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A las FARC y al ELN les llegó su peor enemigo: el “Tigre” en alianza con EE. UU.

La relación entre Colombia y Estados Unidos en el marco de la ACCC se convertirá en la peor pesadilla de los narcoterroristas en Colombia y en el hemisferio.

El presidente de Colombia Abelardo de la Espriella

El presidente de Colombia Abelardo de la EspriellaNurPhoto via AFP.

Desde la selva de Panamá el secretario de Guerra de Estados Unidos, Pete Hegseth, anunció una nueva etapa en la estrategia de la Administración Trump hacia el hemisferio, centrada en una mayor cooperación militar contra los grupos narcotraficantes y las organizaciones designadas como terroristas. Entre los anuncios, además, estuvo la noticia de que Colombia se incorpora al Escudo de las Américas y podría convertirse en el centro de la Coalición Contra Carteles. La poderosa relación entre el Gobierno colombiano y la Administración Trump se convertiría en el peor enemigo de los narcoterroristas del ELN y las FARC, organizaciones que durante décadas han atormentado al pueblo colombiano.

Esta cooperación se perfila como una especie de Plan Colombia con esteroides, y podría representar un golpe decisivo contra los grupos narcoterroristas que operan en Colombia. Entre los beneficios que obtendría el país suramericano de esta nueva alianza con Estados Unidos están una mayor cooperación en imágenes e inteligencia satelital, vigilancia y seguimiento por radar, interceptaciones, entrenamiento, armamento, artillería, inteligencia militar y rastreo de los recursos financieros de las organizaciones criminales.

Hegseth además aseguró que el recién posesionado presidente, Abelardo de la Espriella, solicitó formalmente la colaboración de Estados Unidos para realizar operaciones militares conjuntas contra el narcoterrorismo. Colombia autorizó trabajar junto con EE. UU. para “destruir terroristas y redes terroristas”. En la rueda de prensa desde el Centro de Entrenamiento de Operaciones en la Selva panameña, un periodista le preguntó específicamente al secretario si podrían ocurrir ataques conjuntos contra grupos como el ELN y las FARC, Hegseth respondió sin titubear que sí, señalando que las organizaciones designadas como terroristas son objetivos legítimos de operaciones conjuntas.

El secretario fue contundente al asegurar que con la nueva política de la Administración Trump los malos van a enfrentar consecuencias realmente graves. Aseguró que durante mucho tiempo a los malos se les permitió actuar en contra de los buenos, pero que ahora, bajo la Administración Trump, la situación ha cambiado de manera radical y Estados Unidos está dispuesto a colaborar extensamente con los gobiernos aliados para destruir a las organizaciones terroristas y los carteles del narcotráfico. 

"Vamos a llevar esos magníficos helicópteros Chinook y aviones C-17 cargados de expertos y suministros... Colombia va a ser un socio extraordinario”, dijo Hegseth. Efectivamente esta cooperación entre Estados Unidos y Colombia será extraordinaria y tiene el potencial de cambiar no solo el futuro de Colombia, sino el de la región entera. Como bien lo dijo el secretario Hegseth, Colombia debería ser el centro de la lucha contra el narcotráfico, entre otras razones, porque es el principal productor mundial de cocaína y concentra la mayor superficie cultivada de hoja de coca, bajo el Gobierno de petro las hectáreas de coca aumentaron hasta 300.000, eso significa un país inundado en cocaína. 

Tanto el presidente Donald Trump como el presidente Abelardo De La Espriella tienen personalidades y estilos de gobierno particulares. Ambos han demostrado que no ceden ante las críticas de activistas, medios de comunicación u organismos internacionales tomados por la izquierda, y comparten una postura firme y combativa frente al narcotráfico y las organizaciones criminales. En ese contexto, la cooperación entre Estados Unidos y Colombia tiene el potencial de convertirse en un punto de inflexión para el continente, no solo por su capacidad para debilitar a grupos narcoterroristas como el ELN y las FARC, sino también por su intención de reducir la influencia de potencias adversarias de Occidente, como China y Rusia. 

Esta alianza podría contribuir además a consolidar una coalición regional de gobiernos comprometidos con la defensa de las libertades individuales, la seguridad y la economía de mercado, y a marcar un nuevo rumbo frente a las políticas asociadas al llamado socialismo del siglo XXI que durante años llenó de miseria y narcotráfico la región.

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