Davos 2026: el desencuentro global y la paradoja de Groenlandia
Aunque la convocatoria reúne a casi 3.000 líderes de más de 130 países, destacándose el récord de casi 400 líderes políticos de alto nivel, más de 60 mandatarios, casi mil CEOs de corporaciones globales y tecnológicas, es una ausencia la que se lleva toda la atención, la de Dinamarca.

Davos 2026 Associate Press/ LaPresse Only Italy and Spain
Esta semana, el Foro Económico Mundial, aka Davos, celebra su 56ª cita bajo el lema "El Espíritu del Diálogo". Paradójicamente, la reunión será recordada por todo menos por el diálogo, consecuencia directa de ausencias y enfrentamientos marcados por el control de Groenlandia.
Aunque la convocatoria reúne a casi 3.000 líderes de más de 130 países, destacándose el récord de casi 400 líderes políticos de alto nivel, más de 60 mandatarios, casi mil CEOs de corporaciones globales y tecnológicas, es una ausencia la que se lleva toda la atención, la de Dinamarca.
La historia del interés de EEUU en Groenlandia y la particular intención de Trump de hacerse con la isla la hemos tratado aquí, pero las declaraciones de Trump calentaron la previa a Davos dramáticamente en los últimos días. El Presidente trascendió ampliamente el plano prudente de la retórica al anunciar que impondrá un arancel adicional del 10% a ocho países europeos a partir del 1 de febrero, condicionando su retiro a que se alcance un acuerdo para la compra de Groenlandia, e incluyó un cronograma de escalada que elevaría la pena al 25% el 1 de junio si no se materializa la transacción territorial.
La respuesta europea habla ya de contramedidas arancelarias masivas para productos estadounidenses. El domingo los ocho países emitieron una declaración conjunta categórica respaldando a Dinamarca, al tiempo que denunciaron la degradación de las relaciones transatlánticas.
El panorama se ha vuelto confuso en el terreno militar, con un despliegue “simbólico” de tropas de algunos países europeos en la región como parte del ejercicio "Arctic Endurance" aunque las versiones de una rápida retirada de algunas de estas dotaciones sumó más oscuridad a la maniobra. Trump, claro está, valoró negativamente estos despliegues, aunque el lunes 19 adoptó un tono más cauteloso respecto a cuán lejos estaría dispuesto a llegar para tomar control del territorio semiautónomo danés. En la Casa Blanca continúa circulando la propuesta de que Estados Unidos adquiera Groenlandia mediante una transacción comercial y que este pago llegue directo a cada habitante groenlandés, probablemente dejando a Dinamarca fuera de la ecuación. Lo cierto es que la reunión arranca con los europeos indignados con Trump, luego de un año en el que trataron de hacer lo imposible por llevarse bien con el republicano.
Resulta razonable que Trump procure defender los intereses estadounidenses en el Ártico, especialmente bajo las intenciones expansivas de China y Rusia, sin embargo, con el diagnóstico acertado, cabe cuestionarse si era necesario poner a los aliados contra las cuerdas y al borde de la humillación, obligándolos a reaccionar en una dinámica que difícilmente beneficie a los mismos intereses estadounidenses. Esta parece ser una constante en numerosos planes trumpistas, el proyecto sobre Groenlandia tiene lógica, pero la ejecución resulta contraproducente. Sobre todo si la idea era seducir a los ciudadanos groenlandeses.
Trump espera salir de Davos con un avance sólido sobre Groenlandia, pero el tendal de heridos que está dejando en pos de un objetivo que podría haber conseguido mediante la seducción podría ser un precio muy caro. Es poco probable que exista una ruptura de la OTAN, pero el resquebrajamiento progresivo de las relaciones en una situación innecesaria sólo puede beneficiar a los enemigos, vale decir a China y a Rusia, justamente los actores que amenazan a Groenlandia.
Tanto se caldearon los ánimos con este tema, que políticos europeos aliados del presidente se han visto durante el fin de semana en una incómoda posición, imposibilitados de defender la agenda de Trump, toda vez que la nueva guerra arancelaria ataca de lleno a las economías de los propios votantes europeos.
Una de las críticas públicas más sorprendentes fue la de Nigel Farage, el líder de Reform UK, manifestó el 17 de enero que estos aranceles “nos perjudicarán” fuertemente. El político británico tiene una gran relación con Trump, sin embargo advirtió que la disputa por Groenlandia representa la mayor fractura en la relación transatlántica desde la crisis de Suez en 1956. En la misma tónica, la primera ministra de Italia, Giorgia Meloni, calificó a los aranceles como "un error", divergiendo de la frecuente alineación de su administración con la política exterior de EEUU.
Jordan Bardella, líder del partido Agrupación Nacional de Francia, acusó a Trump de ejercer chantaje comercial, e instó a suspender el acuerdo arancelario entre la UE y Estados Unidos, y el partido alemán Alternativa para Alemania (AfD), otro aliado del Presidente, advirtió sobre el potencial desestabilizador de las amenazas arancelarias. El primer ministro del Reino Unido, Keir Starmer, calificó la decisión como "completamente errónea", y el primer ministro sueco Ulf Kristersson declaró que Suecia no sería chantajeada, mientras que el primer ministro noruego descalificó las amenazas.
La tensión diplomática provocó reuniones de emergencia en la Unión Europea, pero lo más notorio fue que, en una proporción extraordinariamente alta, manifestantes salieron a las calles en Nuuk (la capital de Groenlandia) en protesta contra las ambiciones territoriales estadounidenses, en estas manifestaciones participó el primer ministro de Groenlandia, Jens-Frederik Nielsen. Con sus declaraciones, Trump ha subido el precio del eventual acuerdo, una jugada poco feliz para un experto negociante.
La paradoja se despliega con claridad, Trump tiene razón al identificar la importancia estratégica de Groenlandia y la necesidad de fortalecer la presencia de EEUU en el Ártico frente al avance de China y Rusia. La preocupación por la seguridad del Ártico es legítima, pero su ansiedad por resultados inmediatos y su estrategia de amenazas y ultimátums pueden arruinar completamente su plan y generar resentimiento que antes no existía en los groenlandeses a los que deseaba seducir, y de paso generar una pésima imagen en los europeos que compartían sus intereses y valores.
Existen múltiples vías para fortalecer la presencia estadounidense en Groenlandia sin antagonizar con quienes la habitan, la pregunta es si Trump ajustará su enfoque antes de que, paradójicamente, la extraña diplomacia desplegada en los últimos días lo alejen del apoyo popular que tanto necesita.