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La guerra sobre los aranceles está de vuelta y Trump sabe que tiene el poder

Es muy destacable la capacidad del presidente para utilizar el poder económico de Estados Unidos como un arma incluso más efectiva, en determinadas ocasiones, que el poder militar.

Donald Trump sujeta la lista de aranceles durante el Día de la Liberación

Donald Trump sujeta la lista de aranceles durante el Día de la LiberaciónBrendan Smialowski / AFP

La puja alrededor de los aranceles está de vuelta, y el presidente Donald Trump sabe que el poder económico de Estados Unidos es una de sus más poderosas armas para lograr sus objetivos en diferentes campos. Tras un fin de semana lleno de celebración para el movimiento MAGA por la firma del “gran y hermoso” proyecto de ley, el domingo la Administración sorprendió anunciando un prórroga de la fecha límite que se había establecido para lograr los acuerdos arancelarios con decenas de países. Esta vez los mercados no reaccionaron con pánico.

El lunes Trump anunció aranceles del 25% a Japón y Corea del Sur, y agregó: "Cualquier cifra que decidan aumentar se añadirá al 25% que cobramos". Amenazando a los dos países antes de que reaccionen con aranceles a Estados Unidos en respuesta. Durante el lunes y martes se enviaron cartas a decenas de países con propuestas de aranceles unilaterales y con advertencias de que si no se logra un acuerdo antes de la nueva fecha, 1 de agosto, las altas tarifas anunciadas en abril, en lo que Trump llamó “el dia de la liberación”, entrarán en vigor.

Sin importar la posición que alguien tenga sobre los aranceles, la mayoría estará de acuerdo en que Trump, como ningún otro presidente en la historia reciente del país está dispuesto a utilizar el poder económico de Estados Unidos para lograr sus objetivos. No solo en el ámbito económico, pero también en cuestiones geopolíticas, Trump está dispuesto a golpear fuertemente economías de otros países con tal de lograr sus objetivos.

Durante su primer Gobierno debilitó en una medida destacable al régimen de Irán imponiendo sanciones, y en los primeros meses de esta Administración, amenazando con aranceles, logró acuerdos con varios países de Latinoamérica para que recibiera inmigrantes deportados. También consiguió un gran triunfo con Panamá, utilizando la misma amenaza.

Estados Unidos es el principal socio comercial de muchos países, con una economía tan grande y fuerte, perderlo es un riesgo que no quieren correr la mayoría de naciones. Mientras tanto, Estados Unidos puede reemplazar un acuerdo comercial con relativa facilidad. Trump tiene el carácter y los nervios para soportar las críticas de la Unión Europea y todos los demás países, y analistas, y centros de pensamiento que lo quieran tildar de enemigo del comercio. De modo que conociendo el poder que tiene, sigue adelante con su plan.

Ahora bien, las críticas no vienen solo de afuera, incluso dentro del movimiento MAGA hay personas preocupadas por el impacto que estos aranceles pudiera tener en el precio de los productos, sobre todo si efectivamente se imponen aranceles que superan el 50 % en algunos casos. Sin embargo, la Administración ha insistido en que durante su primer Gobierno los aranceles no causaron inflación y en que todas las medidas de desregulación y recortes de impuestos harán crecer la economía a un ritmo que permita paliar cualquier posible efecto de los aranceles.

El futuro no es tan fácil de predecir, pero hay razones para ser optimistas. Efectivamente si la economía en general se comporta bien y crece producto de las medidas pro empresa, lo más posible es que los aranceles puedan causar solo efectos particulares en el precio de algunos productos, pero no una inflación entendida como un aumento generalizado y sostenido de los precios.

El resultado también dependerá de finalmente cómo queden establecidos los aranceles. Porque incluso si algunos países son castigados con aranceles muy altos, diferentes bienes pueden ser obtenidos desde otros lugares. Además, la negociación sobre los aranceles tomó un giro muy interesante cuando lo que parecía en un principio ser una estrategia proteccionista, lo cual sería un error gigante ya que las bondades del libre comercio están más que probadas, terminó convirtiéndose en una negociación para conseguir una reducción de los aranceles que otros países imponen a Estados Unidos.

El presidente Trump ha dicho que no habrá nuevas prórrogas, de modo que ya veremos el 1 agosto cómo, finalmente, queda el tablero. Pero aparte de la situación final, es muy destacable la capacidad de Trump para utilizar el poder económico de Estados Unidos como un arma incluso más efectiva, en determinadas ocasiones, que el poder militar.

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