En su toma de posesión, Abelardo De la Espriella declara la guerra frontal al narcoterrorismo y promete blindar a la fuerza pública en Colombia
El eje central de la alocución presidencial fue la clausura definitiva de los procesos de negociación con organizaciones delincuenciales y guerrilleras.

Abelardo De la Espriella durante la ceremonia de toma de posesión, este viernes 7 de agosto.
En Colombia, Abelardo De la Espriella asumió formalmente la jefatura del Estado y ofreció su primer discurso oficial desde el Cantón Militar Pichincha de Cali, una locación de alto valor histórico y simbólico para las fuerzas institucionales.
Desde allí, el mandatario proclamó el cierre de lo que calificó como un extenso ciclo de resignación nacional y fijó las bases de una transformación profunda en la estrategia de seguridad del país.
La ceremonia de investidura, cuyas instancias principales se proyectaron ante los asistentes congregados en la Arena USC de la Universidad Santiago de Cali, sirvió de escenario para delimitar la nueva doctrina gubernamental.
De la Espriella aseguró que su administración se enfocará en la reconquista de las garantías civiles fundamentales: “Ha comenzado el tiempo de la recuperación del orden, la autoridad y la libertad”, manifestó categóricamente el presidente, trazando una línea divisoria frente a las administraciones anteriores.
El fin de la diplomacia con el terrorismo
El eje central de la alocución presidencial fue la clausura definitiva de los procesos de negociación con organizaciones delincuenciales y guerrilleras.
El mandatario fue enfático al señalar que los mecanismos de concertación ensayados en el pasado reciente han cumplido su ciclo de manera estéril. En consecuencia, advirtió que los miembros de las facciones criminales tendrán únicamente dos alternativas: el sometimiento estricto al marco legal o el enfrentamiento directo contra la capacidad operativa de las instituciones públicas.
Acompañado por los mandos militares, el gobernante contrastó el nuevo enfoque institucional con el panorama heredado.
En sus declaraciones, apuntó hacia la debilidad con la que el poder político enfrentó la criminalidad en periodos previos: “El Estado históricamente fue suficientemente noble. El Estado bajo el régimen que ha terminado fue suficientemente cómplice. En la hora del tigre será contundente y frentero contra el crimen”, sostuvo ante las filas uniformadas.
Para instrumentalizar esta ofensiva, anunció que emitirá en breve un listado detallado de agrupaciones narcoterroristas, dotando a los batallones de herramientas jurídicas y operativas óptimas.
Regreso de la fumigación aérea y reforma carcelaria
La reestructuración de la lucha antinarcóticos contempla el retorno inmediato de la aspersión aérea para erradicar plantaciones de hoja de coca, las cuales rozaban las 261.000 hectáreas al término de la última medición global de la UNODC.
El mandatario defendió la implementación de compuestos tecnológicos de nueva generación que salvaguardan los estándares medioambientales y constitucionales, al tiempo que ratificó la construcción de complejos penitenciarios de máxima seguridad destinados a los perfiles delictivos de mayor peligrosidad.
Asimismo, la agenda de De la Espriella incluyó una mirada crítica sobre la Jurisdicción Especial para la Paz (JEP). Si bien garantizó el acatamiento formal del marco jurídico vigente, enfatizó que no declinará en la fiscalización minuciosa de una instancia judicial surgida al margen de los pronunciamientos populares.
Evocando la determinación histórica de liderazgos como los de Álvaro Uribe Vélez y Winston Churchill, el presidente concluyó asegurando que descentralizará las funciones del ejecutivo para garantizar el imperio de la ley en la totalidad del territorio nacional.