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El general islamista de Sudán: cómo la alianza de al Burhan con Irán y los Hermanos Musulmanes amenaza la seguridad de Estados Unidos e Israel

Si Washington sigue tratando a al Burhan como un interlocutor legítimo, entregará el mar Rojo a Teherán sin disparar un tiro.

El general Abdel Fattah al Burhan

El general Abdel Fattah al BurhanAFP.

Sudán se ha convertido en el nuevo frente de la larga guerra de Irán contra Occidente e Israel, y Washington no puede permitirse seguir fingiendo lo contrario. Mientras los diplomáticos hablan de alto el fuego y "transiciones inclusivas", Teherán está sentando las bases para algo mucho más peligroso: una cabeza de playa militar en el mar Rojo, operada a través de su nuevo aliado en Jartum, el general Abdel Fattah al Burhan.

La Administración Biden e incluso parte del establishment de la política exterior de Trump han descrito a al Burhan como un líder "pragmático", un hombre que podría guiar a Sudán hacia la estabilidad. Nada más lejos de la realidad. Al Burhan es un militar del antiguo régimen islamista de Omar al Bashir, socio desde hace mucho tiempo de los Hermanos Musulmanes y beneficiario de la renovada expansión militar de Irán. No es un baluarte contra el extremismo, sino su nueva fachada.

El 12 de septiembre, el Cuarteto —formado por Estados Unidos, Arabia Saudí, los Emiratos Árabes Unidos y Egipto— lanzó una clara advertencia: los Hermanos Musulmanes no deben tener ningún papel en el futuro de Sudán. La declaración también exigía que las Fuerzas Armadas Sudanesas (FAS) pusieran fin a sus ataques contra la población civil y entregaran el poder a un Gobierno civil de transición. La respuesta de al Burhan fue inequívoca: escalada. En cuestión de días, sus fuerzas reanudaron los bombardeos en Omdurmán y reforzaron su control sobre Puerto Sudán. Su negativa a aplicar un alto el fuego no es un acto de soberanía, sino el desafío deliberado de un general islamista que sabe que cuenta con el apoyo político y logístico de Irán.

Irán ve en Sudán lo que una vez vio en Yemen: un punto de entrada estratégico. Habiendo perdido libertad de maniobra a lo largo de su corredor tradicional - Siria y Líbano - Teherán busca un nuevo flanco contra Israel y las fuerzas estadounidenses en Oriente Medio. El mar Rojo, con sus rutas marítimas y su proximidad al puerto israelí de Eilat, es ese flanco. Al armar y asesorar al Ejército de al Burhan, Irán obtiene exactamente lo que necesita: una plataforma de lanzamiento para drones, un centro logístico para sus milicias y una victoria simbólica que extiende el Eje de Resistencia desde el Levante hasta el Cuerno de África.

"El Ejército de al Burhan ya no es una institución secular, sino que se ha convertido en un híbrido de oficiales profesionales, milicias islamistas y restos de las ramas armadas de los Hermanos Musulmanes"

Esto no es teoría. Fuentes de inteligencia e imágenes de dominio público ya han confirmado la transferencia de drones y sistemas de defensa aérea iraníes a las Fuerzas Armadas Sudanesas. Se ha visto a asesores iraníes en zonas militares que antes controlaban las Fuerzas de Apoyo Rápido (FAR), rivales de las Fuerzas Armadas Sudanesas. La lógica operativa es clara: crear un Ejército islamista alineado con Irán en la costa occidental del mar Rojo para amenazar a Israel desde el sur, poner en peligro el transporte marítimo saudí y atacar los activos navales estadounidenses estacionados en las cercanías.

Para Israel, lo que está en juego es inmediato. El mar Rojo es vital para su comercio y su seguridad naval. Un Sudán favorable a Irán proporciona a Teherán una ruta marítima directa hacia la frontera sur de Israel, evitando el golfo Pérsico, que está más vigilado. Se pueden introducir de contrabando misiles, drones y armas a través de Puerto Sudán y por los corredores del desierto hacia la península del Sinaí, utilizando las mismas redes que utilizaba Hamás antes de la represión de Egipto. El escenario de pesadilla no es abstracto: ataques respaldados por Irán contra Eilat o contra instalaciones estadounidenses en Yibuti o el golfo de Adén.

