Voz media US Voz.us

El Pentágono desembolsa casi $3 millones en primeros pagos a víctimas del misterioso Síndrome de La Habana

El Síndrome de La Habana salió a la luz pública en 2016, cuando diplomáticos estadounidenses destinados en la isla comunista reportaron enfermarse tras escuchar sonidos agudos durante la noche, lo que en su momento alimentó la sospecha de un ataque con un arma sónica no identificada por parte de una potencia extranjera.

Vista aérea del Pentágono, sede del Departamento de Defensa de Estados Unidos, en Arlington, Virginia

Vista aérea del Pentágono, sede del Departamento de Defensa de Estados Unidos, en Arlington, VirginiaAFP

Emmanuel Alejandro Rondón

El Departamento de Guerra realizó por primera vez pagos de compensación al personal afectado por el llamado Síndrome de La Habana, la dolencia que desde 2016 se ha manifestado en diplomáticos, espías y militares estadounidenses en distintas partes del mundo.

Según un comunicado difundido este viernes por el Pentágono, el organismo desembolsó casi $3.000.000 en compensaciones, lo que representa los primeros pagos de la Ley Havana realizados bajo cualquier gobierno estadounidense.

“El Departamento está cumpliendo plenamente con la intención del Congreso respecto a las amenazas no cinéticas, al aplicar un enfoque más dedicado, tanto en el plano militar como médico, a esta misión, y ampliando la colaboración con socios interinstitucionales para coordinar esfuerzos de investigación vitales”, se lee en el comunicado. “El Departamento está priorizando la atención del personal afectado y ha desembolsado casi 3 millones de dólares en compensaciones, lo que representa los primeros pagos de la Ley HAVANA realizados bajo cualquier administración presidencial”.

El anuncio llegó junto con otro cambio institucional clave: la Oficina del Subsecretario de Guerra para Investigación e Ingeniería renombró al Equipo Multifuncional sobre Incidentes de Salud Anómalos (AHI, por sus siglas en inglés) como Equipo Multifuncional de Bioefectos de Energía Dirigida (DEBE), aunque continuará con las mismas tareas de coordinación entre agencias para investigar el fenómeno.

El Síndrome de La Habana salió a la luz pública en 2016, cuando diplomáticos estadounidenses destinados en la isla comunista reportaron enfermarse tras escuchar sonidos agudos durante la noche, lo que en su momento alimentó la sospecha de un ataque con un arma sónica no identificada por parte de una potencia extranjera. Con el correr del tiempo, personal diplomático en China, Europa y la propia Washington reportó síntomas similares, entre ellos hemorragias nasales, dolores de cabeza y problemas de visión.

La situación llevó a Estados Unidos a retirar en 2017 a empleados no esenciales de su embajada recién reabierta en La Habana y a expulsar a diplomáticos cubanos, en medio de especulaciones sobre una posible guerra electrónica mediante microondas. La Administración de Joe Biden, sin embargo, optó por una señal de distensión en 2023 al reabrir la oficina de inmigración estadounidense en la capital cubana, que había permanecido cerrada desde el episodio.

A comienzos de 2025, una evaluación de inteligencia estadounidense concluyó que era "muy improbable" que un adversario extranjero estuviera detrás de los síntomas reportados, un hallazgo que no ha cerrado el debate dentro del propio gobierno ni entre las víctimas, pues el síndrome sigue siendo, dentro de todo, un gran misterio.

En el comunicado del viernes, responsables del área de Defensa señalaron que el organismo continuará enfatizando la transparencia y la integridad científica para lograr resultados validados, mejorar la atención a las personas afectadas y adaptarse a un entorno operativo cambiante.

Qué es el Síndrome de La Habana

Desde que se reportaron los primeros casos en la capital cubana, el fenómeno ha sido descrito oficialmente como "incidentes de salud anómalos", aunque se popularizó como Síndrome de La Habana. Funcionarios estadounidenses relataron mareos, dolores de cabeza intensos, zumbidos y problemas de memoria y visión; algunos se retiraron del servicio con lesiones que consideran permanentes.

La hipótesis más debatida desde 2020 apunta a energía electromagnética pulsada —radiofrecuencia o microondas— disparada desde una fuente externa. Un panel de inteligencia llegó a considerar en 2022 que ese mecanismo podía explicar de forma plausible algunos episodios. No obstante, estudios médicos, incluidas resonancias magnéticas realizadas por los Institutos Nacionales de Salud sobre 81 víctimas y 48 personas de un grupo de control, no hallaron diferencias significativas entre ambos grupos, algo que, por supuesto, agrega más dudas al asunto. Otros investigadores, en cambio, han planteado que el cuadro podría tratarse de un fenómeno de histeria colectiva, disparado por el temor a un ataque más que por una causa física externa.

En paralelo, el Pentágono ha estado probando en los últimos meses, según reveló CNN, un dispositivo con componentes de origen ruso adquirido mediante una operación encubierta, capaz de emitir ondas de radio pulsadas y de tamaño lo suficientemente compacto como para caber en una mochila. El objetivo es determinar en laboratorio si esa tecnología puede reproducir los síntomas reportados por las víctimas, en momentos en que la comunidad de inteligencia mantiene que es poco probable —aunque no descarta del todo— una campaña coordinada por un adversario extranjero.
tracking