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Presidente Trump: Colombia tiene el mismo problema que Brasil y a Uribe quieren hacerle lo mismo que a Bolsonaro

Quienes están avanzando esta persecución contra un gran amigo de Estados Unidos deberían asumir consecuencias. Lo de Colombia es la instrumentalización de la justicia, pero en esteroides.

Un periodista graba una de las audiencias contra Álvaro Uribe.

Un periodista graba una de las audiencias contra Álvaro Uribe.AFP

El presidente Donald Trump decidió imponerle unos severos aranceles del 50% a Brasil y, una de las principales razones, es la persecución que el Gobierno socialista de Luiz Inácio Lula da Silva ha emprendido contra el expresidente y líder opositor, Jair Bolsonaro.

No hay duda: el régimen brasileño ha utilizado la justicia para perseguir a sus oponentes. El caso contra Bolsonaro es completamente absurdo y han quedado expuestas las costuras del sistema judicial y político. El presidente Trump, seguramente, sentirá empatía pues lo vivió en carne propia.

Pero justo al lado de Brasil hay otro caso de persecución que es, incluso, más obsceno. Si en cuanto a instrumentalización de la Justicia hablamos, el caso de Colombia es con esteroides.

En 2012 el senador de extrema izquierda y ex miembro del Partido Comunista, Iván Cepeda, acusó al expresidente conservador Álvaro Uribe de crímenes de lesa humanidad. Cepeda llevó esas acusaciones hasta sus últimas consecuencias y finalmente la justicia colombiana decidió empezar la investigación contra Uribe.

Durante todo el proceso ha quedado claro que las acusaciones de Cepeda contra Uribe son infundadas y carecen de respaldo. Propiamente, Uribe —quien fue presidente de Colombia entre el 2002 y el 2010 y fue el gran responsable de acabar con las guerrillas comunistas de las FARC, el narcotráfico y de reinsertar al país en la modernidad— fue acusado de cometer excesos en su guerra contra el narcoterrorismo. Sin embargo, todos los testigos que se han presentado, tanto de un lado como del otro, han desmontado el relato de que el expresidente cometió crímenes.

Pese a que las acusaciones en su contra carecen de fundamentos, el proceso ha seguido su curso. Y antier, luego de 67 sesiones de varias horas de duración, concluyó el juicio que va a definir el futuro del hombre que salvó a Colombia de la guerrilla y el terrorismo de la extrema izquierda. El 28 de julio la juez, quien es la que decide, anunciará el fallo

Estas 67 sesiones han expuesto la manipulación del sistema judicial. La juez se ha negado a escuchar a testigos del expresidente, ha permitido a la parte acusadora manipular y le ha dado todas las libertades a Cepeda de presentar los testigos que quiera. Incluso, la juez ha manipulado el testimonio de Uribe para hacerlo ver como que ha reconocido algunas de las acusaciones.

Pacientemente y de forma disciplinada, Uribe ha seguido su proceso, asistiendo a cada una de las sesiones, defendiéndose él mismo de cada acusación. La gente lo ve: ha dado la cara, sin esconderse, dejando claro que no tiene nada que ocultar. 

Esta persecución contra Álvaro Uribe es alentada por el Gobierno del socialista Gustavo Petro, que tiene relaciones estrechas tanto con la juez como la fiscal. Durante el juicio también ha quedado expuesto cómo el mismo Cepeda le pagó a algunos testigos para que inculparan a Uribe. 

Absolutamente todo el caso es una instrumentalización absurda de la justicia para perseguir a Uribe. Y no es simplemente el Estado, la corrupción y el narcotráfico contra un opositor político. Uribe es mucho más que eso. Es un símbolo de la lucha contra el crimen organizado, el narcotráfico y es un símbolo del Estado de derecho y la seguridad. Si la izquierda lo logra meter en la cárcel, tendría un triunfo de proporciones que aún no medimos. Uribe representa mucho para el movimiento conservador de Colombia y todo el continente. 

El mismo presidente Donald Trump lo dijo en octubre de 2020, durante su primer término, justo cuando Uribe recuperó su libertad luego de pasar 67 días en prisión domiciliaria, también a raíz de esta persecución: "¡Felicitaciones al expresidente Álvaro Uribe, un héroe, quien recibió la medalla presidencial de la Libertad y un aliado de nuestro país en la lucha contra el Castro-chavismo! ¡Siempre estaré con nuestros amigos colombianos!".

Ese gran amigo de la libertad, ese héroe que salvó a Colombia de las garras de una eterna y cruenta guerra de guerrillas, está hoy en peligro y a merced de una juez corrupta, politizada, que está dispuesta a pervertir todo el sistema judicial para ver a Uribe tras las rejas. 

Ya el presidente Donald Trump ha demostrado que esta Casa Blanca si cuida a sus aliados, como con el caso de Bolsonaro y el caso del primer ministro israelí Benjamin Netanyahu, quien también enfrenta persecución en su país. Las palabras de apoyo de Trump dejan claro que este Estados Unidos valora a sus amigos y está dispuesto a defender la justicia más allá de sus fronteras.

La alerta del senador Bernie Moreno es muy importante: "Colombia debe poner fin a la instrumentalización de su sistema judicial contra el expresidente Álvaro Uribe. Es un camino muy peligroso para el que debería ser uno de los principales aliados de Estados Unidos en América Latina".

Es un mensaje muy claro que no puede caer en saco roto. La persecución contra Álvaro Uribe merece la atención de Donald Trump, porque Uribe representa mucho más que a la oposición en Colombia. Uribe es la muestra de que Colombia sí puede ser un gran y estratégico aliado de Estados Unidos en la guerra contra el narcotráfico y que, pese a Petro, ese país aún existe. 

El presidente Trump lo vivió en carne propia. Cuando la corrupción se infiltra en el sistema de justicia, el concepto de igualdad ante la ley no existe. El trato con el expresidente Uribe no es justo y debe parar. Quienes están avanzando esta cacería de brujas deberían asumir consecuencias. Estados Unidos podría hacer mucho por ayudar a un gran amigo, que hoy necesita una mano. Sería un favor, no solo a los colombianos sino a todo el mundo democrático.

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