El peligro se ve agravado por la dimensión ideológica. El Ejército de al Burhan ya no es una institución secular, sino que se ha convertido en un híbrido de oficiales profesionales, milicias islamistas y restos de las ramas armadas de los Hermanos Musulmanes. Informes procedentes de Jartum indican que clérigos cercanos a esta organización ejercen ahora como capellanes militares y propagandistas dentro de las Fuerzas Armadas de Sudán. Para Irán, se trata de un socio ideal: un Ejército islamista suní que puede ser cooptado para formar parte de una alianza más amplia contra Occidente e Israel sin necesidad de una conversión formal al chiismo ni de fricciones teológicas.

"El primer paso es exigir la renuncia de al Burhan y condicionar cualquier compromiso, ayuda y reconocimiento a su salida inmediata"

El coste de la inacción será inmenso. Si Washington sigue tratando a al Burhan como un interlocutor legítimo, entregará el mar Rojo a Teherán sin disparar un solo tiro. El mismo patrón que convirtió a Yemen en una plataforma de lanzamiento para los misiles hutíes y la agresión naval podría repetirse a lo largo de las 700 millas de costa de Sudán. Los buques de la Armada de los Estados Unidos podrían verse sometidos a un acoso constante por parte de drones, mientras que Israel se enfrenta a un frente sur controlado por grupos islamistas.

Todavía hay una pequeña posibilidad de evitar este desenlace, pero solo si Estados Unidos actúa con claridad. El primer paso es exigir la renuncia de al Burhan y condicionar cualquier compromiso, ayuda y reconocimiento a su salida inmediata. Las negociaciones no pueden tener éxito mientras el hombre alineado con Irán y los Hermanos Musulmanes controle el Estado sudanés. Estados Unidos debería respaldar la formación de un Gobierno interino tecnocrático y civil bajo supervisión internacional, con una supervisión explícita del Ejército y el sector de la seguridad.

En segundo lugar, Washington debe colaborar con los socios del Cuarteto para bloquear las rutas de armas iraníes hacia Sudán. La cooperación en materia de inteligencia entre Estados Unidos, Israel, Egipto y los Emiratos Árabes Unidos es esencial. El corredor del mar Rojo debe ser patrullado, vigilado y defendido. Una fuerza operativa marítima conjunta, inspirada en las operaciones contra la piratería frente a las costas de Somalia, podría garantizar que los envíos iraníes no lleguen a Puerto Sudán.

En tercer lugar, Estados Unidos debería restablecer la disuasión mediante políticas, no con palabras vacías. Las sanciones dirigidas contra los generales de al Burhan, los intermediarios iraníes y los financiadores de los Hermanos Musulmanes enviarían un mensaje inequívoco: el Ejército sudanés volverá a sus cuarteles o se enfrentará al aislamiento.

"La tragedia de Sudán es que su pueblo quiere libertad, mientras que sus generales quieren poder y sus patrocinadores extranjeros quieren influencia"

Por último, Washington debe reafirmar que Estados Unidos apoya a Israel y a los pueblos de la región que rechazan la tiranía islamista. La Hermanos Musulmanes han desestabilizado todas las naciones en las que han estado presentes, desde Egipto hasta Libia y Túnez. Permitir su resurgimiento dentro del Ejército sudanés echaría por tierra años de avances en la lucha contra el terrorismo y pondría en peligro vidas estadounidenses e israelíes.

La tragedia de Sudán es que su pueblo quiere libertad, mientras que sus generales quieren poder y sus patrocinadores extranjeros quieren influencia. Estados Unidos puede ayudar a romper este triángulo eliminando su piedra angular: el propio al Burhan. Su salida abriría la puerta a una transición civil, negaría a Irán su nueva cabeza de playa y demostraría que Washington ha aprendido finalmente la lección del apaciguamiento del pasado: que no puede haber asociación con quienes se arman contra la civilización.

Estados Unidos lideró en su día al mundo libre en la lucha contra este tipo de amenazas. Puede volver a hacerlo, reconociendo a Sudán no como un inconveniente diplomático, sino como el próximo frente en una guerra ya declarada por Irán, los Hermanos Musulmanes y sus aliados. Si Estados Unidos y sus socios no actúan, es posible que el mar Rojo pronto albergue algo más que rutas comerciales. Podría albergar la próxima guerra contra Occidente.

Robert Williams reside en Estados Unidos y es redactor del Gatestone Institute.

© Gatestone Institute.

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