ANÁLISIS
La paradoja verde: la construcción de turbinas eólicas, clave en la deforestación de la Amazonía
La alta demanda de la madera del árbol conocido como Balsa para dispositivos de "energía sostenible" ha provocado una sobreexplotación en la zona de Colombia, Ecuador y Perú, que ha dañado también al hábitat de animales y tribus indígenas.

Atardecer en la Amazonía ecuatoriana
Destruir el mundo para salvar el mundo. Ésa es la paradoja que enfrentan las nuevas tecnologías verdes, que en su empeño por conseguir "energía sostenible", como la producida por las turbinas de viento, se han convertido en uno de los factores claves de la deforestación y destrucción de hábitats de la Amazonía.
La conocida como "Balsa Fever" (fiebre de la balsa) está provocando un importante perjuicio a la región, especialmente en la zona de Ecuador y Perú. La madera de este árbol es apreciada especialmente para la construcción de las hélices de los gigantescos molinos de viento modernos, lo que está provocando una sobreexplotación brutal que afecta a todos los seres vivos de la zona.
Aunque el pico más agudo de esta fiebre de la balsa se produjo entre 2020 y 2021, impulsada en gran medida por el mercado chino de la energía eólica, la sobreexplotación continúa, puesto que la de este árbol es una de las maderas comerciales más ligeras, flexibles, duras y resistentes conocidas.
Investigación de la EIA
De acuerdo con el Laboratorio Nacional de Energías Renovables de EEUU, los diseños más recientes de aerogeneradores offshore pueden soportar palas de hasta 100 metros de longitud. Cada una de ellas consume unos 150 metros cúbicos de madera de balsa cada una, lo que equivale a varias toneladas.
Su impacto fue estudiado durante años por la Agencia de Investigación Ambiental de EEUU (EIA US, por sus siglas en inglés), quien señaló en 2024 a la tala intensiva como causa de una deforestación generalizada tanto de las plantaciones de balsa cultivadas como de los árboles de balsa naturales en los bosques primarios, las islas y las riberas de los ríos del Amazonas.
Devastación ecológica y social
Pero, además, la fiebre por la tala de balsa también causó la devastación socioambiental de comunidades indígenas como los achuar y los waorani, que sufrieron incursiones en sus territorios, así como la explotación de sus miembros, con intermediarios que a menudo pagaban muy por debajo del valor de mercado, arrastrando a la pobreza a comunidades enteras.
A esto se sumaron otros problemas sobrevenidos como la corrupción, el consumo de drogas y la contaminación de las zonas donde viven estos pueblos. Varios líderes indígenas han denunciado en 2025 que la situación continúa aún, y las heridas en el ecosistema y en las poblaciones están muy lejos de cerrarse, en especial por la tala ilegal.
La Amazonía ecuatoriana, la más afectada
El país más afectado es Ecuador, que produce más del 90 % de la madera de balsa del mundo, con unas exportaciones anuales medias de 56 000 toneladas entre 2013 y 2022. La sobrexplotación llegó a tal punto que "las densas plantaciones de balsa establecidas en las tierras bajas costeras de Ecuador, tuvieran dificultades para encontrar árboles maduros en las plantaciones durante el aumento de la demanda registrado entre 2019 y 2020", según el informe de la EIA.
De acuerdo con este informe, "la producción de balsa en Ecuador sigue dependiendo de la tala de bosques naturales, con una mezcla de balsa procedente de plantaciones y de bosques naturales que, según se afirma, varía entre el 10 % y el 70 %, dependiendo del exportador".
Además, la Agencia denunció que "equipos de leñadores irrumpieron en parques nacionales y territorios indígenas protegidos de la Amazonía ecuatoriana, incluida la Reserva de la Biosfera Yasuní de la UNESCO, de 2,7 millones de hectáreas. Los investigadores de la EIA también descubrieron que los leñadores ilegales se adentraron en los bosques vecinos de Perú, introdujeron troncos de balsa de contrabando en Ecuador y los blanquearon como 'originarios de Ecuador'".
Llamado a China y EEUU
La EIA terminaba su reporte con un llamamiento urgente a China y EEUU -durante el mandato de Biden y su apuesta radical por la energía verde-, los principales causante del Balsa Fever:
"[EEUU y China] Deben apoyar a Ecuador en la aplicación de sus leyes y en la implementación de un sistema eficaz y transparente de trazabilidad de la madera. La industria de la energía eólica debería dejar de abastecerse de madera de balsa procedente de la Amazonía ecuatoriana hasta que las cadenas de suministro sean trazables y transparentes, con el fin de garantizar que no son cómplices de la destrucción de los bosques amazónicos y de la explotación de las comunidades indígenas que viven allí. La EIA insta tanto a China como a Estados Unidos a intensificar el diálogo y la cooperación mutuamente beneficiosa para lograr una cadena de suministro de madera de balsa legal, sostenible, justa, trazable y transparente".
No obstante, la EIA alerta de que sus informaciones apuntan a que "hay indicios cada vez más evidentes de que se avecina otro auge de la balsa para satisfacer el crecimiento exponencial de los objetivos de energía eólica de China en su actual plan quinquenal, que culminará en 2025".