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72 horas con María Corina Machado: un periodista de Voz acompañó a la Premio Nobel de la Paz en su periplo en Madrid

“Tenemos el apoyo de Estados Unidos asegurando que este será un proceso transparente y si quieren saber quiénes están con el régimen o con nosotros solo pregunten si quieren o no elecciones”, dijo Machado, quien insistió en que no se arrepiente de haber compartido su premio Nobel con el presidente Donald Trump.

María Corina Machado en Madrid

María Corina Machado en MadridJosé Altuve / @Altuveb17.

Williams Perdomo
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Libertad. Es lo que define los últimos tres días en Madrid con la visita de la líder venezolana y Premio Nobel de la Paz 2025, María Corina Machado. Las lágrimas, el anhelo de democracia y el deseo de volver pronto a su país fue lo que vivieron los venezolanos que acompañaron a Machado durante las actividades que tuvo en la capital española.

No hay dudas: María Corina cuenta con un liderazgo que va más allá de lo político. Es una mujer que genera confianza en sus conciudadanos y eso se ve en cada abrazo que recibió al momento en el que entró en la sede del Partido Popular, en la calle Génova 13, para reunirse con Alberto Núñez Feijóo. En ese encuentro se marcó la agenda de los temas que los venezolanos le piden a las democracias occidentales que le apoyen: liberación de los presos políticos, desmontaje del sistema represivo y finalmente unas elecciones libres.

“El sitio de España es al lado de María Corina y no de la tiranía que la ha perseguido, con la libertad y no con la dictadura a escondidas en el aeropuerto de Barajas, con una Hispanoamérica libre y con la democracia”, dijo Feijóo, para concluir diciendo que “la sociedad española nunca falla y está con María Corina Machado”.

María Corina con Alberto Núñez Feijóo

María Corina con Alberto Núñez FeijóoJosé Altuve / @Altuveb17.

Al salir de la sede del PP, Machado siguió hacia las oficinas de un aliado fundamental para la causa venezolana: el partido VOX y la Fundación Disenso. Allí, Santiago Abascal reafirmó la importancia de acompañar la causa de la libertad en Venezuela para todo Occidente. Tanto Machado como Abascal insistieron en la necesidad de que las democracias del mundo impulsen una transición en Venezuela.

"Cada uno elige donde está. Nosotros elegimos estar con María Corina Machado, otros han elegido en el día de hoy estar junto a los referentes de la opresión, junto a los cómplices de la tiranía de Venezuela durante los últimos años", aseguró Abascal.

María Corina con Santiago Abascal

María Corina con Santiago AbascalJosé Altuve / @Altuveb17.

Pero al salir de la sede, se registró una imagen que fue la señal de lo que se viviría en los siguientes días: un niño abraza a la Nobel de la Paz al salir del edificio y comienza a llorar. Solo alcanzó a decir unas palabras: "nunca he visto la libertad en Venezuela". Aquella escena, más que un instante aislado, parecía condensar años de exilio, de dolor y de espera. Ella lo abrazó como una madre abraza a un hijo. 

María Corina Machado al salir de Disenso

María Corina Machado al salir de DisensoJosé Altuve / @Altuveb17.

Esa misma tarde, Machado recibió las llaves de la ciudad. La escena tenía algo de ceremonia y algo de desahogo. Afuera, la gente no esperaba protocolos: esperaba tocarla, susurrarle algo al oído, dejarle una historia breve entre el ruido.

El sábado no empezó: estalló. Desde temprano, la Puerta del Sol se fue llenando de acentos venezolanos, de banderas dobladas bajo el brazo, de familias enteras que parecían llegar con una sola idea en común. Cuando finalmente apareció, la plaza ya no era una plaza: era una consigna.

“Hoy iniciamos el regreso a casa”, dijo Machado ante miles de personas en el corazón de Madrid. Y luego, casi como si necesitara repetirlo para creérselo junto a ellos: “Hoy comienza nuestro retorno”. 

Venezolanos en Sol

Venezolanos en SolJosé Altuve / @Altuveb17

La frase no cayó como un discurso. Cayó como una promesa compartida. En la manifestación, muchos no grababan: lloraban. Otros levantaban rosarios, banderas, fotos. Algunos simplemente cerraban los ojos para vivir ese momento.

La entrega de la Medalla de Oro por parte de Isabel Díaz Ayuso fue el acto institucional, pero lo que ocurrió después fue otra cosa. La política se diluyó en una escena difícil de clasificar: miles de personas gritando “libertad” al unísono, como si la palabra pudiera, por insistencia, volverse realidad.

“Tenemos el apoyo de Estados Unidos asegurando que este será un proceso transparente y si quieren saber quiénes están con el régimen o con nosotros solo pregunten si quieren o no elecciones”, dijo Machado, quien insistió en que no se arrepiente de haber compartido su premio Nobel con el presidente Donald Trump. 

Manifestación de venezolanos en Madrid

Manifestación de venezolanos en MadridJosé Altuve / @Altuveb17

Además, enfatizó que Trump es el único presidente del mundo que ha arriesgado la vida de estadounidenses por la libertad de Venezuela. Algo que, dice, se debe agradecer.  "Los venezolanos siempre recordaremos y siempre agradeceremos, por lo tanto, no, no me arrepiento".

Durante el discurso de Machado, La petición fue clara. Sin matices: elecciones ya.

Presión internacional y pulso político

El evento en Madrid coincidió con un punto de inflexión para Venezuela, marcado por una mayor presión internacional y movimientos diplomáticos que apuntan hacia una posible transición política.

A la concentración acudieron perfiles diversos del exilio venezolano —profesionales, periodistas, trabajadores del sector de servicios y figuras políticas opositoras— en una escena atravesada por banderas, consignas y relatos personales de quienes abandonaron el país por la crisis.

Desde el escenario, Machado insistió en que la clave de la transición está en la presión internacional liderada por la Administración de Donald Trump, en la que se sostiene la exigencia de elecciones libres por la que hoy alzan la voz millones de venezolanos.

Horas después, cuando la multitud comenzaba a dispersarse, permanecía en el ambiente una sensación difícil de definir: la de haber presenciado algo que no se apaga cuando se silencian los micrófonos. La esperanza de que, pronto, los exiliados —más de ocho millones en todo el mundo— puedan regresar a su tierra.

María Corina en Sol

María Corina en SolJosé Altuve / @Altuveb17

El domingo fue distinto. Más silencioso. Sin multitudes ni consignas, pero igual de político. Machado se reunió con tres expresidentes del Gobierno español: Mariano Rajoy, José María Aznar y Felipe González. Tres épocas, tres estilos, una misma conversación de fondo: Venezuela.

Pero incluso allí, lejos de las plazas, la constante no cambió.

Porque si algo atravesó cada reunión, cada acto y cada desplazamiento durante estas 72 horas fue una misma frase, repetida como un eco persistente: "llévame a casa". Se escuchaba en voz baja, entre lágrimas, como una súplica. Y no solo en los actos programados. También irrumpía en lo inesperado: en una calle cualquiera, en la entrada de un local, en ese instante en que alguien la reconocía por azar y, sin más, condensaba en pocas palabras todo un país ausente.

Y quizá ahí se entiende todo. Madrid fue escenario, sí. Pero sobre todo fue refugio momentáneo de una emoción que no cabe en un acto político. Durante tres días, la ciudad funcionó como una antesala simbólica de algo más grande: el intento —todavía incierto— de regreso. Incluso el de ella misma, que, pese a las amenazas, ha prometido que ocurrirá.

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