la seguridad económica de países que necesitan estabilidad y prosperidad con urgencia.
“Pero si se trata de un sector prioritario —o del ámbito de los minerales, por ejemplo, y está relacionado con la resiliencia de las cadenas de suministro— ese es un terreno en el que realmente queremos competir activamente”, dijo Nick Checker, jefe de la Oficina de Asuntos Africanos del Departamento de Estado, en una entrevista con Semafor.
“Estamos siendo estratégicos sobre qué áreas y proyectos importan más”, añadió el alto funcionario. “En cuanto a desplazar a China de ciertos sectores y ser competitivos, todo se reduce a la propuesta de valor de Estados Unidos y a asegurarnos de que los países la comprendan”.
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Las palabras de Checker reflejan cómo la Administración Trump se sigue volcando hacia una política exterior más pragmática. Según sus palabras, EEUU no pretende competir “dólar por dólar” con Pekín en proyectos de infraestructura como carreteras o dádivas económicas, donde China ha consolidado su presencia durante años. En cambio, la Casa Blanca busca concentrar recursos en industrias que considera decisivas para el futuro tecnológico e industrial del mundo.
Los minerales críticos —esenciales para la fabricación de baterías, semiconductores, tecnología militar o sistemas energéticos— se han convertido en uno de los recursos más codiciados del planeta y África alberga importantes reservas de estos, lo que ha intensificado el interés de las grandes potencias.
Como parte de este movimiento, el secretario de Estado Marco Rubio organizará esta semana en Washington una reunión ministerial centrada en minerales críticos, con la participación de funcionarios de varios países africanos ricos en recursos naturales. Se espera la asistencia del presidente de la República Democrática del Congo, Félix Tshisekedi, mientras avanzan las conversaciones para una asociación estratégica en materia de minerales. También está prevista la presencia de ministros de Guinea, Kenia y Zambia.
La iniciativa se inscribe en un replanteamiento más amplio de la política estadounidense hacia el continente. Según Checker, las actuales áreas de enfoque incluyen la mejorar la “diplomacia comercial”, para exigir mayores compromisos a los países africanos en términos de “autosuficiencia” y encontrar “formas nuevas e innovadoras de asistencia”.
El cambio también implica una revisión del tono diplomático estadounidense, históricamente acostumbrado a pontificar sobre asuntos internos en África. “Con muchos países africanos llegábamos dando lecciones, moralizando sobre distintos temas. Y eso no es lo que quieren escuchar. Seguridad, crecimiento económico —eso es lo que quieren. Eso es lo que les importa. Son cuestiones en las que realmente podemos encontrar mucho terreno común”, dijo Checker.
En paralelo, Washington ha anunciado acuerdos con varios países africanos que suman más de 11.000 millones de dólares en ayuda sanitaria durante cinco años, una cifra inferior a la de programas anteriores y que refleja la intención de alinear la asistencia exterior con los intereses estratégicos de Estados Unidos.
El Departamento de Estado sostiene que la nueva estrategia ha sido bien recibida por varios gobiernos africanos, al tiempo que busca reforzar la presencia estadounidense frente a una China que, según investigaciones recientes, está reduciendo los préstamos para grandes proyectos de infraestructura mientras orienta su capital hacia inversiones más selectivas, en un esfuerzo por consolidar su poder político y económico en África.