Los ciudadanos árabes de Israel eligen las urnas; los palestinos siguen esperando candidatos independientes
La situación palestina, sin embargo, pone de manifiesto por qué las elecciones por sí solas no bastan... El mero hecho de celebrar elecciones sin alternativas significativas hace que los palestinos tengan que elegir entre dos clases políticas desacreditadas, en lugar de generar un cambio auténtico.

Una mujer vota en un colegio electoral del norte de Israel
Publicado el
Los resultados de las elecciones israelíes del 27 de octubre de 2026 transmitieron un importante mensaje sobre la participación política de los ciudadanos árabes del país. Según el recuento preliminar, en un logro sin precedentes para partidos de mayoría árabe, dos partidos liderados por árabes, la Lista Conjunta y Ra'am, consiguieron un total de 19 escaños en la Knesset, compuesta por 120 miembros. Este resultado supone un aumento significativo con respecto a los 10 escaños que ocupaban los dos partidos árabes en el parlamento saliente.
Ahí queda la afirmación generalizada de que Israel es un "Estado de apartheid". Las elecciones demuestran que los ciudadanos árabes de Israel votan, crean partidos políticos, se presentan a las elecciones y consiguen una representación significativa en el parlamento nacional del país. Sus representantes electos pueden cuestionar las políticas del Gobierno e influir en las decisiones que afectan a todo el país. En 2021, uno de los partidos liderados por árabes, Ra'am, llegó incluso a formar parte de la coalición de Gobierno de Israel.
Se trata de hechos que no pueden ser simplemente ignorados por quienes describen a los ciudadanos árabes como personas que carecen de derechos políticos significativos.
Más allá de las cifras, las elecciones ponen de relieve una distinción importante entre los ciudadanos árabes de Israel y los palestinos que viven bajo la Autoridad Palestina (AP) en Cisjordania o bajo el control de facto de Hamás en la Franja de Gaza.
Las últimas elecciones presidenciales palestinas se celebraron en 2005. Las últimas elecciones al Consejo Legislativo Palestino (PLC) tuvieron lugar en 2006. Hamás ganó esas elecciones legislativas, obteniendo 74 de los 132 escaños del PLC.
De esas elecciones han pasado ya, más o menos, dos décadas.
La división política entre Hamás y la facción de Fatah, en el poder en la Autoridad Palestina y liderada por el presidente Mahmoud Abbas, que culminó con la violenta toma del poder por parte de Hamás en la Franja de Gaza en 2007, dejó a los palestinos divididos entre dos centros de poder rivales. El Consejo Legislativo Palestino dejó de funcionar como parlamento nacional en 2018, cuando la Autoridad Palestina lo disolvió oficialmente. Desde entonces no se ha elegido ninguna nueva legislatura.
Recientemente, Abbas volvió a aplazar las elecciones legislativas de la Autoridad Palestina que estaban previstas para noviembre de 2026, y fijó el 11 de septiembre de 2027 como nueva fecha tanto para las elecciones legislativas como para las presidenciales.
El resultado es un sistema político sin un parlamento operativo capaz de ejercer las funciones legislativas y de control habituales que se esperan de una institución de este tipo. Aunque el mandato presidencial de Abbas expiró en 2009, ha seguido gobernando por decreto.
La ausencia de elecciones ha privado a los palestinos, durante décadas, de un mecanismo periódico para sustituir a sus líderes y renovar sus instituciones políticas y exigir responsabilidades a sus autoridades gobernantes en las urnas.
La comparación entre esas dos elecciones también plantea dudas sobre las prioridades de quienes afirman hablar en nombre del pueblo palestino.
Durante años, los diplomáticos y los gobiernos internacionales han debatido sobre la creación de un Estado palestino, la reforma política y las instituciones democráticas. Sin embargo, los palestinos han visto cómo se aplazaban repetidamente las elecciones, mientras sus líderes siguen ejerciendo el poder sin un mandato electoral renovado.
Las elecciones en Israel ofrecen, al menos, un ejemplo contrastado de cómo la representación política puede cambiar mediante la participación en unas elecciones nacionales competitivas. Los 19 escaños obtenidos por los partidos liderados por árabes no resolverán todas las dificultades a las que se enfrenta los ciudadanos árabes . No obstante, su representación les proporciona una plataforma parlamentaria desde la que negociar y examinar la política del Gobierno.
Dado que los ciudadanos árabes constituyen aproximadamente una quinta parte de la población de Israel, sus 19 escaños representan casi una sexta parte de la Knesset, lo que supone una cuota de representación considerable, aunque no se corresponda exactamente con su proporción en la población: dos millones de un total de diez millones.
El reto ahora es traducir esta representación en resultados para las comunidades que eligieron a estos legisladores.
El desempeño de los líderes árabes israelíes debería juzgarse en función de sus logros, incluyendo su capacidad para mejorar la seguridad pública y abordar las desigualdades sociales y económicas y promover los intereses de sus electores.
La participación récord de los partidos liderados por árabes demuestra que el sistema parlamentario de Israel ofrece una vía de participación política que los ciudadanos árabes están utilizando activamente. Su capacidad para organizarse, competir y aumentar su representación es un aspecto significativo de la vida política y la democracia de Israel.
La comunidad internacional debería extraer una lección clara de los últimos resultados electorales de Israel: los ciudadanos árabes que buscan una mayor influencia pueden organizarse y presentarse a las elecciones, mientras que los palestinos que viven bajo la Autoridad Palestina o Hamás carecen de libertad e influencia sobre su futuro.
La situación palestina, sin embargo, ilustra por qué las elecciones por sí solas no bastan. Durante las últimas dos décadas, los palestinos han estado atrapados en una lucha política dominada por Fatah y Hamás, dos facciones cuyo historial pone de manifiesto graves problemas de corrupción, rendición de cuentas y gobernanza eficaz. El mero hecho de celebrar elecciones sin alternativas significativas hace que los palestinos tengan que elegir entre dos clases políticas desacreditadas, en lugar de generar un cambio auténtico.
Por lo tanto, la comunidad internacional debería apoyar no solo la celebración de elecciones para los palestinos, sino, sobre todo, una auténtica competencia política, candidatos independientes, transparencia, instituciones capaces de exigir responsabilidades a los líderes electos y el fin de la corrupción y de la glorificación de la violencia y el "martirio".
Khaled Abu Toameh es un periodista galardonado que reside en Jerusalén.
Sigue a Khaled Abu Toameh en X (antes Twitter)
🛠 ¿Cree que hay algún error en esta noticia?
Recomendaciones















