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ANÁLISIS

El islam en Texas: la Media Luna se abre paso en el estado de la Estrella Solitaria

Texas vive un crecimiento acelerado de su población musulmana y de sus mezquitas. Detrás de las cifras demográficas y de los cientos de millones invertidos en infraestructura religiosa, emerge un debate cada vez más intenso: dónde termina la fe y dónde empieza el islamismo político.

Fieles rezan en una mezquita de Stafford, Texas

Fieles rezan en una mezquita de Stafford, TexasAFP.

Carlos Dominguez
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Texas, el segundo estado más poblado de Estados Unidos, ha experimentado en las últimas décadas un aumento notable de su población musulmana y de la infraestructura religiosa asociada. 

Este fenómeno se explica por la inmigración, tasas de natalidad relativamente altas dentro de esta comunidad y, en menor medida, conversiones. Al mismo tiempo, el crecimiento institucional ha generado debates sobre la distinción entre la práctica religiosa legítima y la influencia de redes ideológicas vinculadas al islamismo político.

Cifras demográficas: un crecimiento real, pero con matices

No existe un censo oficial de religión en EEUU, por lo que las cifras son estimaciones. Según los últimos datos disponibles citados por el World Population Review, el número de musulmanes en Texas en 2020 se situó en torno a los 313.000.

La resolución concurrente HCR 18, presentada en 2025 por el representante demócrata Suleman Lalani en la 89ª Legislatura de Texas, eleva la estimación a aproximadamente 500.000 personas, lo que situaría a Texas como el estado con la quinta población musulmana más grande del país y la mayor del sur de EEUU. En cualquier caso, la comunidad representa en torno al 1 % de la población total del estado de la Estrella Solitaria.

Según proyecciones del Pew Research Center, la población musulmana en EEUU crece a un ritmo acelerado y se espera que se más que duplique, pasando de 3,45 millones en 2017 a 8,1 millones en 2050. Este crecimiento, impulsado principalmente por la natalidad y la inmigración, llevaría a los musulmanes a convertirse en el segundo grupo religioso más grande del país, superando a los judíos, en las próximas dos décadas.

El auge de las mezquitas e instituciones

El crecimiento demográfico se ha traducido en una expansión de la infraestructura religiosa. Según la US Mosque Survey 2020 del Institute for Social Policy and Understanding (ISPU), Texas ocupaba el tercer lugar nacional con 224 mezquitas, lo que representó un aumento del 35 % respecto a 2010. Estimaciones más recientes sitúan el número total de mezquitas y centros islámicos en el estado entre 300 y 350, con una fuerte concentración en el área de Houston (más de 200 centros y locales de oración según reportes locales de 2026) y en el metroplex de Dallas-Fort Worth.

La construcción ha sido intensa. Según datos citados por el Middle East Forum (MEF), "desde 2009, se han registrado en la base de datos de Architectural Barriers Projects del Departamento de Licencias y Regulación de Texas costos de construcción de mezquitas planificadas o ya completadas por un valor de casi $250 millones". Esta expansión refleja tanto la demanda de espacios de oración como la capacidad económica de sectores de la comunidad.

Tendencias: de la integración a la institucionalización

Varias tendencias destacan:

  • Concentración urbana y suburbana: Las mezquitas han pasado de locales improvisados a complejos más grandes en suburbios, generando debates locales sobre la influencia del islamismo en las comunidades. 
  • Diversidad interna: La comunidad no es monolítica. Incluye suníes de distintas escuelas (hanafí, shafií, etc.), chiíes, ismaelíes y grupos más pequeños. Houston, por ejemplo, alberga una comunidad ismaelí significativa que inauguró un centro importante en 2025.
  • Instituciones paralelas: Más allá de las mezquitas, proliferan escuelas islámicas, seminarios, organizaciones benéficas y entidades de finanzas conformes a la sharia (Ley Islámica).
  • Participación cívica: Parte de la comunidad se involucra en la vida económica y profesional de Texas. Al mismo tiempo, la organización de advocacy Council on American-Islamic Relations (CAIR), que según la Anti-Defamation League (ADL) fue fundada por simpatizantes de Hamás, tiene presencia activa en el estado.

