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Historia de Somalilandia, el país menos globalista del mundo (1)

Somalilandia: independencia, guerra y genocidio

A diferencia de las de la mayor parte de los países africanos y asiáticos que fueron de una u otra forma colonizados o tutelados por europeos, las élites de Somalilandia ven con simpatía al antiguo patrón europeo e incluso utilizan sus símbolos de manera positiva.

Monumento conmemorativo de la Guerra de Hargeisa en Hargeisa.

Monumento conmemorativo de la Guerra de Hargeisa en Hargeisa.AFP.

Marcel Gascón
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La gran tragedia de la historia reciente de Somalilandia fue ignorada por las instituciones clave y los grandes actores globalistas. Sólo Israel, el país más odiado por el globalismo, prestó atención al genocidio de los Isaaq. Somalilandia rompe además los esquemas globalistas en su rechazo al relato victimista contra la antigua metrópolis europea.

Es probable que la palabra Somalilandia diga muy poco al lector en español, y que al leerla piense primero en un reino de cuento, por la terminación -landia, que remite entre otras referencias a Disneylandia, y en el helicóptero americano Black Hawk derribado, los piratas secuestrabarcos y los atentados del grupo terrorista islámico Al Shabab, con los que se asocia a Somalia.

Somalilandia significa en efecto "tierra de somalíes", pero está lejos de ser sinónimo de Somalia. A diferencia de la vecina Somalia (que, como por comparación sugiere la terminación de su nombre, era colonia italiana), Somalilandia fue entre finales del siglo XIX y mediados del XX protectorado de los británicos, de los que seguramente tomó el nombre, con la terminación -land, “tierra”, en inglés.

Los somalilandeses declararon su independencia completa de los británicos en 1960, unos días antes de que sus primos somalíes se emanciparan de los italianos. A diferencia de las de la mayor parte de los países africanos y asiáticos que fueron de una u otra forma colonizados o tutelados por europeos, las élites de Somalilandia ven con simpatía al antiguo patrón europeo e incluso utilizan sus símbolos de manera positiva. Sirva como ejemplo este activista por el reconocimiento de Somalilandia, que tiene como foto de perfil en X la bandera del protectorado británico.

Animados por la ola de idealismo africanista que recorría el continente en los días de las declaraciones de independencia, las dirigencias de la Somalilandia y la Somalia emancipadas decidieron fusionarse en nombre de la unidad de todos los somalíes para formar una sola república con aspiraciones de aglutinar un día también a las tierras pobladas por otros somalíes, en la actual Yibuti y dentro de las fronteras presentes de Etiopía y Kenia.

Pero aunque la unión entre los dos territorios pioneros acabara materializándose de facto, el casamiento no fue del todo legal, como hasta hoy insisten en recordar los abogados de la legitimidad soberana de Somalilandia. Y es que, aunque Somalia y Somalilandia firmaron entonces declaraciones unilaterales de unión, no llegó a firmarse un documento entre las partes a tal efecto.

"Israel fue prácticamente el único país que prestó atención a lo que ocurría en aquella tierra del Cuerno de África y denunció ante la ONU lo que hoy se conoce como el Genocidio de los Isaaq".

En 1961, además, se sometió a referéndum la primera Constitución de la República unitaria somalí, que fue votada con entusiasmo en el sur (en la ex italiana Somalia) pero rechazada abrumadoramente en los territorios del norte, donde es mayoritario el clan Isaaq (en la ex británica Somalilandia).

Este matrimonio infeliz desde sus comienzos acabó de hacer aguas en la década de 1980, cuando el descontento hacia la dictadura del general Mohamed Siad Barre propició la activación en el antiguo protectorado británico del Movimiento Nacional Somalí (SNM, en sus siglas en inglés), uno de los múltiples grupos armados que se alzaron contra el dictador.

Barre respondió a la contestación en el norte con una brutal campaña militar encaminada a poner fin para siempre al problema Isaaq. Hasta 200.000 integrantes de ese clan mayoritario en Somalilandia perdieron la vida a manos de las fuerzas de Barre sólo entre 1987 y 1989, ante la indiferencia internacional generalizada.

Dos cazas del Ejército de Mogadiscio se turnaban para bombardear indiscriminadamente la capital de la región rebelde, Hargeisa, durante cuatro horas al día, según cuenta en este documental sobre la historia del país el entonces combatiente del SNM Musa Bihi Abdi, que después sería presidente de Somalilandia. En una elevación de terreno cerca de la ciudad, las fuerzas del dictador montaron además cañones de artillería rusos con los que bombardeaban a placer la ciudad.

Como ha vuelto a hacer ahora al ser pionero en el reconocimiento formal de Somalilandia como Estado (del que nos ocuparemos más tarde), Israel fue prácticamente el único país que prestó atención a lo que ocurría en aquella tierra del Cuerno de África y denunció ante la ONU lo que hoy se conoce como el Genocidio de los Isaaq.

Igual que los judíos sobrevivieron a Hitler, los Isaaq pudieron celebrar la partida de este mundo de Barre, que murió en 1991 en su exilio de Lagos, Nigeria, con Mogadiscio y la Somalia ex italiana sumidas en el estado de guerra y caos en que siguen hoy.

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