La frontera con el islamismo político: el análisis del Middle East Forum

El Middle East Forum (MEF), a través de su proyecto Islamist Watch dirigido por Sam Westrop, ha publicado una serie de investigaciones detalladas sobre las redes islamistas en Texas. Según el MEF, más de 650-700 organizaciones sin fines de lucro islámicas operan en el estado. 

Un análisis reciente de declaraciones de impuestos y registros públicos indica que solo 232 de ellas reportan ingresos anuales combinados superiores a $544 millones y activos cercanos a los $400 millones. Una proporción significativa de estos recursos y activos estaría bajo influencia de redes islamistas.

El director ejecutivo del MEF, Gregg Roman, afirmó que "Texas es un modelo para el resto del país" y propuso crear una Comisión de Islamismo en Texas para "investigar las redes identificadas, remitir grupos para su enjuiciamiento penal o revisión regulatoria, eliminar las subvenciones públicas a grupos radicales y empoderar a los musulmanes moderados para que combatan a los islamistas que han impuesto su control sobre las comunidades musulmanas".

El voto musulmán en EEUU

Los musulmanes estadounidenses han sido históricamente un electorado de inclinación demócrata, con alrededor de dos tercios que suelen votar por los candidatos del mencionado partido, según datos de Pew Research. En Texas se mantuvo ese patrón durante varios ciclos, pero 2024 parece haber marcado una ruptura evidente a nivel nacional, impulsada en buena medida por el voto que captó la candidata del Partido Verde, Jill Stein.

Según el American Muslim Poll 2025 del Institute for Social Policy and Understanding (ISPU), en las elecciones presidenciales de 2024 el 50% de los musulmanes estadounidenses votó por Kamala Harris, el 31% por Donald Trump y el 12% por Jill Stein.

Un patrón de preferencia demócrata se mantiene también de cara a las midterms. Una encuesta reciente realizada por Community Pulse Polling, por encargo de CAIR y CAIR Action, a 1.086 votantes musulmanes registrados en Texas, Georgia, Illinois y Carolina del Norte indica que el 66% prefiere que el Partido Demócrata controle el Congreso, frente a apenas un 8% que se inclina por los republicanos.

​Asimismo, los votantes musulmanes de estos estados, entre ellos Texas, muestran una clara preferencia por participar en las primarias demócratas (60%) frente a las republicanas (9%).

​El 83% se opone a la guerra de Estados Unidos e Israel contra Irán, y el 66% asegura que no votaría por un candidato que niegue que se ha producido lo que ellos consideran un genocidio en Gaza.

Islamismo político y redes ideológicas en el estado

Otro informe publicado en febrero por el MEF sostiene que en Texas opera una amplia red que abarca múltiples corrientes (qutbistas, salafistas, deobandis, jomeinistas, jamaat-e-islami, barelvis y turcas), y que algunas de esas instituciones mantienen vínculos ideológicos, financieros o históricos con Hamás, la Hermandad Musulmana o el régimen iraní.

El MEF también documenta casos de escuelas privadas con vínculos ideológicos, el financiamiento estatal previo a ciertas entidades, proyectos de desarrollo residencial controvertidos como el del East Plano Islamic Center —objeto de demandas del fiscal general Ken Paxton— y la designación por el gobernador Greg Abbott de la Hermandad Musulmana y de CAIR como organizaciones terroristas a nivel estatal, una medida que la organización de advocacy ha impugnado legalmente.

Críticos del MEF argumentan que sus análisis pueden sobreestimar la amenaza o estigmatizar a comunidades enteras. Defensores sostienen que distinguir entre islam como fe e islamismo como proyecto político-ideológico es esencial para proteger tanto la libertad religiosa como el orden liberal.

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